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Geopoesía

La Historia de las Cuencas Oceánicas de Hess, un Texto Científico Cargado de Poesía

Harry H. Hess (1906-1969), profesor de Princeton, escribió en 1960 un texto llamado The history of ocean basins, que sería publicado como reporte en 1962. En uno de los párrafos de la introducción se lee:

“El nacimiento de los océanos es asunto de conjetura, la historia subsecuente es obscura, y la presente estructura está apenas comenzando a ser entendida”.

Luego, porque explicaba la idea de la deriva continental a partir de la formación de un nuevo suelo en el fondo de las cordilleras oceánicas, advirtió a sus lectores lo que él estaba presentando:

“Yo debo considerar a este artículo como un ensayo de geopoesía… que bordea la fantasía”

Es decir, una conjetura sobre la formación, evolución y desplazamiento del suelo oceánico. Hess especulaba que los riscos del fondo marino, debido al levantamiento de la tierra y a la convección de las corrientes marinas, eran hendiduras que literalmente se abrían desplazando a las inmensas montañas submarinas, produciendo el fenómeno que denominó deriva continental.

Para tratar de entender el complejo y casi incomprensible fenómeno, Hess apeló a la cuantiosa información existente entonces, con la que sin duda se divirtió especulando sobre lo que pudo haber ocurrido en millones de años. Esto se aprecia así porque, en uno de los párrafos del reporte, escribió:

“la especulación se dispersa en ilimitadas variaciones, y la resultante geopoesía no tiene ritmo ni razón”

Reflexiona como un filósofo, planteando hipótesis, pero el hilo conductor de sus conjeturas se agarra con las uñas de los datos de otros, de algunos pocos hechos, y de las múltiples ideas sin piso que sólo valen en el contexto científico debido a que metodológicamente están justificadas. Pero igual piensa como marino, que por años navegó en aguas calmas y en mar picado, que probó el radar recién inventado viendo más las sombras del fondo del mar que las naves enemigas de los japoneses. Tuvo tiempo para ser navegante, científico, pensador, profesor universitario y, como lo muestra su escrito sobre las cuencas oceánicas, más poeta que geólogo.

Al final de esa magnífica pieza científica poética, Hess escribió:

“En este capítulo el escritor ha intentado inventar una evolución de las cuencas oceánicas. Es casi imposible que todas las presunciones hechas sean correctas. Sin embargo, parecen ser un marco útil para probar varios y diversos grupos de hipótesis relacionadas con los océanos. Se espera que el marco teórico, con los parches y reparaciones necesarias, puedan eventualmente formar la base de una nueva y más resonante estructura”.

Este trabajo, que podría caracterizarse como un artículo de revisión o paper review, fue publicado originalmente en el Petrologic studies: a volume in honor of A. F. Buddington. A. E. J. Engel, Harold L. James, and B. F. Leonard, editors. [New York?]: Geological Society of America, 1962. pp. 599-620.

Como puede advertirse, un paper review no es meramente una compilación documental, como muchos investigadores mexicanos creen, y que por lo tanto desdeñan y evalúan negativamente; consiste en un trabajo muy fino de lectura crítica de trabajos científicos de otros autores, que le permiten al investigador lector apelar a su experiencia y capacidad reflexiva para remontar esas ideas y proponer algo nuevo y diferente. Como alguna vez dijo el Premio Nóbel y químico teórico Roald Hoffman, palabras más palabras menos, “los científicos trabajan para mí, yo recojo la pedacería que generan en sus laboratorios y publican, la analizo y trasciendo, y los modelos que genero y publico ellos los prueban por mi en sus laboratorios”. Además, como también mencionó en otra ocasión Paul Feyerabend, “la ciencia es un cuento de hadas para adultos”. ¿O a poco creen que los documentales de las caricaturas digitales de dinosaurios reflejan la pura realidad? La misma historia tiene diferentes versiones según quien la cuente.

VGA. Febrero 11, 2010

Desde la trinchera en Ciudad Juárez, México.

¿Ghostwriter o negro literario?

El Escritor Fantasma

La escritura es quizá una de las cosas más apasionantes e intensas que cualquier persona pueda experimentar en su vida, tomado esto desde un punto de vista intelectual. Para Karl Popper, aprender a escribir, primero, y después saber comunicar por escrito sus ideas, junto aprender a leer y saber leer, fue el mayor logro de su desarrollo intelectual.

Pero no todos piensan lo mismo, casi nadie lo hace. Para la mayoría de las personas, la escritura no deja de ser un acto mecánico que sirve para poner palabras sobre papel o, como ahora se acostumbra, en la brillante pantalla de la computadora o el teléfono celular, ya sea para recordar un asunto o mandar una nota. La brevedad de lo que a la carrera se apunta, con palabras o frases compuestas para hacerlas cortas, difícilmente podría catalogarse como escritura; son garabatos con un significado encriptado descifrable sólo por pocos. Tan así es la cosa que hay profesionistas universitarios que, al pedírseles que escriban en ese momento su curriculum vitae, refieren sus vidas en menos palabras que las que contiene este párrafo.

Esto ha hecho que cuando se ven en apuros, ya sea porque tienen que escribir una tesis, una conferencia o un artículo de opinión, busquen apoyo para salir de ese paso. Es entonces cuando se acercan a alguien que los puede sacar de apuros, a uno que al menos puede escribir mejor que ellos. A esas personas que escriben por otras se les denomina en inglés ghostwriters, que literalmente quiere decir escritores fantasma, en español se les llama, un tanto despectivamente, negros literarios o simplemente negros. No lo hacen gratuitamente, el trabajo se vende; de hecho, hay muchos que viven a expensas de la agrafía de sus clientes.

Pero también se hace trabajo de ghostwriting cuando, por ejemplo, una empresa contrata a una agencia para que le elabore manuales de operación, hojas técnicas de productos, guías y otros artículos necesarios para su mejor funcionamiento, o un político se rodea de escritores de discursos. En estos casos, las ideas que hay que destacar en los textos técnicos o en los discursos se les dice a los ghostwriters, luego ellos ponen a trabajar lo mejor de su oficio para producir documentos para quienes los contrataron.

Los ricos y famosos también contratan ghostwriters para que escriban sus autobiografías. Es harto difícil, sino es que imposible, encontrar a un famoso o un súper ocupado político que se haya tomado el tiempo del mundo para sentarse a recordar y escribir, de una forma literaria y con estilo agradable, su vida, y dejar de lado el glamoroso ajetreo de estrella de la música, del cine, del deporte o de la política.

Pongamos por caso la autobiografía del grupo de rock Aerosmith. ¿Se imaginan a Tyler o Perry colgando las guitarras para entonar una balada silenciosa de al menos 200 mil palabras que cuenten sus avatares en un libro de más de 400 páginas? ¿O al ex boxeador Mohammed Alí, con su mal de Parkinson a cuestas, empuñando una pluma para dejar memoria de sus hazañas en 200 y pico de páginas? ¿O al beisbolista Sammy Sosa, bateando jonrones de millones de dólares a la par que displicentemente cuenta su vida? ¿O al político Tony Blair, personaje tomado como referencia para The Ghost, de Robert Harris, excelente novela llevada a la pantalla por Román Polanski, escribiendo New Britain: My Vision Of A Young Country?

Muchos autores, famosos ahora, fueron en un tiempo fantasmas de tiempo parcial o tiempo completo, dependiendo de sus necesidades. Entre ellos se encuentra Sinclair Lewis, que escribió cuentos para Jack London, o Paul de Kruif, que colaboró cercanamente con Sinclair Lewis en la escritura de Arrowsmith. En algún tiempo, Tito Monterroso, José Emilio Pacheco y Carlos Monsivais, entre otros, colaboraron en varias revistas médicas mexicanas, como El Médico o Médico Moderno, y en Comunidad CONACYT, del consejo de ciencia de México. No sé si fueron ghosts o no, pero JEP y Monsivais aparecían en el directorio editorial de las revistas médicas y estas contenían muy buenos artículos culturales anónimos.

En versión diminuta, creo que algunos de los que en cierta manera medio nos defendemos en materia de escritura, al menos una vez hicimos trabajo de ghostwriter… obligados por las circunstancias. Yo lo hice incontables veces en un organismo internacional de Naciones Unidas donde laboré por varios años en la década de los 90s. Se me encargaban reportes, análisis, discursos, y hasta artículos científicos, en ninguno de los cuales apareció mi nombre. Se me decía que el trabajo era institucional y no personal, pero el jefe sí que le ponía su nombre. Una vez, ya para retirarse, también obligado por las circunstancias y aprovechando las semanas que aún le quedaban con vida por ahí, uno de tantos jefes que actuaba de igual forma que lo otros, nos puso a todos los profesionales a redactar un libro. Como director de orquesta él dizque lo dirigió, y nosotros escribimos los capítulos que ideamos por propia cuenta. El libro se publicó en Estados Unidos, pero esa persona ni siquiera nos agradeció el trabajo. La última vez que supe de su existencia se encontraba trabajando como profesor en una universidad americana. Si alguna vez concursó por el tenure, la inercia del publish or perish lo ha de haber empujado a conseguirse un ghost.

Viendo el lado positivo de esta experiencia, hubo un momento en que me percaté que si los textos escritos por mi podían llegar sin problema al mismo escritorio del director general de esa oficina internacional para las Américas, o al director de la US Environmental Protection Agency, o al subsecretario de ecología de México, entre otros grandes cartuchones, me podía dar por bien servido, no importaba que no supieran quien hizo el documento que tenían ante sí. Pero probablemente nunca leyeron ninguno de mis textos, han de haber estado tan ocupados que todo el trabajo de lectura y análisis lo dejaron a cargo de sus ghostreaders.

VGA. Febrero 2, 2010.

Ciudad Juárez, Chihuahua. México.

Frontera México – Estados Unidos.