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“Para sobrevivir, la naturaleza debe prescindir de los hombres sabios”. Lin Tai Wao

La Clonación del más Apto

Los clones están resultando un fiasco. Por alguna razón que los científicos no tardarán en descubrir, o en inventar, los clones de ovejas, vacas, cerdos, gatos, monos, ranas y otros animales que han utilizado para este propósito, no están naciendo como se esperaba: tan puros como el original seleccionado. La diabetes, la artritis o mal funcionamiento cardíaco son sólo algunos de los males que tempranamente les están afectando.

A la corta o a la larga emergen en ellos diferentes defectos que no existían en el original, o que, cuando menos, no se habían expresado físicamente, pues al parecer los tienen escondidos en los genes. La clonación es una prueba más de que las “ecuaciones biológicas” o los modelos teóricos de la biotecnología no son tan exactos como las ecuaciones matemáticas.

En la naturaleza existen numerosas especies cuya reproducción es una perpetua clonación de sí mismas. De tiempo en tiempo se cruzan sexualmente para intercambiar genes, evitando así la degeneración de la estirpe, y reafirmar la capacidad autorreproductiva de las siguientes generaciones.

Pero estos diseños clónicos, si se les puede decir así, son producto de incontables ensayos ocurridos en la naturaleza a lo largo de cientos de millones de años, y en los que sucede una selección natural de los individuos; no son resultado del capricho de mentes inquisitivas que juegan a Dios con técnicas científicas que tienen menos de cincuenta años de antigüedad, en donde la selección de los individuos a clonar está lejos de ser la mejor.

Y este no es el único tropiezo científico, la ciencia está llena de ellos. Por ejemplo, cuando por primera vez aparecieron y se usaron los antibióticos, se pensó que el problema de las enfermedades infecciosas estaba por fin resuelto y que las grandes epidemias y mortandades serían cosa del pasado. La tuberculosis, lepra, sífilis, tifoidea, y muchos males más, recularon y dieron marcha atrás. Entonces, las enfermedades crónico degenerativas como el cáncer, diabetes, cardiovasculares o neurodegenerativas, tomaron su lugar.

Pero las enfermedades infecciosas comenzaron a reponerse del efecto de los antibióticos e intentaron regresar. Los científicos estilizaron nuevas y mejores generaciones de medicamentos antibióticos para combatirlas, pero, al propio tiempo, los gérmenes patógenos fueron ampliando su espectro de resistencia al grado que, hoy día, enfermedades del siglo XIX están retornando más invulnerables al tratamiento y más virulentas que nunca.

Pero las enfermedades infecciosas no desplazan a las crónico degenerativas, sino que se les unen; además, a instancias de los adelantos del progreso que nos ha llenado de sustancias químicas extrañas el hogar, los alimentos, y el ambiente, los sistemas reproductivo, inmunológico y nervioso se están colapsando y dando lugar a nuevos padecimientos, como aberraciones sexuales o incremento de la conducta violenta.

De igual manera que con los antibióticos, con los plaguicidas se repite la historia pero, en este caso, a una escala mucho mayor y con enorme perjuicio para el ambiente. El primer insecticida sintético fue el DDT. Sin duda el mejor que ha existido desde que se empezaron a producir y comercializar estos productos a partir de la década de los cuarenta. Fue el mejor porque, al ser el primero en su tipo, arrasó con las plagas que se combatieron… y con toda clase de vida a su alrededor.

Debido al arrollador éxito de los plaguicidas, principalmente en las décadas de los cincuenta y sesenta, la producción agrícola mundial fue un éxito histórico. Los campos agrícolas producían en toda su potencialidad, los cultivos eran salvaguardados de los insectos y otras plagas por el DDT, aldrín, dieldrín y otros insecticidas.

De la misma forma, los mosquitos transmisores del paludismo, dengue y encefalitis, la mosca tsé tsé transmisora del mal del sueño, y otros insectos vectores de enfermedades, fueron arrasados en varias regiones del mundo. En los campos de cultivo se colectaban granos y semillas, y en las poblaciones enfermas se cosechaba salud.

Al poco tiempo, el DDT y otras variedades de insecticidas que ya se estaban fabricando, empezaron a perder eficacia y dejaron de matar a los insectos con aquella efectividad que mostraron al principio. Las plagas estaban desarrollando resistencia a esas sustancias químicas y cada vez eran menos los insectos que morían a resultas de las fumigaciones. Los insecticidas ya no eran tan letales.

Y en este estira y afloja de la ciencia y la naturaleza, la investigación generó cientos de plaguicidas que la fortaleza biogenética de las plagas se encargó de anularlos.

Desde los plaguicidas más rústicos hasta los más sofisticados, todos tuvieron buenos momentos y permitieron alimentar a más gentes y evitar que muchas más se enfermaran y murieran. Sin embargo, también ocasionaron graves daños al ambiente, a una naturaleza que no ha tenido la misma capacidad de ajuste que los insectos; por el contrario, muchas especies han desaparecido a causa de esas sustancias tóxicas y otras más siguen acusando sus efectos.

Por ejemplo, nada más en Estados Unidos, según los científicos Pimentel y Andow, se estima que los plaguicidas matan a 67 millones de aves y 6 millones de peces cada año. Pequeños mamíferos insectívoros y herbívoros se están extinguiendo por sufrir los efectos directos e indirectos de esas sustancias. Las poblaciones de abejas han disminuido, miles de animales de granja y domésticos mueren por envenenamiento, y las ranas ya casi desaparecieron del planeta.

Ahora, a pesar de que la tecnología de la clonación es incipiente, altamente falible y se ignoran los riesgos a futuro, no solamente biológicos sino también sociales, algunos laboratorios ya están ofreciendo sus servicios a quien quiera clonarse y pueda pagar el costo.

Hoy día, en países como México donde todo es posible y lo que no se puede conseguir se facilita para que se pueda, cualquiera puede comprar y revender insecticidas, o adquirir los antibióticos que se deseen sin llevar prescripción médica. Igualmente, no tardará el día en que, así como hay clínicas clandestinas que practican el aborto, también habrá laboratorios que clandestinamente clonarán nuevos seres.

Entre otras cosas, esto nos permite ver que los resultados de la ciencia no son concluyentes en la mayoría de sus aparentes éxitos, sino que son meras aproximaciones a una verdad inalcanzable o indemostrable. El acierto científico de hoy es el problema del investigador del mañana. Lin Tai Wao no estaba lejos de la verdad cuando, en su “Leyenda del desarrollo sustentable”, expresó: “Para sobrevivir, la naturaleza debe prescindir de los hombres sabios”.

VGA. Publicado ca 2001.

ECOCIDIO

Ascenso y Ocaso de un Valle

La fundación en 1659 de la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez, Chihuahua, se debió a que los misioneros colonizadores reconocieron, en medio del desierto, un valle potencialmente fértil y ricamente irrigado por un río que llamaron Río Grande/Río Bravo. Pronto, ese lugar sería posta obligada del Camino Real entre la Ciudad de México y Santa Fe.

Los primeros colonos que se avecindaron en el lugar sembraron cereales y forrajes pero, principalmente, vides para producir vino.  Desde su llegada, los colonos construyeron represas para desviar agua del entonces bronco y caudaloso Río Bravo, y crearon un sistema de acequias para conducir cantidades controladas de agua a la Misión y al Valle que sustentaba sus cultivos.

A la columna vertebral de ese sistema de distribución de agua se la llamó “Acequia Madre”. Esa acequia, que en largos tramos cruza a cielo abierto por la ciudad y que, paralelamente al Río Bravo, se extiende por más de cincuenta kilómetros, aún está en uso y se origina exactamente en el mismo punto donde el río comienza a hacer frontera entre México y Estados Unidos.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la villa Paso del Norte tenía alrededor de 5 mil habitantes y las viñas poseían alrededor de un cuarto de millón de vides en producción.

En 1807, treinta y un años después de la emancipación de los Estados Unidos, el primer estadounidense que arribó a Paso del Norte encontró un poblado bien constituido, de casi 150 años de antigüedad, que se levantaba a uno y otro lado del río, y una prospera región agrícola que alimentaba a la comunidad y proveía de productos a lejanos pueblos.

La vitivinicultura que floreció en el Valle abasteció, por más de doscientos años, de fruta, vino y aguardiente a muchas regiones de la Nueva y la Vieja España. Las aguas del Río Bravo fueron la clave de su producción.

La invasión estadounidense a México a mediados del siglo XIX, marcó una nueva etapa en el desarrollo del valle, pues del norte arribaron colonos angloparlantes que venían dispersándose como fieras hambrientas en pos de la presa, y posesionándose de las tierras de los mexicanos, y llevando a cabo lo que pomposa y románticamente en Estados Unidos se suele denominar la conquista del oeste.

Desde el mismo momento en que esa tropa de buscadores de fortuna arribó al lugar, el agua se convirtió en motivo de disputa entre las nuevas poblaciones de la comunidad escindida, que ahora eran: Paso del Norte (hoy Cd. Juárez, Chihuahua), y Magoffinsville, entonces también conocida como American El Paso (hoy El Paso, Texas). El nuevo gobierno vecino reclamó la propiedad del caudal de agua del Río Bravo, que nacía en las Rocallosas y cuyo cauce descendía de las montañas pasando por los estados de Colorado, Nuevo México y Texas. Luego, a comienzos del siglo XX, después de múltiples negociaciones, decidieron entregar a México, por cortesía, la cantidad de 74 millones de m3 de agua al año para el riego del Valle. Ese volumen de agua no representaba ni la quinta parta del agua que necesitaba el Valle para mantenerse. El acuerdo quedó inscrito en un acuerdo denominado Tratado de Aguas Internacionales de 1906. Dicho Acuerdo feneció en el año 2006 y, aunque de buen talante los estadounidenses continúan entregando el mismo caudal que en años anteriores, el Tratado de Aguas no se ha renovado y la entrega del agua puede dejar de darse en el momento que los vecinos lo decidan.

El impacto que tuvo el control del flujo del agua sobre las tierras de cultivo mexicanas, que por siglos las utilizó para las siembras del Valle de Juárez, fue desastroso, pues ocasionó que, en menos de quince años, los seculares viñedos ricamente irrigados se secaran o tuvieran que ser remplazados por otras especies agrícolas más resistentes a la falta de agua. Para 1920, más del 90% de los cultivos en el Valle eran ya de algodón y alfalfa. No había rastros de las vides. Las arboledas fueron desapareciendo paulatinamente.

En 1934, el gobierno federal decidió crear el Distrito de Riego 009 Valle de Juárez (dividido en tres unidades), cuya área aproximada es de 27,500 hectáreas. Esto trajo consigo la burocratización de un sistema agrícola que, por casi tres siglos, fue un asunto local administrativa y eficientemente controlado por un “alcalde de aguas”.

La insuficiente cantidad de agua para riego otorgada por el Tratado de Aguas de 1906, tuvo como consecuencia tres acciones importantes que terminarían por modificar la región agrícola del Valle de Juárez:

A partir de los años treinta del siglo XX, los agricultores mexicanos tuvieron que comenzar a explotar los mantos acuíferos

  1. A partir de la década de los cuarenta, debido a la insuficiencia de agua del Río Bravo y del agua subterránea, se vieron en la necesidad de recurrir al uso de las aguas negras generadas por Cd. Juárez
  2. El agua dulce subterránea comenzó a agotarse hasta alcanzar otro nivel del manto acuífero constituido por salmuera.
  3. De forma tal que, en la década de los setenta, los agricultores del Valle ya no tenían suficiente agua para riego y la disponible, la extraída de los pozos, estaba cada vez más salada.  Esta situación se agravaba porque, cuando menos, un 50% del territorio del Valle ya estaba afectado por las sales.

    En la época de los viñedos la salinidad no fue problema debido, en gran medida, a que bastas cantidades de agua del Bravo fluían libremente y lavaban los suelos.

    La escasa cantidad de agua del Río Bravo, el riego con aguas salobres de pozos profundos y las aguas negras procedentes de la ciudad, cargadas también con altas concentraciones de sales, provocaron una paulatina saturación salina de los suelos del Valle y un irreversible daño al ambiente local.

    Para colmo, agricultores de los estados de Colorado, Nuevo México y Texas, que comparten la cuenca hidrológica del Río Grande/Río Bravo, han estado demandando llevar a la mesa de discusión el tema del agua que dicen que se regala a México, y empujan a sus legisladores para que le quiten esa concesión a los agricultores del Valle de Juárez. De suceder esto y por no haberse renovado el Tratado de Aguas Internacionales en el año 2006, la falta de las aguas blancas del Bravo agudizará el problema de la salinidad del Valle que, engañosamente, ya hace parecer los terrenos de algunos ranchos como suelos nevados.

    Desde la perspectiva ecológica, el ambiente del Valle de Juárez muestra un estado crítico.  Algunos expertos en suelos, hidrología, ecología, agricultura y vida silvestre, se han atrevido a afirmar que en el Valle de Juárez se ha gestado un ecocidio.

    Como herencia de los antiguos colonizadores españoles sólo se mantiene vigente la estructura de la Acequia Madre, por cuyo cauce, que en parte pasa a través de las plantas tratadoras que no cumplen cabalmente con su cometido, la ciudad envía al Valle de Juárez su caudal de aguas de albañal.

    Las denominadas Aguas del Tratado se entregaron regularmente a Cd. Juárez, a través de la Acequia Madre, durante los meses de marzo a septiembre de cada año. Así ocurrió, sin grandes modificaciones en el caudal, desde 1906 hasta el año 2002. En el año 2003, a raíz de las disputas binacionales por el agua, y sin previo aviso, los estadounidenses cortaron el flujo durante los meses de marzo a mayo y lo restituyeron por el breve período de junio a agosto. Esta medida perjudicó, aún más, a los agricultores acostumbrados a regar con esas aguas y en esa época. Desde entonces al 2010, las Aguas del Tratado se han entregado regularmente.

    La agricultura del Valle de Juárez, que por más de trescientos años mantuvo al norte de Chihuahua, prácticamente está condenada a la desaparición, y en las parcelas de la zona ahora sólo crecen centros comerciales, bodegas, áreas de carga y descarga de transporte pesado, edificios multifamiliares, y naves industriales para la maquiladora.

    VGA. Excerpta de un reporte de investigación. Actualización: 2010

    El hombre de Neanderthal en el siglo XXI

    El Mono Fuera de su Jaula

    El recién elaborado “mapa del genoma humano”, revela que el parentesco biológico entre el chimpancé y el hombre yace en aproximadamente un 99 % de compatibilidad. El restante 1%, pequeño porcentaje de variación, hace la diferencia entre lo que es uno y otro. Pero entre el hombre del siglo XXI y el hombre de las cavernas de hace 100 mil años, que tenía una conducta más animal que humana, no existe diferencia genética alguna.

    El cambio ocurrido entre el hombre primitivo y el hombre moderno es a lo que se le llama civilización y progreso. Cualquiera que conozca un poco de historia sabrá cómo vivía el hombre de las cavernas y de qué manera fue cambiando, gracias a su inteligencia y necesidad de sobrevivir en medios hostiles, hasta ser lo que es hoy. Esa transformación es la que le ha valido a nuestra especie ser la de mayor éxito sobre la Tierra.

    Tan es así que el deseo de progreso del hombre contemporáneo se ha convertido en una obsesión, en una persistente idea de renovación y cambio, en un constante ir hacia adelante, en no conformarse con permanecer en el último escalón de la pirámide sino en acarrear y poner otros escalones y seguir hacia arriba.

    Sin embargo, otra de las características distintivas de ese hombre es la destrucción, la generación de caos. Basta mirar un poco a nuestro alrededor y observar lo que ocurre para darnos cuenta de lo que está pasando a causa nuestra. Como en una balanza, dos fuerzas luchan por cambiar el peso hacia cualquier lado: hacia el desarrollo o hacia el impacto del desarrollo. En esto del progreso una cosa es cierta: a mayor desarrollo mayor será el impacto que haya en las sociedades y en el ambiente.

    La producción de especies genéticamente modificadas y la creación de organismos clonados, invención de nuevos medicamentos y vacunas, superproducción agrícola y pecuaria, acelerada construcción de obras de ingeniería como represas hidroeléctricas, supercarreteras y plantas nucleares, industrialización y poblamiento de regiones para formar megaciudades, son sólo algunos ejemplos del progreso que nos han beneficiado.

    Pero el cambio climático global, la sobrepoblación y los millones de pobres del mundo, la destrucción sistemática de los santuarios de las mariposas monarca y de muchas otras especies por la tala inmoderada de los bosques o invasión de selvas por gente sin tierra, la destrucción de la naturaleza única de las islas Galápagos, la epidemia del mal de las vacas locas o la crisis de la fiebre aftosa, la epidemia mundial de sida y de violencia, el hundimiento de la mayor plataforma petrolera marítima del mundo, son también ejemplos del impacto desastroso que ese desarrollo está provocando en la actualidad.

    Algunas partes del mundo son social –más no ambientalmente– menos caóticas que otras, sobre todo las de los países más industrializados, donde paralelamente a ese progreso desarrollaron patrones de civilidad hacia su interior. Por eso, cuando alguien de un país avanzado viaja a Latinoamérica o África o Asia, lo que encuentra es una forma de ser y de vivir más anárquica –no estoy hablando de culturas, sino de eso que llaman “civilización”– que no encaja con el orden que conoce en su país. Y eso lo nota el que vive en la línea que separa al desarrollo del subdesarrollo, como es la frontera entre Estados Unidos y México, dónde el ir hacia el norte o regresar hacia el sur le impone o le libera de ataduras conductuales tan simples como tirar o no basura por la ventanilla del auto y cometer o no otras faltas. En ambos lados hay leyes y autoridades, pero en un lado se respetan ambas y en el otro existen para ser corrompidas. Es como si el motor de un auto de buen funcionamiento estuviera en el norte y el escape de sus gases y contaminantes en el sur, que todo lo permite. Para quien no está acostumbrado a vivir en una comunidad organizada y respetuosa le cuesta más hacer las cosas con orden que vivir en el desorden.

    Pero aún en países tan social, política, económica y ambientalmente inestables como lo ha sido México en los últimos 25 años, hay ciudades ordenadas y ciudades caóticas. La nuestra, Ciudad Juárez, aunque económicamente próspera, transmutada de buhonera a maquiladora, es una de estas últimas, producto de un desordenado crecimiento cuya fuerza disipativa no se ha podido contener y organizar con nada.

    Particularmente en esta ciudad, que es espejo de muchas ciudades mexicanas, el producto de los errores de la falta de previsión y planeación que por generaciones ha adolecido la entidad –como los de otorgar permisos de asentamiento y uso de infraestructura pública a todo tipo de empresas que no invirtieron un centavo en la ciudad, falta de vivienda digna para gente de bajos recursos, violencia sin límites contra la mujer y la familia, asesinatos y ajusticiamientos, narcotráfico, tráfico de migrantes indocumentados, tráfico de vehículos “chocolate” o sin papeles, contrabando, importación de residuos comercializables como las llantas usadas o alimentos caducos, agotamiento de los acuíferos, etc. – no podrá ser contenido con impuestos pagaderos al fisco, con ejércitos que vengan a hacer el trabajo de otros, con detectives de otras naciones que hacen visitas de dos días, con técnicos traídos de Europa para que nos digan que hay crisis de agua, ni con ochocientos de millones de dólares para pagar la construcción de una planta para desalar el agua impagable por la sociedad.

    Sin duda las cosas no se están enfocando debidamente. Por ejemplo, en el esquema de crecimiento de ciudades caóticas, lo crítico no es que haya problema para conseguir el dinero y construir la nueva infraestructura de abastecimiento de agua potable, sino que los residentes de la región hemos agotado un inmenso manto de agua dulce y sus posibilidades de recuperarlo son inexistentes. Un acuífero con millones de años de antigüedad que se ha acabado en menos de 100 años. Con la nueva infraestructura planeada se potabilizará el remanente de agua salada y, al final, quedará una olla vacía que podrá ser usada, como a un gobierno se le ocurrió brillantemente hacer en otro estado del norte de México, como “confinamiento natural” de residuos tóxicos –lo que, dicho de paso, es un crimen–.  ¿Y luego que pasará dentro de 50 años más? ¿Se traerá agua del polo norte como absurdamente lo recomendó un político? Esto, aunque las autoridades del sur y el norte le denominan “sustentabilidad”, no es desarrollo sustentable. Y lo triste es que así son las iniciativas que se proponen a lo ancho del mundo.

    El filósofo ambientalista chino, Lin Tai Wao, dice que si en una máquina del tiempo fuera posible traer de un pasado remoto de hace 100 mil años al hombre primitivo de Neanderthal, y se le vistiera como cualquier persona de nuestra época, el cavernario pasaría desapercibido en la calle, sería uno más entre millones. Y no porque físicamente se pareciera a nosotros, sino porque el comportamiento de una inmensa cantidad de gente carece de todo sentido social. En nuestra especie hay muchas obras racionales pero también muchas actitudes irracionales.

    Y si el hombre es la especie de mayor éxito en la historia natural de la Tierra, al menos desde nuestra perspectiva, parece que también será la más meteórica. Lin Tai Wao ilustró esto diciendo que somos la única especie que puede predecir su inminente desaparición.

    Quizá en esa misma sintonía de ideas el reputado escritor de ciencia Matt Ridley, autor del bestseller mundial “Genoma”, afirmó: “somos la especie más pesimista que viva sobre el planeta.”

    El hombre sigue siendo un mono en un 99%, un mono que se liberó de su jaula pero no de sus ataduras ancestrales. En lo alto de su frágil y tambaleante pirámide de civilización, que se posa sobre una naturaleza en decadencia, hace cabriolas para agregarle un escalón más de progreso a la cúspide y, por maniático acostumbramiento, seguir encaramándose por el hecho de que todavía puede seguir aumentando los escalones, pero sin ponerse a pensar a donde quiere ir o a donde lo llevan.

    VGA Publicado en la revista Memoria. Ca. 2001

    Gran Academia de Lagado aconseja cómo solucionar problemas de contaminación

    GULLIVER EN LA CAPITAL DE LA CONTAMINACION

    En 1726, el escritor Jonathan Swift publicó sus Viajes de Gulliver, obra considerada por muchos como de aventuras, pero para los menos esta era una sátira social disfrazada. A través de sus diversos pasajes Swift lució y criticó a la sociedad inglesa contemporánea, y exaltó la libertad que le faltaba a su país: Irlanda.

    En aquella época, la cuestión científica sólo era entendedera de unos pocos individuos que, en gran medida, pertenecían a las clases nobiliarias.  La ciencia era producto de 2 cosas: de una afición intelectual para aquellos que podían darse el lujo de disponer de su tiempo discutiendo de cosas más allá de la banalidad de la circunstancia cotidiana, y de dinero para invertirlo en proyectos de invención que les representaba poco menos que juguetes. Aun no existía la ciencia sistematizada y organizada tal y como ahora la conocemos.

    Sin embargo, la irracionalidad con que los intelectuales de aquel entonces problematizaban sus proyectos para buscarles soluciones llamaron la atención de Swift, por lo alejado que estas propuestas se encontraban de la realidad.  Es decir, las más de las veces se proponían problemas que rayaban en el absurdo, eludiendo, de esta forma, la realidad social que reclamaba su atención.  Estas impresiones las recogió en su libro “Viajes de Gulliver” cuando este personaje hizo una visita al sitio que ocupaba la Gran Academia de Lagado en Liliput.

    Uno de los inventores de la Academia, como les llamaba Gulliver, había estado 8 años estudiando un proyecto consistente en extraer rayos de sol de los pepinos, “los que pondría en ampolletas herméticamente cerradas para dejarlos escapar a fin de calentar el aire cuando el verano fuera anormal”; otro más “había encontrado la manera de arar la tierra con cerdos para evitarse el gasto de arado, animales y trabajo”; y otro “trabajaba para calcinar hielo y transformarlo en pólvora”, o el de más allá se afanaba buscando la forma de condensar el aire para transformarlo en materia sólida.  Pero en la Gran Academia de Lagado también había otra sección, ésta dedicada exclusivamente a las “ciencias especulativas”, donde uno de sus tantos profesores trabajaba en un aparato destinado a mejorar el conocimiento especulativo mediante un sencillo procedimiento que consistía en que, al maniobrarlo, los trozos de madera con letras que lo formaban producirían permutacionalmente palabras y frases con las que llenarían miles de volúmenes que se convertirían en tratados de filosofía, religión o historia.

    Después de casi 270 años de publicadas las sátiras de Swift y del encumbramiento de la cuestión científica en la sociedad global del siglo XX, el absurdo, como elemento constituyente del pensamiento y desarrollo científico, aun persiste.  Tal es el caso de las propuestas que, para el control de la elevadísima contaminación atmosférica del valle donde se encuentra la Ciudad de México hizo, a principios de los 90’s, un ingeniero mexicano de reconocida trayectoria técnica… y política.  Textualmente anunció:

    1.         “Propuse construir tres túneles ecológicos perforando las montañas del sur de la cuenca cerrada del Valle de México para comunicar a la capital con los valles de Toluca, de Cuernavaca y de Cuautla, con trenes eléctricos y carreteras, para ventilar la ciudad aprovechando los vientos dominantes del noreste suroeste que ahora acumulan la contaminación en el suroeste de la capital al chocar con las montañas que lo cierran por ese rumbo, y para aprovechar el agua que se encuentra en esas sierras, que son verdaderos yacimientos de agua purísima y que escurrirían hacia el túnel por el efecto de galería filtrante”.

    2.         “La propuesta, que ha sido escuchada por la comunidad científica, ha sido la que durante la campaña propuse al último, los ventiladores ecológicos que se construirían con base en los principios que rigen la formación de torbellinos, remolinos, tornados y huracanes: una columna de aire caliente sumada a un movimiento de aire rotando alrededor de ella”.

    Es evidente que la intención es positiva pero no toma en cuenta, en el supuesto de que sus ideas llegaran a realizarse y alcanzar el éxito, la reacción de los ecosistemas adyacentes, sobre los que muy probablemente sería negativa.  El problema real está en que la Cd. de México ha rebasado sus límites megalopólicos y que, una de las medidas más razonables, antes que pensar en exportar residuos contaminantes en suspensión atmosférica, por vía acuática además de la aérea, está en la movilización de algún porcentaje de sus habitantes.  ¿Cómo se haría?  Este sería un problema para las autoridades y demás sectores, pero cabría mencionar que quizá se tendría que empezar por la propia estructura gubernamental.

    Lo preocupante de la segunda propuesta del ingeniero es que el pequeño modelo de ventilación, el cual fue hecho con trozos de cartón y una estufa de gas y que fue su “prototipo” de simulación física, no tomó en cuenta al sociosistema urbano ni a las áreas naturales; pero lo más preocupante era que esa propuesta se había convertido en el leitmotiv de las autoridades gubernamentales y académicas del Distrito Federal y que, por consecuencia, otras propuestas similares podrían pasar a ocupar la atención de esta gran ciudad.  Pero aun así, la validación que una parte de la comunidad científica emita sobre la supuesta utilidad de algún proyecto como el de los ventiladores, no es suficiente razón para establecer a priori su éxito.

    Ciertamente que el invento de la ciencia y la tecnología le han dado al hombre un increíble dominio sobre la naturaleza, pero estas no son infalibles ni todo lo que pretendamos hacer en su nombre deberá ser por fuerza útil e inocuo.

    Tal y como está la situación hoy día, el problema de la contaminación de la Ciudad de México pareciera que se trata de un problema terminal, el cual ni con túneles ni con ventiladores podrá ser controlado.  Para que esa perspectiva cambie se necesitan propuestas más acordes a la realidad, factibles en su implementación, favorecidas por el gobierno y con algún mecanismo que le permita continuidad a través de las diferentes administraciones venideras.

    Colofón

    “Sepultan a sus muertos con la cabeza hacia abajo, porque tienen la creencia de que en 11,000 lunas más, período en el cual la tierra, que ellos juzgan plana, se volcará al revés, todos resucitarán quedando entonces en posición normal”.

    Jonathan Swift.

    VGA. Publicado ca. 1994.

    vgarza@uacj.mx

    vgarza@colech.edu.mx

    Libertad de Expresión

    El Filósofo y la Verdad

    Belisario Domínguez, médico y senador chiapaneco que usó el foro del Senado para acusar a Huerta de los asesinatos de Madero y Pino Suarez y que exigió su renuncia a la Presidencia de la República en 1913, fue comparado con Luis Donaldo Colosio por Leopoldo Zea.

    Zea, filósofo y catedrático universitario fue reconocido la semana pasada, por sus méritos académicos, con la Medalla Belisario Domínguez que otorga el Senado de la República y que le fue impuesta por el Presidente Ernesto Zedillo.

    La trayectoria de este profesor universitario de ochenta y ocho años es sobresaliente, y su trabajo es sumamente apreciado en las universidades de muchos países.  De origen humilde, tuvo que trabajar desde muy joven para ayudar a su abuela, con quien vivía.

    Después, para costearse los estudios durante los años treintas, tuvo que trabajar de mensajero y despachador nocturno de telégrafos.  Y si bien ingresó a la universidad a los veinticuatro años, a los treinta y cuatro ya se había doctorado.  Su primer trabajo lo publicó a los treinta años, y trata de la filosofía americana.  A este siguieron muchas obras más.

    En su discurso, con el que dejó perplejos a todos los presentes, Zea afirmó que la muerte de Domínguez impulsó la Revolución Mexicana, y la muerte de Colosio a la democratización del país.  Esta equiparación provocó escozor en muchos de los senadores.

    Pero eso no fue todo, desde la tribuna del Senado denostó al EZLN y al subcomandante Marcos, diciendo que en Chiapas no existe ningún conflicto y que el gobierno no debe negociar con encapuchados.

    Zea declaró ante los senadores que quería “rogarles que para resolver el problema siempre latente de los mexicanos llamados indígenas, no consulten con gente que oculte el rostro y asesores ajenos a ellos y a nuestro país. Consulten con esos mexicanos, si quieren seguir en sus comunidades, con sus hábitos, costumbres, lengua y folclore o, sin renunciar a ellos, ser parte de la nación a la que pertenecen garantizándoles los derechos que como mexicanos tienen”.

    Pues bien, las comparaciones que hizo entre el senador revolucionario y el ex-candidato del revolucionario no tienen sustento; pues, a decir de los expertos, el filósofo atribuye a Colosio logros que no le corresponden, como la reforma electoral.  Tampoco hay de acuerdo en que, como dice Zea, “estamos de lleno en la democracia”, ya que la mercadotecnia fue la principal protagonista de las pasadas elecciones y la democracia está en proceso.

    Por otro lado, negar lo que sucede en Chiapas es absurdo y el chiapaneco Belisario Domínguez, de estar allí, sin duda lo hubiera interpelado.

    Molesto por las declaraciones de Zea, Diego Fernández de Ceballos musitó, a modo que lo oyeran: “esto me lleva a sugerir que en adelante la medalla se otorgue mejor a un personaje muerto, porque los muertos no dan discursos”.

    Hubo quien dijo que el galardonado podría ser un excelente filósofo, pero que demostró ser un pésimo analista político.  Tristemente, al final de su discurso hubo pocos aplausos.

    Lo que pudo haber sido la noche de Zea, se convirtió en un momento amargo para quienes esperaban más de él; y para enredar más lo que dijo, días después apareció en la televisión para justificarse.

    Leopoldo Zea dijo lo que quiso en uno de los más importantes foros de la nación, pero eso no significa que sus propias creencias sean las mismas de los otros ni que sean verdad.

    La Medalla Belisario Domínguez simboliza la libertad de expresión, pero el hacer uso de esa libertad o el ostentar la Medalla no da derecho a hablar sin la razón.

    VGA. Diario de Juárez. Publicado: año 2000

    Impacto al Ambiente y la Salud

    LEGADO TOXICO EN LA FRONTERA MÉXICO-ESTADOS UNIDOS

    El 6 de febrero de 1992, por denuncia de los vecinos de la Colonia Las Granjas, en Cd. Juárez, México se detectaron en un predio particular 15 tanques de 200 litros conteniendo residuos tóxicos.  Durante la temporada de calor, este material despedía pestilentes olores y, ocasionalmente, desbordaba espuma.  Según registros, dichos tanques fueron obsequiados por parte de una fábrica al dueño del predio, el cual construyó una cerca con ellos (1).

    El 15 de abril de ese mismo año y en ese lugar, se hizo pública la existencia de una pequeña granja en la que se localizan al menos 350 barriles de 200 litros llenos de sustancias químicas peligrosas y en cuyas etiquetas aun se alcanza a leer: freón, cloroetileno, clorato de zinc, isopropanol, acetona y otras.  Debido a que esta situación tiene aproximadamente 15 años, algunos de los recipientes han sufrido corrosión y vertido su contenido sobre el terreno, y otros son usados como bebederos para los animales que cría el vigilante de la propiedad (2).

    El pozo de La Tomatera de la ciudad de Nogales, en el estado fronterizo de Sonora, se considera que está contaminado por productos químicos, sin embargo diariamente abastece de agua a sus habitantes (3).

    El aprovisionamiento de agua para uso doméstico, conservándola en contenedores que fueron utilizados para la transportación de sustancias peligrosas; el uso de la tierra que durante años fue depositaria de productos tóxicos; o la exposición a una atmósfera deteriorada por las emisiones gaseosas de plantas industriales, todo esto es hoy un panorama común a los asentamientos humanos ilegales, o fuente de riesgos para la salud de los futuros residentes atraídos por el crecimiento económico de las ciudades de la frontera norte de México.

    El escritor José Emilio Pacheco, escribió recientemente que “el miedo al apocalipsis nuclear [...] ahora se ha desvanecido frente a los terrores de la destrucción ecológica, la contaminación, las enfermedades infecciosas y la violencia urbana” (4).  Esta denuncia es un indicio del profundo interés que para la gente común tienen los riesgos de la perturbación ambiental generada por la contaminación.

    En la región fronteriza México-Estados Unidos existe una creciente preocupación en referencia al deterioro del medio ocasionado por los procesos de industrialización, la acelerada urbanización y el agotamiento de los recursos naturales asociados al desarrollo social.

    En gran medida, esta preocupación se refiere al deterioro de las condiciones de vida y su relación con los problemas de salud de las comunidades fronterizas.

    En este escenario fronterizo, las sustancias tóxicas juegan un papel de capital importancia, ya que por más de 20 años, desde 1966 en que se instaló la primera industria maquiladora en la frontera hasta 1988, año en que se promulgó en México la Ley General de Equilibrio Ecológico y de Protección al Ambiente, el manejo de estos productos, en la región fue irracional y desconocido para muchos.  En 1986, un estudio de El Colegio de la Frontera Norte arrojó que de 772 maquiladoras a lo largo de la frontera, sólo 20 de ellas notificaron a la Agencia de Protección al Ambiente de los Estados Unidos el retorno de sus desechos tóxicos (5).  De tal forma, por años estos materiales fueron transportados, almacenados, utilizados, desechados como si no representaran riesgo alguno.  Toneladas de ellos fueron materialmente arrojadas a los basureros públicos, terrenos baldíos, campo abierto, o vertidos al drenaje municipal.

    “El medio ambiente de la región fronteriza está formado por unidades ecológicas cuya integridad se debe preservar a toda costa. Cualquier agresión a este medio ambiente daña no sólo a los afectados directos, sino hasta los mismos infractores” (6).  No obstante lo anterior, hoy día se está encarando en esa zona un legado tóxico de treinta años del cual se desconocen sus  dimensiones y para el cual se necesita estar preparados.  Y si esto pasa en una región donde la conciencia ambiental, leyes, programas,  acuerdos y recursos de protección al medio están presentes y en constante evolución, ¿que no sucederá en aquellos lugares  lobotomizados por la falta de conocimiento  sobre la cuestión ambiental y los riesgos del desarrollo?

    La importancia que la presencia de las sustancias peligrosas en el ambiente tiene para la salud pública es indiscutible.  Un representante de la Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de los Estados Unidos (ATSDR), agencia creada para evaluar los riesgos de las sustancias peligrosas y proteger a la ciudadanía estadounidense, menciona que “diariamente los medios de comunicación nos recuerdan las amenazas que para la sociedad representan el plomo, mercurio, asbesto, radón, plaguicidas” (7).

    Existen múltiples casos documentados de afecciones a la salud por exposición a sustancias peligrosas, en el caso particular de la frontera se puede mencionar el de los “Niños Mallory” de Matamoros, Tamaulipas, y el de la comunidad de la Colonia Anapra en Cd. Juárez, Chihuahua, cuyos primeros residentes se establecieron en un suelo contaminado y por años han estado expuestos a las emanaciones de la fundidora Asarco, esto sin contar los casos de desastres químicos ocurridos en Tijuana, Mexicali, Matamoros, Cd. Juárez, y otras ciudades fronterizas, casos que son numerosos y persistentes.

    Para las autoridades de salud y ambiente de los países en desarrollo, no es labor sencilla detectar la presencia de tóxicos en el medio circundante y, mucho menos, determinar su impacto en a salud humana.  Para tal efecto se requiere de recursos humanos capacitados y equipo apropiado, que escasamente existe en Latinoamérica.

    Si a estas alturas del desarrollo en la región de las Américas, tiempo en que los asuntos ambientales se han convertido en prioridad y en tarea obligada, no estamos aun preparados para llevar los asuntos ambientales más allá del juego político, donde el control ecológico se burocratiza (8), quizá no vuelva a haber un momento más apropiado para rescatar lo rescatable.  El costo de esta aventura está en gestación, apenas comienza a dar visos.

    Colofón

    No hay poder que detenga un desastre cuando este se ha gestado.

    Referencias:

    1. Holguín, Ricardo. Descubren 15 tambos con tóxicos en una vivienda; causan quejas y pánico en Granjas y Chapultepec Norte de Cd. Juárez, Feb.7 de 1992

    2. Ramos, Guadalupe. Hallan cementerio tóxico Norte de Cd. Juárez, Abril 15 de 1992

    3. Cody, Edward. La franja negra (Wash. Post) El Norte de Monterrey, Feb. 18 de 1992

    4. Pacheco, Jose Emilio. La sangre de medusa.  Era, Mex., 1990

    5. Kochan, Leslie. The maquiladoras and toxics X Copy, s/f

    6. Ortiz Monasterio, F. Algunas consideraciones sobre los desechos tóxicos en la región fronteriza de Mexico y Estados Unidos.  El Colegio de México, Mex., 1985

    7. Johnson, Barry L. Environmental health Haz.Sub.,& Pub.Hlth., ATSDR I(1), 1990

    8. Albarrán de Alba, G. Reglamentos de control ecológico sobran, pero nadie los respeta. Proceso Nº 800, Marzo 2 de 1992

     

    Victoriano Garza Almanza. Artículo publicado en 1992. 

    Paraguay de Mis Recuerdos

    CRONICA DE UNA INTENTONA GOLPISTA

    Las dictaduras, que en América Latina se creían cosa del pasado, perviven en muchos de nuestros países y algunas se enmascaran en formas seudo democráticas.  Y en las naciones que gozan de una incipiente democracia, potenciales tiranos medran y confabulan para hacerse del poder.  A cuatro años en el tiempo y a miles de kilómetros de distancia, recuerdo al Paraguay donde viví, y leo en mi cuaderno de notas los apuntes tomados durante el intento de golpe de estado que llevó a cabo Lino Oviedo en abril de 1996.

    Asunción, Paraguay.  Lunes 22 de abril de 1996.  Todo comenzó por la mañana, cuando el presidente Wasmosy relevó del mando de las fuerzas armadas al general Lino Cesar Oviedo, el cual se negó a acatar la orden.  Se refugió en el cuartel de caballería; desde allí conminó al presidente a retractarse.  Le dio de plazo de 17:00 a 20:00 hs.  En respuesta, el presidente reiteró públicamente su decisión.  12:00 hs. Militares patrullan la ciudad.  Hora nacional de la siesta.  Almuerzo en el departamento.  Desde el piso 19 del edificio ubicado en Caballero, entre Palma y Presidente Franco, veo tanquetas cerca del Palacio de López y del Congreso.  Regreso al trabajo.  Sobrevuelo de aviones militares.  A las 17:00 hs salí del trabajo y fui a “palmear”, como dicen aquí, a la calle Palma.  Aparente tranquilidad.  20:35 hs.  Manifestaciones populares en apoyo al régimen. Claxonazos por toda la ciudad.  El presidente no está en Mvurubicha Roga, abandonó la casa y se asiló en la embajada americana.  Los de la representación internacional de salud nos mantenemos en contacto.  El jefe nos pide que permanezcamos en nuestras viviendas; si la cosa empeora iremos a su casa. Noto aprehensión. Oviedo tenía planeado eliminar al presidente y hacerse del gobierno por las armas, pero se le descubrió.  22:30 hs. Recibo llamada de una embajada.  Era para el inquilino que anteriormente habitó el departamento. No obstante ser yo mexicano, quien habló me invitó a refugiarme en su embajada.  Agradecí con un “thank you very much” y permanecí en el piso.  Mil intentos de llamar a México, la compañía Antelco está bloqueada al exterior.

    Martes 23 de abril.  06:30 hs.  Por el río Paraguay llegaron del Pantanal algunas cañoneras.  Hablo con los colegas.  Desde el norte hay orden de no salir.  Me asomo al balcón y veo tranquilidad afuera de la casa de gobierno pero revuelo en el Congreso.  Radio y TV piden calma y que se eviten las compras de pánico.  08:30 hs. Salgo a la calle, pues casi no tengo provisiones.  Fui hasta el Congreso.  Cientos de políticos, gente, periodistas, cámaras.  De regreso llego a el El País, supermercado frente a la Plaza Uruguaya.  Largas filas.  Compro el periódico, chipas, latas, velas.  Ambiente tenso.  Los padres de familia están recogiendo a los escolares que entraron a las 7 am.  Se suspenden las actividades y se cierran los negocios.  09:28 hs  Por Mariscal López bajan numerosas patrullas y autos blindados.  Por la TV alcanzo a escuchar que se trata de Wasmosy y el embajador de EU.  10:00 hs.  Junto agua en jarras, cacerolas, tina del baño, en todo.  12:40 hs.  Llega Gaviria, secretario de la OEA.  14:10 hs.  Los países del Cono Sur y EU anuncian que no aceptarán un golpe de estado.  Corre el rumor de que el presidente premió con un ministerio a Oviedo para que se aquiete. Le llueven insultos. “Nada más falta que traiga de regreso a Stroessner”, comentan.  15:15 hs.  Radio Ñandutí.  Jamás había escuchado el uso de un lenguaje tan insultante y abundante de improperios por la radio como hoy.  Argaña, del Partido Colorado, dice de la situación que “se trata de una opera bufa dirigida por los propios payasos”.  18:43 hs.  Apagué radio y TV.  La espera y el incesante ronroneo de los aviones me adormecieron.  El presidente pasó de héroe a villano por ceder -supuestamente- ante las demandas de Oviedo.  23:00 hs. A pesar de la crisis, la gente tiene que descansar.  Los protagonistas de tanta protesta se retiran.  El Palacio de López está bellamente iluminado, pero deshabitado.  Detrás, en el río, brillan imponentes los buques. Los militares se mueven fantasmagóricamente.

    Miercoles 24 de abril.  El país sigue en suspenso y uno sin sosiego.  Se evalua la posibilidad de que las colegas no paraguayas salgan a Buenos Aires, nosotros permaneceremos en Asunción.

    Jueves 25 de abril.  08:00 hs.  Regresamos a la representación.  Mando correos electrónicos a la familia. Me visita Sequera, quien estuvo exiliado doce años en Francia cuando Stroessner gobernó el Paraguay.  Entró a mi oficina chocando los talones de sus botas y extendiendo el brazo hacia lo alto, a la usanza nazi, y dijo: “ahora el saludo paraguayo va a ser así”.  Continuó diciendo, “como granja del Mercosur, el Paraguay está destinado al fracaso: muchas gallinas y nada de güevos”.  Está muy avergonzado ante nosotros por lo que pasa en su país.  12:20 hs. Manifestación estudiantil.  ¡La primera en más de medio siglo!, según escucho. Tomo fotos. 18:00 hs.  Un locutor de Buenos Aires declaró: “el pueblo paraguayo tiene conciencia pero no movilización.  Con tantas dictaduras y años de control, no saben manifestarse”.

    Viernes 26 de abril.  En la madrugada escuché cañonazos, quizá salvas.  Cortaron la energía eléctrica y el agua.  El día está torrencialmente lluvioso.  11:00 hs.  La tensión sigue aumentando.  Wasmosy asevera que Oviedo pasa a retiro y que no tendrá nombramiento alguno.  Las calles se llenaron de gente gritando en apoyo al gobierno.  Cambian muy fácil de opinión.  Muchas tiendas continuan cerradas.  20:00 hs.  La Liga Anticomunista Mundial erigió un monumento al sátrapa Stroessner en los sesentas.  Adjunto a este, en los noventas construyeron la Nueva Plaza de la Democracia.  Oviedo acaba de estar por aquí pero se equivocó.  En lugar de pararse en la plaza stroessnista se desvió a la plaza de la democracia para arengar al pueblo.  Cambió de táctica.  Por primera vez en 36 años apareció en público vestido de civil y con una pañoleta roja al cuello, la que usan como distintivo los del Partido Colorado.

    Sabado 27 de abril.  17:45 hs.  Temprano por la mañana encontré un café abierto, frente al Panteón de los Héroes, donde reposa el Dr. Francia: su Excelencia el Supremo Dictador Perpétuo de la República del Paraguay, como se autodenominaba.  Lluvia intensa, calles vacías, parece cementerio.  Caen funcionarios que pactaron secretamente con Oviedo.

    Domingo 28 de abril.  12:02 hs.  Sigue diluviando.  El río Paraguay comienza a desbordarse por algunas de sus orillas.  El agua y el fin de semana parecen haber inyectado una dosis de calma a la intentona golpista.  ¡Por fin me comunico a México!

    En su obsesiva ambición por gobernar el Paraguay, Lino Oviedo se amafió con el presidente títere Cubas para asesinar al estorboso vicepresidente Argaña en 1999.  No resultó.  Huyó y Menem lo asiló en Argentina.  En la constelación de dictadores, Stroessner vive placidamente en Brasilia.  Videla porta una inmunidad casi tan importante como la de Espinosa Villarreal en México. El sanguinario Ríos Montt predica religión en Guatemala.  Pinochet se puso a salvo de las gerontofóbicas persecusiones españolas.  Hugo Banzer, después de ostentar uno de los gorilatos latinoamericanos de los setentas, ahora es presidente de Bolivia vía voto y, para no perder la forma, se ejercita imponiendo un estado de sitio.  Fujimori, que hace diez años fue electo presidente del Perú, es ambiciosillo y sueña, como el PRI mexicano, en resguardar el poder lejos de los ineptos y los tontos por 70 años + 6.

    Victoriano Garza Almanza

    Originalmente publicado en el

    Diario de Juárez. Año 2000

    Ambiente Binacional Frontera México – Estados Unidos

    RIESGOS AMBIENTALES PARA LA SALUD MATERNO INFANTIL EN LA FRONTERA MEXICO-ESTADOS UNIDOS

    Los niños que crecen y se desarrollan en la frontera entre México y los Estados Unidos corren un riesgo de salud mayor que los niños que viven más al sur o al norte de esa región. Los grandes movimientos migratorios, la dinámica del desarrollo industrial y las agitadas actividades comerciales en la zona han creado un modelo político, social, cultural y bio-ecológico muy singular. Se trata de un área de conjunción entre un país desarrollado y un país en desarrollo con poblaciones diferentes en cuanto a estilos y perspectivas futuras de vida.

    La firma del Tratado de Libre Comercio entre México y los Estados Unidos anticipa un desarrollo industrial más acelerado, un aumento en el flujo migratorio, un incremento en el intercambio de materia prima y productos acabados y, especialmente, un riesgo mayor de deterioro de la calidad de vida en la región.

    Todos esos factores de desarrollo comercial han causado una preocupación ambiental que no es nueva, ya que se remonta a agosto de 1963, cuando la Conferencia Internacional de Sanidad Ambiental México-Estados Unidos propuso la creación de un Programa Binacional. Con ese objetivo, los Secretarios de Salud de los dos países, el Director de la Organización Panamericana de la Salud y los Comisionados de Salud de los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California firmaron un Acuerdo en Ciudad de México el 6 de agosto de 1963. El objetivo concreto del Programa fue el saneamiento de los desechos sólidos y las aguas residuales en las comunidades fronterizas.

    La instalación de la primera industria maquiladora en México en 1966, marcó el comienzo de un período de desarrollo binacional mexicano-americano y nuevas fuentes de trabajo para una población que, en aquella época, era de aproximadamente tres millones de habitantes. De esa manera, la industria maquiladora reemplazó al Programa Bracero, que no hacía mucho concluyera y que dejara sin empleo a miles de trabajadores.

    La nueva industria utilizó la infraestructura urbana existente, que era inadecuada para esos propósitos. La demanda excesiva de mano de obra, no abastecida por las comunidades locales, incrementó la densidad de los movimientos migratorios, con personas que procedían tanto de las zonas rurales adyacentes como de los estados y municipios más alejados del país. Las necesidades de las nuevas industrias rebasaron la capacidad de servicio de las viejas ciudades fronterizas que durante más de cien años vivieron del comercio y que tenían un régimen de crecimiento poblacional decenal menor al 30%. Así, ciudades como Acuña, Coahuila, que en 1965 tenía una población de 8.000 habitantes y una infraestructura básica de servicios para 20.000 personas, tiene ahora después de 28 años, 120.000 habitantes y 30% de deficiencia en su vieja infraestructura de servicio. Sesenta industrias maquiladoras establecidas dentro de sus límites vierten directamente en el ambiente sus elementos contaminantes.

    Las comunidades fronterizas están expuestas al deterioro de su ambiente inmediato, y la falta de planificación urbana para adaptar la capacidad de crecimiento de los municipios ha originado graves problemas de vivienda, seguridad, educación, y especialmente de saneamiento.

    Durante la XXVI Reunión Anual de la Asociación Fronteriza Mexicano-Estadounidense de Salud (AFMES) en 1969, el Dr. Paul Q. Peterson, Asistente del Cirujano General de los Estados Unidos, destacó los problemas más importantes de saneamiento ambiental en la frontera Medico-Estados Unidos:

    1)         Abastecimiento y calidad del agua

    2)         Insuficiencia de la red de drenaje

    3)         Asentamientos humanos en condiciones sub-estándar por la falta de planificación urbana

    4)         Métodos e instalaciones deficientes para la recolección y eliminación de los desechos sólidos

    5)         Contaminación de la atmósfera por las fundiciones y el desarrollo industrial incontrolado

    El Dr. Peterson recalcó en esa oportunidad la necesidad de disponer de recursos financieros adecuados para el desarrollo de un programa integral de saneamiento ambiental proporcional a las dimensiones del problema. Señaló asimismo, la urgencia de que la población tomara consciencia y sintiera más preocupación por el ambiente para encontrar la solución adecuada al problema de la contaminación.

    Dentro de ese mismo contexto, Richard Bath señaló en 1973, que los problemas ambientales en la región de la frontera requerían un enfoque ecosistemático para determinar la interrelación de los fenómenos ecológicos y enfrentar eficazmente los problemas ambientales.

    Pero aun faltaba un elemento más por tomar en cuenta dentro del esquema ambiental México-Estados Unidos, el que sumado al criterio del Programa Binacional de 1963, constituiría el andamiaje de un plan de actividades que no apareció hasta años después. Este elemento son las substancias peligrosas que durante años utilizó y generó la industria maquiladora.

    El interés por los problemas ambientales en la zona no es una nueva preocupación. Lo que si representa algo nuevo en esta época, es la dimensión convencional que se le dio a esta frontera en 1983 cuando el Presidente estadounidense Ronald Reagan y el Presidente mexicano Miguel de la Madrid firmaron en La Paz, B.C.S. un Acuerdo Internacional de Cooperación para la Protección del Ambiente en la Zona Fronteriza. La Agencia de Protección al Ambiente de los Estados Unidos (EPA) y la Subsecretaría de Ecología de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología de México, hoy Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), fueron designados organismos responsables de la vigilancia y control de los problemas ambientales.

    El Acuerdo estableció que “…el área fronteriza se refiere al área situada dentro de 100 kilómetros hacia ambos lados de los límites terrestres y marítimos de los países signatarios…”; el Acuerdo determinó como franja fronteriza la zona de 200 kilómetros de ancho, 3,120 kilómetros de largo en tierra, y 650 kilómetros de largo en el mar, que se extiende desde el Océano Pacífico hasta el Golfo de México.

    De esa manera, el área física de la región fronteriza que constituye el ambiente binacional tiene 624.000 kilómetros cuadrados, 25 condados del lado de los Estados Unidos y 35 municipios en México, y una población estimada actualmente en diez millones de habitantes.

    Con el Acuerdo de la Paz, B.C.S., las provincias biogeográficas al norte y al sur de la línea fronteriza y sus poblaciones que sufren el efecto directo del desarrollo urbano y rural estarían protegidas de factores ambientales adversos. En ese respecto, se trató de homologar el control general de la región y reducir el efecto de los procesos de desarrollo sobre el ambiente. Sin embargo, durante los años siguientes al Acuerdo no se observó en los dos países gran progreso en el desarrollo de actividades de protección y control de la contaminación.

    En 1990, el Presidente de México Carlos Salinas de Gortari y el Presidente George Bush de los Estados Unidos se reunieron en la Ciudad de Monterrey, N.L. para tratar sobre las relaciones futuras entre los dos países. Ese encuentro dio inicio a la política más ambiciosa de las dos naciones: la creación del mercado común, el Tratado de Libre Comercio de Norte América, junto con Canadá,

    Uno de los puntos de cooperación internacional que ahí se discutieron fue la organización inmediata de una agenda de trabajo para el desarrollo de un plan binacional de protección ambiental. Con ese propósito, la EPA y la actual SEDESOL elaboraron el denominado Plan Integral Ambiental Fronterizo con la participación permanente de los sectores público y privado, para el mejoramiento de las actividades de coordinación y cooperación dirigidas a la solución de los problemas de contaminación del aire, el suelo, el agua y la eliminación de los desechos tóxicos.

    Los elementos: financiero, interés público, enfoque ecosistemático y substancias peligrosas no se conjugaron sino hasta ese momento.

    Durante el período diciembre 1990 – agosto 1991 se prepararon cinco borradores del Plan Integral Ambiental Fronterizo México-Estados Unidos. En el mismo año, las organizaciones responsables llevaron a cabo 17 audiencias públicas en ambos lados de la frontera para escuchar y tomar nota de las opiniones y reclamos de los habitantes de la zona, y ampliaron el período de recepción de recomendaciones hasta noviembre de 1991. El Plan Integral se publicó en febrero de 1992, confirmando el compromiso financiero de México y los Estados Unidos para resolver los problemas de la región.

    Los problemas ambientales de la frontera México-Estados Unidos que representan un riesgo a la salud, se agruparon básicamente en tres categorías:

    1)         Funcionamiento deficiente y carencia de infraestructura básica de servicios para desechos sólidos y líquidos

    2)         Transportación de substancias y desechos peligrosos a través de la frontera, y disposición inadecuada de los residuos

    3)         Control de fuentes industriales contaminantes

    CONDICIONES AMBIENTALES DE RIESGO

    PARA EL CRECIMIENTO Y DESARROLLO

    AGUA

    Abastecimiento y Calidad

    En las principales comunidades fronterizas el agua proviene en su mayor parte de los Ríos Bravo y Colorado, ya que las fuentes subterráneas de agua son escasas. En el caso particular de la comunidad binacional de El Paso, Texas/Ciudad Juárez, Chihuahua, el suministro de agua proviene del Río Bravo y de los acuíferos de Mesilla y Bolsón del Hueco. A lo largo de la frontera, tanto el agua rodada como la almacenada es de dudosa calidad, ya que la falta de infraestructura para el manejo de las aguas residuales contamina los ríos con desechos fecales y químicos.

    Aguas Residuales

    Setenta por ciento (70%) de la población urbana que reside al sur de la frontera dispone de servicios de agua potable, y 60% de servicios de drenaje. Por otra parte, los asentamientos humanos ilegales o colonias sobre el norte de la frontera carecen de servicios de agua potable y drenaje. En las ciudades fronterizas mexicanas y en las colonias a lo largo de la frontera entre Texas y Mexico, la falta de servicios de agua potable y alcantarillado ha originado problemas sanitarios como las enfermedades gastrointestinales. No obstante, considerando que este escenario representa otros riesgos a la salud, como es el caso del cólera, las campañas preventivas para evitar su aparición han traído como consecuencia la disminución de las enfermedades gastrointestinales de mayor prevalencia en la región.

    AIRE

    Calidad del Aire

    La contaminación del aire afecta sólo a algunas ciudades fronterizas populosas e industrializadas que exhiben tránsito binacional constante de vehículos automotores. Las fuentes estacionarias más importantes de contaminación atmosférica son las fábricas de ladrillo, las refinerías de petróleo, las plantas de cemento, las fundiciones de metal y otros minerales, y las centrales de electricidad o energía.

    En las ciudades fronterizas con gran volumen de tránsito las fuentes móviles de contaminación son los vehículos automotores. En esas zonas es menos costoso que en el resto del país adquirir un automóvil. En consecuencia, la mayoría de los residentes posee un vehículo, muchos de ellos con más de diez años de antigüedad y funcionamiento deficiente, por lo que producen altas concentraciones de monóxido de carbono.

    En Ciudad Juárez/El Paso, el problema es aún más grave, ya que aproximadamente 41.000 vehículos cruzan al día, tomándoles de 30-45 minutos pasar los puentes internacionales.

    El Paso, Texas supera los estándares de emisión establecidos por la EPA en cuanto al total de partículas suspendidas, monóxido de carbono y ozono.

    En esta zona también se observa el fenómeno de inversión térmica que se acentúa durante los meses de invierno.

    Los habitantes de las zonas marginales de las ciudades mexicanas y de las colonias americanas, padecen de enfermedades bronco-respiratorias, parasitosis y alergias. Esas enfermedades son ocasionadas especialmente por las condiciones desérticas, los fuertes vientos de la región y el polvo que se levanta y disemina residuos biológicos en esas comunidades que carecen de caminos pavimentados.

    Actualmente, en las ciudades de Tijuana/San Diego, Ciudad Juárez/El Paso, y Matamoros/ Brownsville, se desarrollan programas de muestreo de aire para medir los niveles de carbono, ozono y metales.

    DESECHOS SOLIDOS

    La eliminación de los desechos sólidos es un problema grave en la región fronteriza, ya que los servicios municipales de limpieza no disponen de personal y equipo suficientes para su manejo, y con frecuencia depositan la basura en lugares abiertos.

    De acuerdo con las estimaciones del Plan Integral Ambiental, en la frontera mexicana se genera 0.654 kilogramos diarios per cápita de desechos sólidos, es decir, 2,493.7 toneladas métricas diarias. Del lado americano se producen 2.2 kilogramos diarios per cápita, o sea 12,699 toneladas métricas diarias. En total se producen 15.193.5 toneladas métricas diarias de desechos. La diferencia en toneladas entre uno y otro lado de la frontera, se debe a las envolturas y cubiertas que por lo general tienen los productos americanos. No obstante, esos promedios difieren de acuerdo con la estación, aumentando considerablemente en el verano por el consumo mayor de frutas y líquidos envasados.

    Las zonas marginales de las ciudades fronterizas no cuentan con servicios municipales de limpieza, por tanto, los desechos son colocados con frecuencia en los patios traseros de las viviendas o en los terrenos baldíos. Lo mismo ocurre en las colonias del lado fronterizo americano.

    Aunque los desechos industriales deben ser eliminados de manera adecuada de acuerdo a su cantidad y características, gran parte de ellos son colocados en los basureros municipales por los mismos servicios de limpieza, o de manera ilegal por las empresas que los producen.

    LA INDUSTRIA MAQUILADORA

    La industria maquiladora a lo largo de la frontera México-Estados Unidos, ha venido a establecer una nueva época con un diferente estilo de desarrollo. El sector de salud ha expresado preocupación por los procesos industriales que emplean estas empresas. Esos procesos industriales presentan riesgos especiales de salud para los trabajadores expuestos al contacto con las substancias químicas peligrosas que se emplean en la manufacturación, a la emanación de gases tóxicos y asimismo por el nivel de concentración que requiere el proceso de ensamblaje para llenar las cuotas asignadas de producción.

    El número de industrias maquiladoras en la zona fronteriza norte de México se ha incrementado considerablemente. Exclusivamente sobre la línea fronteriza, en la actualidad operan 1.560 industrias que emplean 356.261 trabajadores aproximadamente. Esas industrias están distribuidas en 15 poblaciones de la frontera.

    SUBSTANCIAS PELIGROSAS

    Productos Industriales

    Como se mencionó líneas arriba, el problema causado por las substancias peligrosas que utiliza la industria maquiladora en la zona fronteriza es un problema ambiental relativamente nuevo. El problema se centra en el manejo inadecuado de substancias peligrosas que producen residuos tóxicos, que penetran en el ambiente y afectan al hombre y sus comunidades.

    La eliminación de los desechos peligrosos representa un riesgo grave de salud pública. La SEDESOL y la EPA han reportado que la eliminación ilegal de los residuos tóxicos es un hecho frecuente en la zona fronteriza. En 1991, la EPA notificó que un 54 % de la industria maquiladora estaba trabajando con sustancias tóxicas, y que sólo el 35 % de esas industrias regresaba sus residuos tóxicos a los Estados Unidos. No se ha determinado cómo eliminan las restantes empresas sus desechos tóxicos.

    En la región fronteriza se utilizan con frecuencia barriles metálicos como depósitos de agua destinada a la preparación de alimentos, aseo personal y lavado de ropa. El uso de esos barriles presenta un riesgo especial de salud, ya que esos barriles originalmente fueron depósito de substancias tóxicas; luego, son pintados con pinturas de alto contenido de plomo y colocados al aire libre sin ninguna clase de cobertura para proteger el agua.

    Asimismo, es común que los padres de familia, trabajadores de la industria maquiladora, regresan a sus hogares con la ropa cargada de partículas peligrosas que dispersan sobre el piso, las mesas y camas de las viviendas.

    Agroquímicos

    La franja de tierra fronteriza tiene 1, 012,145 hectáreas de tierra cultivable que produce principalmente algodón, sorgo, avena y maíz, mientras 8, 299,595 hectáreas producen forraje para pastos nativos. Los fertilizantes y plaguicidas que se utilizan en ambos lados de la frontera son en parte los mismos. Pero algunos de estos no se usan en un lado, porque son muy caros, o en el otro, porque su uso está prohibido. En 1990, la Comisión Internacional de Límites y Agua detectó DDT, DDE y clordano en muestras de tejidos de peces provenientes de la Presa Internacional Falcón, en Laredo, Texas/Nuevo Laredo, Tamaulipas.

    Los plaguicidas son algunas de las substancias tóxicas que mayor uso han tenido en la franja fronteriza, sin embargo, significan un problema ambiental sobre el cual se dispone de escasa información.

    Productos domésticos

    La región fronteriza presenta una situación particular, de un lado se expenden los más sofisticados productos de limpieza o de control de plagas, y se refuerza rigurosamente el cumplimiento de la ley en cuanto a su uso, y en el otro lado se expenden insecticidas y jabones con DDT que se emplean para el control de plagas caseras o para combatir los piojos en los niños. En el microambiente casero se encuentran con frecuencia más de cinco productos químicos tales como petróleo, alcohol industrial, lejía, insecticidas líquidos o en polvo y otros productos de limpieza que presentan riesgos de salud para los niños.

    FACTORES DE RIESGO AMBIENTAL

    Es indiscutible que parte de la morbilidad y mortalidad que ocurre en la zona fronteriza entre México y los Estados Unidos está asociada con factores ambientales adversos. Sin embargo, es difícil determinar el porcentaje de morbi-mortalidad causado por los agentes ambientales adversos y el porcentaje causado por los factores no ambientales. Algunas enfermedades gastrointestinales como las diarreas, por ejemplo, están directamente asociadas al agua contaminada por materia fecal u otros residuos biológicos. No obstante, no se ha determinado si otras enfermedades, como el cáncer de la piel o bien los defectos del tubo neural que han ocurrido en la frontera durante los últimos meses, están relacionadas con los agentes contaminantes.

    Si bien, como en un principio se mencionó, el ambiente de la región fronteriza representa para el desarrollo de los niños un riesgo mayor que el de otras regiones de uno u otro país, p.e. las ciudades hermanas de El Paso/Ciudad Juárez y San Diego/Tijuana exhiben los niveles más altos de contaminación en los dos países asociados con la falta de agua potable, manejo inadecuado de desechos y una deficiente calidad del aire, el esfuerzo que sus comunidades y autoridades están haciendo para reducirlo es patente.

    Por un lado, los Gobiernos de México y Estados Unidos, a través de las autoridades de ecología y medio ambiente, han destinado cerca de 1,000 millones de dólares para la operación de la primera etapa 1992-94 del Plan Integral Ambiental Fronterizo, lo que significa para la región una mejor coordinación, incremento de infraestructura básica de servicios y un mayor control sobre la calidad de aire, agua y suelo. Por otro lado, las autoridades de salud de dichos países dieron inicio, en 1992, a un programa binacional de salud denominado Proyecto de Ciudades Hermanas cuyo propósito es el de “desarrollar a largo plazo una estrategia binacional de salud y actividades conjuntas con los oficiales locales de salud de los Estados Unidos, y los Jefes de Jurisdicción de México”.

    Con el tema de salud ambiental, son 2 los pares de ciudades hermanas que están participando: Nogales, Son./Nogales, AZ con un proyecto de educación ambiental, y Cd. Acuña, Coah./Del Rio, TX con un proyecto para mejorar la infraestructura de agua potable y aguas residuales. Además, el Ayuntamiento Municipal de Cd. Juárez recientemente solicitó de la Organización Panamericana de la Salud, su cooperación técnica para la construcción del nuevo relleno sanitario, diseño de modelos para recolección eficiente de basura, y la creación de un programa de concientización ecológica.

    Ante el esfuerzo y entendimiento que, entre otros, se está dando en los sectores de salud y ambiente de México y los Estados Unidos, la meta por alcanzar una mayor protección a la salud humana y a los ecosistemas naturales de la región, tiene sus raíces en la concientización de los niños que hoy habitan la región y que mañana tomaran el destino en sus manos.

    VGA. Environmental Health Consultant. PAHO Field Office. El Paso, Texas. Frontera MEXUS.

    Symposium. Foundation for the future: The health of the family in the United States – Mexico Border.

    Pan American Health Organization/World Health Organization

    Carnegie Corporation of New York

    Pew Charitable Trust

    El Paso, Texas. February, 1993.

    John Snow y el Cólera: Ayer y Hoy

    DEL COLERA

    John Snow

    En 1849, cuando Robert Koch, descubridor del bacilo comma o Vibrium cholerae apenas contaba 7 años, el médico inglés John Snow publicó un artículo llamado Sobre el modo de transmisión del cólera, en el que señalaba que la “sustancia mórbida” de este mal se reproducía en el cuerpo de la víctima, que salía de él mediante el vómito y las excretas, y que posteriormente ese veneno era llevado a otros individuos por el agua contaminada.  Con mucho tino, basándose en observaciones personales y en el análisis comparativo de los registros de otros médicos, Snow presuponía que: “la sustancia mórbida del cólera tiene su propia manera de producirse, debe tener una estructura semejante a la de una célula”, y pensaba que podía ser reconocido por el microscopio.  Él no hizo esta búsqueda porque su labor era más la de un médico clínico que la de un clínico investigador.

    Sobre su contagio, afirmaba que “nada favorece más la propagación del cólera que la carencia de aseo personal” y el manejo de alimentos “preparados o manipulados por personas que atendieron al paciente o manejaron sus ropas personales o de cama”.  Pero además, Snow pensaba que si así fuera entonces el cólera no se difundiría alarmantemente entre las poblaciones.  Por tal motivo debería de existir un factor abierto que le diera posibilidades de dispersarse: el agua.

    Su trabajo no despertó ningún interés entre la comunidad médica inglesa de ese tiempo.  Pero, en 1854, se le presentó la oportunidad de convalidar su hipótesis con la práctica: en ese año hizo su aparición en Inglaterra una nueva epidemia de cólera.  La población londinense de ese entonces se abastecía del agua del río Támesis por 2 acueductos: uno proveniente de su curso de arribada, y el otro del curso de salida de la ciudad.  Encontró que, en efecto, la zona más afectada fue la que obtenía el agua más impura.

    El trabajo de Snow sobre el cólera fue un clásico estudio epidemiológico en el que construye una teoría basándose en información morbil, datos de incidencias y presunciones de que el mal tenía que ser causado por un agente biológico. Sus resultados y recomendaciones daban la pauta para montar un sistema preventivo o de control, y, de haberse empleado, pudieran haber evitado la muerte de numerosos individuos a causa del cólera.

    El Enemigo Aislado

    Hacia los años 80’s de ese mismo siglo XIX, después de que los laboratorios europeos habían sido invadidos por una denominada furia microbiana, esto es, por la obsesión de fundamentar la idea de que las enfermedades del hombre y demás organismos vivos eran producidas por diminutos seres microscópicos, y que para menguar los daños que sobre ellos infligían era pertinente encontrarlos, definir su relación con el huésped y formas de propagación, en el bajo Egipto se prendió la mecha de una nueva epidemia de cólera.

    Dado que esta era una de las innumerables enfermedades que aun no se habían abordado para su estudio, los científicos consideraron que ese era el momento para iniciarlo y tratar de evitar que el mal se extendiera a Europa.  Pasteur propuso un plan de acción al Comité de Higiene de Francia y enviaron a Alejandría una misión sanitaria.  Por otro lado, Alemania, en abierta competencia en la carrera por el descubrimiento de microbios nocivos, envió a ese lugar al Dr. Koch.  A la misión francesa fue acompañada por la desgracia, uno de sus investigadores, Luis Thuillier de 26 años, enfermó de cólera y murió a los pocos días, el 19 de septiembre de 1883.  Koch fue uno de los que acompañaron al difunto y sostuvieron su mortaja.

    Ni el grupo francés ni el alemán alcanzaron el éxito deseado, aunque Koch creyó haber detectado al agente causal.  No obstante, como la epidemia perdía fuerza, cada vez era más difícil encontrar casos de cólera que permitieran continuar el estudio.  Por ello Koch se trasladó a la India, donde el cólera era endémico y poder finalizar su labor.  Al retornar a Alemania ya traía consigo una respuesta: el cólera lo producía un microbio en forma de coma y se propagaba por el agua contaminada.

    El cólera en la Historia

    Aunque se supone que los registros sobre el cólera se remontan hasta antes de nuestra era, generalmente las descripciones que sobre epidemias diarreicas se mencionan en la historia no encajan con el cuadro clínico que hoy día se conoce de la enfermedad, o su dinámica epidemiológica no refleja el patrón de dispersión identificado.  Es al médico hindú Susrata, del siglo VII, a quien se le considera el autor de la primera reseña autorizada del cólera.

    Después del siglo XV hasta el XVIII, son numerosos los registros que sobre epidemias de cólera levantan los historiadores asiáticos o los exploradores europeos.  Pero durante los siglos XIX y XX ocho pandemias azotaron duramente a las poblaciones de 4 continentes.  La primera de ellas comenzó en Bengala en 1817, y se extendió a Japón, a la frontera chino-rusa y a la península arábiga.  La amenaza que sobre Europa se cernía quedó conjurada por el invierno de 1823-1824.  La siguiente pandemia, que en 1826 se originó también en la India, se extendió sobre Rusia a través de China y Afganistán, alcanzando en 1832 a Inglaterra, Canadá y norte de Estados Unidos, en 1833 a México y Cuba, y en 1837 a Guatemala y Nicaragua.  México todavía se vio afectado por otras pandemias originadas en Asia o el norte de África, durante los años 1840’s y 1850’s.  Se estima que en las 3 ocasiones que México se vio afectado por el cólera, los contagios vinieron del norte, es decir, por los Estados Unidos.

    La séptima pandemia surgió, de nueva cuenta, en la India, en 1902, asolando China, Filipinas y Europa.  Se retiró en 1925.  Cada ciclo de las 7 anteriores pandemias dejó millones de muertos.  La octava se presentó en 1961 y terminó en 1975, extendiéndose desde Bengala.  Por el noreste hasta Corea, y por el oeste hasta África.  Debido a la medicina moderna y al apoyo internacional para proveer un mejor saneamiento ambiental a las zonas afectadas, esta pandemia produjo menos víctimas que las anteriores.

    Hoy día está ampliamente aceptado que la India es el reservorio natural de esta enfermedad; es un sitio donde el cólera endémico es parte del panorama morbil del país.

    Epidemia en la América Contemporánea

    El 31 de enero de 1991 se notificaron en el Perú los primeros casos de cólera para la América del siglo XX.  Se considera que en el puerto de El Callao, a unos cuantos kilómetros de Lima, dio comienzo este problema, el que de inmediato se extendió hacia el norte: Chancay, Chimbote, Trujillo, Chiclayo y Piura; y hacia el sur: Chincha, Arequipa e Illo.  Las primeras investigaciones arrojaron que el agente patógeno de esta epidemia era el Vibrio cholerae, biotipo El Tor, una de las dos variedades conocidas de cólera, y la más peligrosa.

    La hipótesis sobre el origen de la epidemia es que quizá algún barco arrojó desechos contaminados cerca de la costa, mismos que contaminaron a peces, moluscos y crustáceos que la gente de la localidad acostumbra a comer crudos como “ceviche”; sin embargo, esta hipótesis no tiene mucho sustento, ya que la aparición de la epidemia fue casi simultánea a lo largo de la costa peruana; además, en pocas semanas se diseminó hacia Ecuador, Colombia y Brasil.  En abril se registraron casos en Chile, en mayo en Venezuela, y en junio ya había llegado al hemisferio norteamericano, a México.  En esos momentos ya se había iniciado también en Bangladesh y en Irak.

    La fortaleza de la epidemia del cólera está en que los principales riesgos epidemiológicos para la población son casi los mismos en toda América Latina, a saber: tomar agua sin hervir, beber aguas frescas e ingerir antojos callejeros, comer peces y mariscos crudos, comer legumbres regadas con aguas negras, vivir hacinados en habitaciones que sirven de dormitorio y cocina a la vez, y, particularmente, la falta de higiene.  Pero en este caso, existía un factor más de riesgo para el pueblo peruano: el arroz, grano que después de preparado, si no se come de inmediato, al transcurrir algunas horas el sobrante puede servir de vehículo para el Vibrio cholerae.

    La más importante vía de contaminación son las aguas residuales, que llegan a adulterar las fuentes de abastecimiento de agua de las poblaciones.  Por tal motivo, las medidas rápidas de acción que se tomaron fueron: movilizar su flujo; clorar las aguas antes de que entraran al sistema de distribución o, por si esto no fuese viable, en algunas entidades se les entregó a los pobladores una pequeña cantidad de solución para que ellos hicieran el trabajo con el agua destinada a consumo propio; monitoreo microbiológico y fisicoquímico de las aguas, y contrastación de los datos obtenidos con los reportes epidemiológicos.

    La protección del agua ha llegó a ser para el objetivo de salubridad más importante de las naciones latinoamericanas.  No sólo se trataba de proteger la salud de los ciudadanos, sino evitar que el comercio de exportación y el turismo se desplomaran.  La forma de practicar esta protección era, por una parte, estableciendo medidas de control y mejora de la calidad del agua, y, por otra, implementando un plan de contingencia para en casos de desastres naturales o de sabotaje que echaran por los suelos el esfuerzo.

    La actual epidemia de cólera en el Perú está considerada como el principio de la novena pandemia.  Como uno de los azotes de la humanidad de todas las épocas, el cólera vino a recordarnos cuanto falta aún para que la súper tecnología de los países desarrollados imponga su condición de orden y progreso sobre más de las 2 terceras partes de la población mundial que aún viven como el hombre paleolítico.  O, por decirlo de mejor manera, nos indica que donde debemos trabajar es en la tecnología social más que en la científica ya que este problema, como lo afirmó Jean-Michel Fournier del Instituto Pasteur de París, debe tener una respuesta política más que científica.  Esta última hace más de cien años que se encontró.

    No es gratuito que el inicio de esta nueva pandemia de cólera se haya originado en el Perú.  Su sistema social, durante los anteriores 20 años, fue muy golpeado por los desastres naturales así como por los sociopolíticos.  Su infraestructura de servicios ha estado desorganizada, a veces inexistente en algunas regiones, y muchas de las costumbres alimenticias de los peruanos ligadas al producto de sus costas; de tal manera, el medio ambiente fue un sustrato favorable para un comienzo rápido e intenso de la pandemia de cólera.

    El cólera ha venido a enseñorearse de la América de fin de siglo.  Su impacto ha sido catastrófico y campea entre Norte y Sudamérica.  Aún sigue cobrando su cuota de víctimas antes de ceder y retirarse.

    Colofón

    “Si el cólera no tuviera otras formas de transmisión que las que se han expuesto, forzosamente se limitaría casi exclusivamente a las viviendas atestadas de un lugar, por falta de oportunidad para encontrar nuevas víctimas; pero existe a menudo una vía abierta que le permite extenderse por sí mismo y atacar a las clases acomodadas de la comunidad…” John Snow, 1849.

    VGA. 1992. Artículo originalmente publicado en el Epidemiological Bulletin/Boletín Epidemiológico (bilingüe) de la recientemente clausurada Asociación Fronteriza México-Estados Unidos de Salud (AFMES) / United States–Mexico Border Health Association (USMBHA). RIP 1942 – 2010.

    Sesenta y ocho años de experiencia y servicio a la comunidad binacional mexicano-estadounidense echados en saco roto.

    Email: vgarza@uacj.mx

    El terrible lastre de la tesis

    TESIS

    Hace más de veinticinco años escribí mi tesis profesional. En aquel momento estaba viviendo en la ciudad de Tapachula, Chiapas, alejado de Monterrey, donde estudié. Como entonces trabajaba en un centro de investigación, rodeado por científicos internacionales que de continuo estaban generando resultados de sus proyectos y constantemente tenían que elaborar reportes técnicos, conferencias, artículos científicos y hasta libros, por la influencia de esta gente fue para mí de lo más natural cumplir con el requisito que mi universidad pedía para que me graduara.

    Pero esta experiencia, que en lo personal fue más cuestión de trámite que problema, para miles de jóvenes mexicanos ha sido, por decenas de años, un factor insuperable para la obtención del título universitario. Y es que las universidades públicas de México, como norma y por largo tiempo, han exigido a los estudiantes que culminan sus estudios profesionales la realización de una investigación en su disciplina y la presentación, por escrito, de sus resultados. En el lenguaje universitario se le conoce a todo este proceso, simple y llanamente, hacer la tesis.

    Quienes introdujeron el requisito de la tesis en todas las universidades públicas del país, sin duda lo hicieron con la mejor de las intenciones y no para crearles dificultades a los estudiantes. Han de haber pensado que si después de haber sometido a los alumnos a una fuerte carga académica de teoría y prácticas de laboratorio y campo, y si sus maestros les guiaban en la realización de una investigación, que como remate tendría que ser presentada verbalmente en un foro especializado para la defensa de dicho estudio, se producirían profesionistas altamente capacitados para el manejo de problemas en biología, ingeniería, agronomía, economía, filosofía o cualquier otro campo del conocimiento.

    Pero la realidad no sucedió tal cual. La tesis se convirtió en una infranqueable barrera que, por lo menos durante los últimos 50 años, imposibilitó la titulación de un incalculable número de egresados. De tal manera, México comenzó a llenarse de profesionales universitarios sin título, mejor conocidos como: pasantes.

    La pasantía no era un obstáculo para conseguir empleo. A principio de la década de los 80 del pasado siglo, yo mismo y muchos de mis compañeros comenzamos a trabajar como profesionales en instituciones públicas y privadas, sin el mayor problema, cuando aún éramos pasantes. No nos exigieron el título, ni la cédula para el ejercicio profesional, pero sí, por increíble que parezca, la cartilla de servicio militar, que era un documento imprescindible para firmar un contrato laboral. Tampoco la administración de las universidades de entonces nos impusieron plazo alguno para titularnos, que lo mismo podría suceder al concluir los estudios o veinte años después. Simplemente terminábamos el aprendizaje de nuestras carreras y ya éramos profesionales. Y si estaban así de fáciles las cosas, ¿para qué mortificarse entonces por la obtención del título? Algún día volveríamos por el título… o tal vez nunca.

    Hasta donde sé, todavía existen ex-compañeros universitarios aún que conservan su calidad de pasantía, algunos de los cuales trabajan para instituciones gubernamentales, en algunas escuelas de nivel medio profesional o en empresas privadas. Sin duda su experiencia es vasta, pero lamentablemente no hubo forma de hacer que cumplieran con el requisito de la tesis para que les extendieran su título universitario.

    Para quienes tuvieron la mejor intención de graduarse y no lo consiguieron, la cosa de la tesis se les convirtió en un tabú, en un verdadero trauma colectivo y generacional que aún hoy sigue afectando a miles de antiguos egresados.

    A mi me queda claro que el problema no eran los estudiantes, sino el sistema de titulación con tesis que fue insertado con carácter de obligatorio en las universidades públicas; es decir, que fue puesto en marcha sin que antes se hubiera preparado el terreno, o sea, se elaboraran materiales y se preparara a los maestros universitarios para que supieran cómo hacer frente a esa nueva situación. Había algunos cuantos catedráticos que entendieron la intención de la iniciativa y supieron como responder a ella; unos más aprendieron a base de tropiezos y caídas; pero otros, la inmensa mayoría, no tuvo la menor idea de su significado ni de su importancia.

    Así las cosas, ya no digo los estudiantes, sino que ni los propios catedráticos estaban entonces del todo capacitados para plantear un proyecto y hacer una investigación, por pequeña que esta fuera, ni mucho menos para registrar por escrito y publicar los resultados obtenidos, que es lo que por regla se debe de hacer. Luego, cuando tenían que dirigir las investigaciones de los estudiantes que se supone iban a asesorar, se les dificultaba encontrarle la cuadratura a lo que por redondo no alcanzaban a ver. Pero además, cosa que tampoco se tomó entonces en cuenta, es que si el gusto de algunos maestros era exclusivamente la enseñanza –pues a muy pocos les ha interesado o les llama la atención la investigación–, poca motivación tendrían para emprender estudios y estar en permanente búsqueda de información para actualizarse como investigadores.

    En tal razón, el biólogo Efraím Hernández X., presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, afirmaba en 1960: “no tenemos profesionales preparados para surtir de maestros nuestras escuelas máximas de enseñanza (universidades), ni para ocupar los puestos disponibles en las instituciones de investigación.” Por esto, en las escuelas de educación superior se vieron obligados a dar nombramientos de catedráticos a gente carente de instrucción formal: “ante esta situación, agregó Hernández X, hemos improvisado –tenemos personas que dicen ser botánicos por el hecho de trabajar con plantas–…”

    Este fenómeno de incumplimiento con el requisito de titulación se generalizó en todas y cada una de las carreras de las universidades autónomas del país que exigían la tesis, y, a medida que se abrieron nuevas instituciones públicas, el problema se repitió y agudizó. El dato exacto sobre la cantidad de egresados universitarios que no se titularon en los últimos 50 años se desconoce, pero en porcentajes se estima que oscila alrededor del 80% de los que terminaron sus planes de estudios.

    El valor de la tesis es indiscutible. Su planteamiento y desarrollo permite al estudiante vislumbrar los principios de la investigación y hacer de él un profesional con perspectiva sobre la búsqueda y generación del conocimiento. Sin embargo, como en más de medio siglo de aplicación este sistema no enraizó en la cultura universitaria del país, en la actualidad ha desaparecido en la mayoría de los planes de estudio. Cada vez serán vez menos los jóvenes que, motivados por sus investigaciones de tesis a nivel licenciatura, desde temprana edad se interesen por la investigación científica, y mayor el problema de la gerontocrática comunidad científica mexicana, que en buena medida está constituida por personas mayores de 55 años, de renovarse con sangre nueva. Lamentablemente, el problema de la tesis se repite con la misma intensidad en los estudios posgraduados de maestría y doctorado.

    Para salvar la no titulación por tesis de los egresados de las universidades públicas, el sistema cambió drásticamente en la última década facilitando la obtención del título mediante la elaboración de trabajos de investigación en equipo, reportes de estancias industriales, hasta el cursar media carrera de maestría, entre otras alternativas. Al fin y al cabo las universidades privadas, que no han adolecido del rezago que genera la titulación obligatoria con tesis, al igual que las universidades americanas les entregan el título al concluir el último curso de la carrera.

    VGA.  Febrero 19, 2010.

    Revisado y actualizado.

    Juárez, Chihuahua. México.

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