El Filósofo y la Verdad
Belisario Domínguez, médico y senador chiapaneco que usó el foro del Senado para acusar a Huerta de los asesinatos de Madero y Pino Suarez y que exigió su renuncia a la Presidencia de la República en 1913, fue comparado con Luis Donaldo Colosio por Leopoldo Zea.
Zea, filósofo y catedrático universitario fue reconocido la semana pasada, por sus méritos académicos, con la Medalla Belisario Domínguez que otorga el Senado de la República y que le fue impuesta por el Presidente Ernesto Zedillo.
La trayectoria de este profesor universitario de ochenta y ocho años es sobresaliente, y su trabajo es sumamente apreciado en las universidades de muchos países. De origen humilde, tuvo que trabajar desde muy joven para ayudar a su abuela, con quien vivía.
Después, para costearse los estudios durante los años treintas, tuvo que trabajar de mensajero y despachador nocturno de telégrafos. Y si bien ingresó a la universidad a los veinticuatro años, a los treinta y cuatro ya se había doctorado. Su primer trabajo lo publicó a los treinta años, y trata de la filosofía americana. A este siguieron muchas obras más.
En su discurso, con el que dejó perplejos a todos los presentes, Zea afirmó que la muerte de Domínguez impulsó la Revolución Mexicana, y la muerte de Colosio a la democratización del país. Esta equiparación provocó escozor en muchos de los senadores.
Pero eso no fue todo, desde la tribuna del Senado denostó al EZLN y al subcomandante Marcos, diciendo que en Chiapas no existe ningún conflicto y que el gobierno no debe negociar con encapuchados.
Zea declaró ante los senadores que quería “rogarles que para resolver el problema siempre latente de los mexicanos llamados indígenas, no consulten con gente que oculte el rostro y asesores ajenos a ellos y a nuestro país. Consulten con esos mexicanos, si quieren seguir en sus comunidades, con sus hábitos, costumbres, lengua y folclore o, sin renunciar a ellos, ser parte de la nación a la que pertenecen garantizándoles los derechos que como mexicanos tienen”.
Pues bien, las comparaciones que hizo entre el senador revolucionario y el ex-candidato del revolucionario no tienen sustento; pues, a decir de los expertos, el filósofo atribuye a Colosio logros que no le corresponden, como la reforma electoral. Tampoco hay de acuerdo en que, como dice Zea, “estamos de lleno en la democracia”, ya que la mercadotecnia fue la principal protagonista de las pasadas elecciones y la democracia está en proceso.
Por otro lado, negar lo que sucede en Chiapas es absurdo y el chiapaneco Belisario Domínguez, de estar allí, sin duda lo hubiera interpelado.
Molesto por las declaraciones de Zea, Diego Fernández de Ceballos musitó, a modo que lo oyeran: “esto me lleva a sugerir que en adelante la medalla se otorgue mejor a un personaje muerto, porque los muertos no dan discursos”.
Hubo quien dijo que el galardonado podría ser un excelente filósofo, pero que demostró ser un pésimo analista político. Tristemente, al final de su discurso hubo pocos aplausos.
Lo que pudo haber sido la noche de Zea, se convirtió en un momento amargo para quienes esperaban más de él; y para enredar más lo que dijo, días después apareció en la televisión para justificarse.
Leopoldo Zea dijo lo que quiso en uno de los más importantes foros de la nación, pero eso no significa que sus propias creencias sean las mismas de los otros ni que sean verdad.
La Medalla Belisario Domínguez simboliza la libertad de expresión, pero el hacer uso de esa libertad o el ostentar la Medalla no da derecho a hablar sin la razón.
VGA. Diario de Juárez. Publicado: año 2000