Impacto al Ambiente y la Salud

LEGADO TOXICO EN LA FRONTERA MÉXICO-ESTADOS UNIDOS

El 6 de febrero de 1992, por denuncia de los vecinos de la Colonia Las Granjas, en Cd. Juárez, México se detectaron en un predio particular 15 tanques de 200 litros conteniendo residuos tóxicos.  Durante la temporada de calor, este material despedía pestilentes olores y, ocasionalmente, desbordaba espuma.  Según registros, dichos tanques fueron obsequiados por parte de una fábrica al dueño del predio, el cual construyó una cerca con ellos (1).

El 15 de abril de ese mismo año y en ese lugar, se hizo pública la existencia de una pequeña granja en la que se localizan al menos 350 barriles de 200 litros llenos de sustancias químicas peligrosas y en cuyas etiquetas aun se alcanza a leer: freón, cloroetileno, clorato de zinc, isopropanol, acetona y otras.  Debido a que esta situación tiene aproximadamente 15 años, algunos de los recipientes han sufrido corrosión y vertido su contenido sobre el terreno, y otros son usados como bebederos para los animales que cría el vigilante de la propiedad (2).

El pozo de La Tomatera de la ciudad de Nogales, en el estado fronterizo de Sonora, se considera que está contaminado por productos químicos, sin embargo diariamente abastece de agua a sus habitantes (3).

El aprovisionamiento de agua para uso doméstico, conservándola en contenedores que fueron utilizados para la transportación de sustancias peligrosas; el uso de la tierra que durante años fue depositaria de productos tóxicos; o la exposición a una atmósfera deteriorada por las emisiones gaseosas de plantas industriales, todo esto es hoy un panorama común a los asentamientos humanos ilegales, o fuente de riesgos para la salud de los futuros residentes atraídos por el crecimiento económico de las ciudades de la frontera norte de México.

El escritor José Emilio Pacheco, escribió recientemente que “el miedo al apocalipsis nuclear [...] ahora se ha desvanecido frente a los terrores de la destrucción ecológica, la contaminación, las enfermedades infecciosas y la violencia urbana” (4).  Esta denuncia es un indicio del profundo interés que para la gente común tienen los riesgos de la perturbación ambiental generada por la contaminación.

En la región fronteriza México-Estados Unidos existe una creciente preocupación en referencia al deterioro del medio ocasionado por los procesos de industrialización, la acelerada urbanización y el agotamiento de los recursos naturales asociados al desarrollo social.

En gran medida, esta preocupación se refiere al deterioro de las condiciones de vida y su relación con los problemas de salud de las comunidades fronterizas.

En este escenario fronterizo, las sustancias tóxicas juegan un papel de capital importancia, ya que por más de 20 años, desde 1966 en que se instaló la primera industria maquiladora en la frontera hasta 1988, año en que se promulgó en México la Ley General de Equilibrio Ecológico y de Protección al Ambiente, el manejo de estos productos, en la región fue irracional y desconocido para muchos.  En 1986, un estudio de El Colegio de la Frontera Norte arrojó que de 772 maquiladoras a lo largo de la frontera, sólo 20 de ellas notificaron a la Agencia de Protección al Ambiente de los Estados Unidos el retorno de sus desechos tóxicos (5).  De tal forma, por años estos materiales fueron transportados, almacenados, utilizados, desechados como si no representaran riesgo alguno.  Toneladas de ellos fueron materialmente arrojadas a los basureros públicos, terrenos baldíos, campo abierto, o vertidos al drenaje municipal.

“El medio ambiente de la región fronteriza está formado por unidades ecológicas cuya integridad se debe preservar a toda costa. Cualquier agresión a este medio ambiente daña no sólo a los afectados directos, sino hasta los mismos infractores” (6).  No obstante lo anterior, hoy día se está encarando en esa zona un legado tóxico de treinta años del cual se desconocen sus  dimensiones y para el cual se necesita estar preparados.  Y si esto pasa en una región donde la conciencia ambiental, leyes, programas,  acuerdos y recursos de protección al medio están presentes y en constante evolución, ¿que no sucederá en aquellos lugares  lobotomizados por la falta de conocimiento  sobre la cuestión ambiental y los riesgos del desarrollo?

La importancia que la presencia de las sustancias peligrosas en el ambiente tiene para la salud pública es indiscutible.  Un representante de la Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de los Estados Unidos (ATSDR), agencia creada para evaluar los riesgos de las sustancias peligrosas y proteger a la ciudadanía estadounidense, menciona que “diariamente los medios de comunicación nos recuerdan las amenazas que para la sociedad representan el plomo, mercurio, asbesto, radón, plaguicidas” (7).

Existen múltiples casos documentados de afecciones a la salud por exposición a sustancias peligrosas, en el caso particular de la frontera se puede mencionar el de los “Niños Mallory” de Matamoros, Tamaulipas, y el de la comunidad de la Colonia Anapra en Cd. Juárez, Chihuahua, cuyos primeros residentes se establecieron en un suelo contaminado y por años han estado expuestos a las emanaciones de la fundidora Asarco, esto sin contar los casos de desastres químicos ocurridos en Tijuana, Mexicali, Matamoros, Cd. Juárez, y otras ciudades fronterizas, casos que son numerosos y persistentes.

Para las autoridades de salud y ambiente de los países en desarrollo, no es labor sencilla detectar la presencia de tóxicos en el medio circundante y, mucho menos, determinar su impacto en a salud humana.  Para tal efecto se requiere de recursos humanos capacitados y equipo apropiado, que escasamente existe en Latinoamérica.

Si a estas alturas del desarrollo en la región de las Américas, tiempo en que los asuntos ambientales se han convertido en prioridad y en tarea obligada, no estamos aun preparados para llevar los asuntos ambientales más allá del juego político, donde el control ecológico se burocratiza (8), quizá no vuelva a haber un momento más apropiado para rescatar lo rescatable.  El costo de esta aventura está en gestación, apenas comienza a dar visos.

Colofón

No hay poder que detenga un desastre cuando este se ha gestado.

Referencias:

1. Holguín, Ricardo. Descubren 15 tambos con tóxicos en una vivienda; causan quejas y pánico en Granjas y Chapultepec Norte de Cd. Juárez, Feb.7 de 1992

2. Ramos, Guadalupe. Hallan cementerio tóxico Norte de Cd. Juárez, Abril 15 de 1992

3. Cody, Edward. La franja negra (Wash. Post) El Norte de Monterrey, Feb. 18 de 1992

4. Pacheco, Jose Emilio. La sangre de medusa.  Era, Mex., 1990

5. Kochan, Leslie. The maquiladoras and toxics X Copy, s/f

6. Ortiz Monasterio, F. Algunas consideraciones sobre los desechos tóxicos en la región fronteriza de Mexico y Estados Unidos.  El Colegio de México, Mex., 1985

7. Johnson, Barry L. Environmental health Haz.Sub.,& Pub.Hlth., ATSDR I(1), 1990

8. Albarrán de Alba, G. Reglamentos de control ecológico sobran, pero nadie los respeta. Proceso Nº 800, Marzo 2 de 1992

 

Victoriano Garza Almanza. Artículo publicado en 1992. 



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