ECOCIDIO

Ascenso y Ocaso de un Valle

La fundación en 1659 de la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez, Chihuahua, se debió a que los misioneros colonizadores reconocieron, en medio del desierto, un valle potencialmente fértil y ricamente irrigado por un río que llamaron Río Grande/Río Bravo. Pronto, ese lugar sería posta obligada del Camino Real entre la Ciudad de México y Santa Fe.

Los primeros colonos que se avecindaron en el lugar sembraron cereales y forrajes pero, principalmente, vides para producir vino.  Desde su llegada, los colonos construyeron represas para desviar agua del entonces bronco y caudaloso Río Bravo, y crearon un sistema de acequias para conducir cantidades controladas de agua a la Misión y al Valle que sustentaba sus cultivos.

A la columna vertebral de ese sistema de distribución de agua se la llamó “Acequia Madre”. Esa acequia, que en largos tramos cruza a cielo abierto por la ciudad y que, paralelamente al Río Bravo, se extiende por más de cincuenta kilómetros, aún está en uso y se origina exactamente en el mismo punto donde el río comienza a hacer frontera entre México y Estados Unidos.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la villa Paso del Norte tenía alrededor de 5 mil habitantes y las viñas poseían alrededor de un cuarto de millón de vides en producción.

En 1807, treinta y un años después de la emancipación de los Estados Unidos, el primer estadounidense que arribó a Paso del Norte encontró un poblado bien constituido, de casi 150 años de antigüedad, que se levantaba a uno y otro lado del río, y una prospera región agrícola que alimentaba a la comunidad y proveía de productos a lejanos pueblos.

La vitivinicultura que floreció en el Valle abasteció, por más de doscientos años, de fruta, vino y aguardiente a muchas regiones de la Nueva y la Vieja España. Las aguas del Río Bravo fueron la clave de su producción.

La invasión estadounidense a México a mediados del siglo XIX, marcó una nueva etapa en el desarrollo del valle, pues del norte arribaron colonos angloparlantes que venían dispersándose como fieras hambrientas en pos de la presa, y posesionándose de las tierras de los mexicanos, y llevando a cabo lo que pomposa y románticamente en Estados Unidos se suele denominar la conquista del oeste.

Desde el mismo momento en que esa tropa de buscadores de fortuna arribó al lugar, el agua se convirtió en motivo de disputa entre las nuevas poblaciones de la comunidad escindida, que ahora eran: Paso del Norte (hoy Cd. Juárez, Chihuahua), y Magoffinsville, entonces también conocida como American El Paso (hoy El Paso, Texas). El nuevo gobierno vecino reclamó la propiedad del caudal de agua del Río Bravo, que nacía en las Rocallosas y cuyo cauce descendía de las montañas pasando por los estados de Colorado, Nuevo México y Texas. Luego, a comienzos del siglo XX, después de múltiples negociaciones, decidieron entregar a México, por cortesía, la cantidad de 74 millones de m3 de agua al año para el riego del Valle. Ese volumen de agua no representaba ni la quinta parta del agua que necesitaba el Valle para mantenerse. El acuerdo quedó inscrito en un acuerdo denominado Tratado de Aguas Internacionales de 1906. Dicho Acuerdo feneció en el año 2006 y, aunque de buen talante los estadounidenses continúan entregando el mismo caudal que en años anteriores, el Tratado de Aguas no se ha renovado y la entrega del agua puede dejar de darse en el momento que los vecinos lo decidan.

El impacto que tuvo el control del flujo del agua sobre las tierras de cultivo mexicanas, que por siglos las utilizó para las siembras del Valle de Juárez, fue desastroso, pues ocasionó que, en menos de quince años, los seculares viñedos ricamente irrigados se secaran o tuvieran que ser remplazados por otras especies agrícolas más resistentes a la falta de agua. Para 1920, más del 90% de los cultivos en el Valle eran ya de algodón y alfalfa. No había rastros de las vides. Las arboledas fueron desapareciendo paulatinamente.

En 1934, el gobierno federal decidió crear el Distrito de Riego 009 Valle de Juárez (dividido en tres unidades), cuya área aproximada es de 27,500 hectáreas. Esto trajo consigo la burocratización de un sistema agrícola que, por casi tres siglos, fue un asunto local administrativa y eficientemente controlado por un “alcalde de aguas”.

La insuficiente cantidad de agua para riego otorgada por el Tratado de Aguas de 1906, tuvo como consecuencia tres acciones importantes que terminarían por modificar la región agrícola del Valle de Juárez:

A partir de los años treinta del siglo XX, los agricultores mexicanos tuvieron que comenzar a explotar los mantos acuíferos

  1. A partir de la década de los cuarenta, debido a la insuficiencia de agua del Río Bravo y del agua subterránea, se vieron en la necesidad de recurrir al uso de las aguas negras generadas por Cd. Juárez
  2. El agua dulce subterránea comenzó a agotarse hasta alcanzar otro nivel del manto acuífero constituido por salmuera.
  3. De forma tal que, en la década de los setenta, los agricultores del Valle ya no tenían suficiente agua para riego y la disponible, la extraída de los pozos, estaba cada vez más salada.  Esta situación se agravaba porque, cuando menos, un 50% del territorio del Valle ya estaba afectado por las sales.

    En la época de los viñedos la salinidad no fue problema debido, en gran medida, a que bastas cantidades de agua del Bravo fluían libremente y lavaban los suelos.

    La escasa cantidad de agua del Río Bravo, el riego con aguas salobres de pozos profundos y las aguas negras procedentes de la ciudad, cargadas también con altas concentraciones de sales, provocaron una paulatina saturación salina de los suelos del Valle y un irreversible daño al ambiente local.

    Para colmo, agricultores de los estados de Colorado, Nuevo México y Texas, que comparten la cuenca hidrológica del Río Grande/Río Bravo, han estado demandando llevar a la mesa de discusión el tema del agua que dicen que se regala a México, y empujan a sus legisladores para que le quiten esa concesión a los agricultores del Valle de Juárez. De suceder esto y por no haberse renovado el Tratado de Aguas Internacionales en el año 2006, la falta de las aguas blancas del Bravo agudizará el problema de la salinidad del Valle que, engañosamente, ya hace parecer los terrenos de algunos ranchos como suelos nevados.

    Desde la perspectiva ecológica, el ambiente del Valle de Juárez muestra un estado crítico.  Algunos expertos en suelos, hidrología, ecología, agricultura y vida silvestre, se han atrevido a afirmar que en el Valle de Juárez se ha gestado un ecocidio.

    Como herencia de los antiguos colonizadores españoles sólo se mantiene vigente la estructura de la Acequia Madre, por cuyo cauce, que en parte pasa a través de las plantas tratadoras que no cumplen cabalmente con su cometido, la ciudad envía al Valle de Juárez su caudal de aguas de albañal.

    Las denominadas Aguas del Tratado se entregaron regularmente a Cd. Juárez, a través de la Acequia Madre, durante los meses de marzo a septiembre de cada año. Así ocurrió, sin grandes modificaciones en el caudal, desde 1906 hasta el año 2002. En el año 2003, a raíz de las disputas binacionales por el agua, y sin previo aviso, los estadounidenses cortaron el flujo durante los meses de marzo a mayo y lo restituyeron por el breve período de junio a agosto. Esta medida perjudicó, aún más, a los agricultores acostumbrados a regar con esas aguas y en esa época. Desde entonces al 2010, las Aguas del Tratado se han entregado regularmente.

    La agricultura del Valle de Juárez, que por más de trescientos años mantuvo al norte de Chihuahua, prácticamente está condenada a la desaparición, y en las parcelas de la zona ahora sólo crecen centros comerciales, bodegas, áreas de carga y descarga de transporte pesado, edificios multifamiliares, y naves industriales para la maquiladora.

    VGA. Excerpta de un reporte de investigación. Actualización: 2010

    

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