Ambiente Binacional Frontera México – Estados Unidos

RIESGOS AMBIENTALES PARA LA SALUD MATERNO INFANTIL EN LA FRONTERA MEXICO-ESTADOS UNIDOS

Los niños que crecen y se desarrollan en la frontera entre México y los Estados Unidos corren un riesgo de salud mayor que los niños que viven más al sur o al norte de esa región. Los grandes movimientos migratorios, la dinámica del desarrollo industrial y las agitadas actividades comerciales en la zona han creado un modelo político, social, cultural y bio-ecológico muy singular. Se trata de un área de conjunción entre un país desarrollado y un país en desarrollo con poblaciones diferentes en cuanto a estilos y perspectivas futuras de vida.

La firma del Tratado de Libre Comercio entre México y los Estados Unidos anticipa un desarrollo industrial más acelerado, un aumento en el flujo migratorio, un incremento en el intercambio de materia prima y productos acabados y, especialmente, un riesgo mayor de deterioro de la calidad de vida en la región.

Todos esos factores de desarrollo comercial han causado una preocupación ambiental que no es nueva, ya que se remonta a agosto de 1963, cuando la Conferencia Internacional de Sanidad Ambiental México-Estados Unidos propuso la creación de un Programa Binacional. Con ese objetivo, los Secretarios de Salud de los dos países, el Director de la Organización Panamericana de la Salud y los Comisionados de Salud de los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California firmaron un Acuerdo en Ciudad de México el 6 de agosto de 1963. El objetivo concreto del Programa fue el saneamiento de los desechos sólidos y las aguas residuales en las comunidades fronterizas.

La instalación de la primera industria maquiladora en México en 1966, marcó el comienzo de un período de desarrollo binacional mexicano-americano y nuevas fuentes de trabajo para una población que, en aquella época, era de aproximadamente tres millones de habitantes. De esa manera, la industria maquiladora reemplazó al Programa Bracero, que no hacía mucho concluyera y que dejara sin empleo a miles de trabajadores.

La nueva industria utilizó la infraestructura urbana existente, que era inadecuada para esos propósitos. La demanda excesiva de mano de obra, no abastecida por las comunidades locales, incrementó la densidad de los movimientos migratorios, con personas que procedían tanto de las zonas rurales adyacentes como de los estados y municipios más alejados del país. Las necesidades de las nuevas industrias rebasaron la capacidad de servicio de las viejas ciudades fronterizas que durante más de cien años vivieron del comercio y que tenían un régimen de crecimiento poblacional decenal menor al 30%. Así, ciudades como Acuña, Coahuila, que en 1965 tenía una población de 8.000 habitantes y una infraestructura básica de servicios para 20.000 personas, tiene ahora después de 28 años, 120.000 habitantes y 30% de deficiencia en su vieja infraestructura de servicio. Sesenta industrias maquiladoras establecidas dentro de sus límites vierten directamente en el ambiente sus elementos contaminantes.

Las comunidades fronterizas están expuestas al deterioro de su ambiente inmediato, y la falta de planificación urbana para adaptar la capacidad de crecimiento de los municipios ha originado graves problemas de vivienda, seguridad, educación, y especialmente de saneamiento.

Durante la XXVI Reunión Anual de la Asociación Fronteriza Mexicano-Estadounidense de Salud (AFMES) en 1969, el Dr. Paul Q. Peterson, Asistente del Cirujano General de los Estados Unidos, destacó los problemas más importantes de saneamiento ambiental en la frontera Medico-Estados Unidos:

1)         Abastecimiento y calidad del agua

2)         Insuficiencia de la red de drenaje

3)         Asentamientos humanos en condiciones sub-estándar por la falta de planificación urbana

4)         Métodos e instalaciones deficientes para la recolección y eliminación de los desechos sólidos

5)         Contaminación de la atmósfera por las fundiciones y el desarrollo industrial incontrolado

El Dr. Peterson recalcó en esa oportunidad la necesidad de disponer de recursos financieros adecuados para el desarrollo de un programa integral de saneamiento ambiental proporcional a las dimensiones del problema. Señaló asimismo, la urgencia de que la población tomara consciencia y sintiera más preocupación por el ambiente para encontrar la solución adecuada al problema de la contaminación.

Dentro de ese mismo contexto, Richard Bath señaló en 1973, que los problemas ambientales en la región de la frontera requerían un enfoque ecosistemático para determinar la interrelación de los fenómenos ecológicos y enfrentar eficazmente los problemas ambientales.

Pero aun faltaba un elemento más por tomar en cuenta dentro del esquema ambiental México-Estados Unidos, el que sumado al criterio del Programa Binacional de 1963, constituiría el andamiaje de un plan de actividades que no apareció hasta años después. Este elemento son las substancias peligrosas que durante años utilizó y generó la industria maquiladora.

El interés por los problemas ambientales en la zona no es una nueva preocupación. Lo que si representa algo nuevo en esta época, es la dimensión convencional que se le dio a esta frontera en 1983 cuando el Presidente estadounidense Ronald Reagan y el Presidente mexicano Miguel de la Madrid firmaron en La Paz, B.C.S. un Acuerdo Internacional de Cooperación para la Protección del Ambiente en la Zona Fronteriza. La Agencia de Protección al Ambiente de los Estados Unidos (EPA) y la Subsecretaría de Ecología de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología de México, hoy Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), fueron designados organismos responsables de la vigilancia y control de los problemas ambientales.

El Acuerdo estableció que “…el área fronteriza se refiere al área situada dentro de 100 kilómetros hacia ambos lados de los límites terrestres y marítimos de los países signatarios…”; el Acuerdo determinó como franja fronteriza la zona de 200 kilómetros de ancho, 3,120 kilómetros de largo en tierra, y 650 kilómetros de largo en el mar, que se extiende desde el Océano Pacífico hasta el Golfo de México.

De esa manera, el área física de la región fronteriza que constituye el ambiente binacional tiene 624.000 kilómetros cuadrados, 25 condados del lado de los Estados Unidos y 35 municipios en México, y una población estimada actualmente en diez millones de habitantes.

Con el Acuerdo de la Paz, B.C.S., las provincias biogeográficas al norte y al sur de la línea fronteriza y sus poblaciones que sufren el efecto directo del desarrollo urbano y rural estarían protegidas de factores ambientales adversos. En ese respecto, se trató de homologar el control general de la región y reducir el efecto de los procesos de desarrollo sobre el ambiente. Sin embargo, durante los años siguientes al Acuerdo no se observó en los dos países gran progreso en el desarrollo de actividades de protección y control de la contaminación.

En 1990, el Presidente de México Carlos Salinas de Gortari y el Presidente George Bush de los Estados Unidos se reunieron en la Ciudad de Monterrey, N.L. para tratar sobre las relaciones futuras entre los dos países. Ese encuentro dio inicio a la política más ambiciosa de las dos naciones: la creación del mercado común, el Tratado de Libre Comercio de Norte América, junto con Canadá,

Uno de los puntos de cooperación internacional que ahí se discutieron fue la organización inmediata de una agenda de trabajo para el desarrollo de un plan binacional de protección ambiental. Con ese propósito, la EPA y la actual SEDESOL elaboraron el denominado Plan Integral Ambiental Fronterizo con la participación permanente de los sectores público y privado, para el mejoramiento de las actividades de coordinación y cooperación dirigidas a la solución de los problemas de contaminación del aire, el suelo, el agua y la eliminación de los desechos tóxicos.

Los elementos: financiero, interés público, enfoque ecosistemático y substancias peligrosas no se conjugaron sino hasta ese momento.

Durante el período diciembre 1990 – agosto 1991 se prepararon cinco borradores del Plan Integral Ambiental Fronterizo México-Estados Unidos. En el mismo año, las organizaciones responsables llevaron a cabo 17 audiencias públicas en ambos lados de la frontera para escuchar y tomar nota de las opiniones y reclamos de los habitantes de la zona, y ampliaron el período de recepción de recomendaciones hasta noviembre de 1991. El Plan Integral se publicó en febrero de 1992, confirmando el compromiso financiero de México y los Estados Unidos para resolver los problemas de la región.

Los problemas ambientales de la frontera México-Estados Unidos que representan un riesgo a la salud, se agruparon básicamente en tres categorías:

1)         Funcionamiento deficiente y carencia de infraestructura básica de servicios para desechos sólidos y líquidos

2)         Transportación de substancias y desechos peligrosos a través de la frontera, y disposición inadecuada de los residuos

3)         Control de fuentes industriales contaminantes

CONDICIONES AMBIENTALES DE RIESGO

PARA EL CRECIMIENTO Y DESARROLLO

AGUA

Abastecimiento y Calidad

En las principales comunidades fronterizas el agua proviene en su mayor parte de los Ríos Bravo y Colorado, ya que las fuentes subterráneas de agua son escasas. En el caso particular de la comunidad binacional de El Paso, Texas/Ciudad Juárez, Chihuahua, el suministro de agua proviene del Río Bravo y de los acuíferos de Mesilla y Bolsón del Hueco. A lo largo de la frontera, tanto el agua rodada como la almacenada es de dudosa calidad, ya que la falta de infraestructura para el manejo de las aguas residuales contamina los ríos con desechos fecales y químicos.

Aguas Residuales

Setenta por ciento (70%) de la población urbana que reside al sur de la frontera dispone de servicios de agua potable, y 60% de servicios de drenaje. Por otra parte, los asentamientos humanos ilegales o colonias sobre el norte de la frontera carecen de servicios de agua potable y drenaje. En las ciudades fronterizas mexicanas y en las colonias a lo largo de la frontera entre Texas y Mexico, la falta de servicios de agua potable y alcantarillado ha originado problemas sanitarios como las enfermedades gastrointestinales. No obstante, considerando que este escenario representa otros riesgos a la salud, como es el caso del cólera, las campañas preventivas para evitar su aparición han traído como consecuencia la disminución de las enfermedades gastrointestinales de mayor prevalencia en la región.

AIRE

Calidad del Aire

La contaminación del aire afecta sólo a algunas ciudades fronterizas populosas e industrializadas que exhiben tránsito binacional constante de vehículos automotores. Las fuentes estacionarias más importantes de contaminación atmosférica son las fábricas de ladrillo, las refinerías de petróleo, las plantas de cemento, las fundiciones de metal y otros minerales, y las centrales de electricidad o energía.

En las ciudades fronterizas con gran volumen de tránsito las fuentes móviles de contaminación son los vehículos automotores. En esas zonas es menos costoso que en el resto del país adquirir un automóvil. En consecuencia, la mayoría de los residentes posee un vehículo, muchos de ellos con más de diez años de antigüedad y funcionamiento deficiente, por lo que producen altas concentraciones de monóxido de carbono.

En Ciudad Juárez/El Paso, el problema es aún más grave, ya que aproximadamente 41.000 vehículos cruzan al día, tomándoles de 30-45 minutos pasar los puentes internacionales.

El Paso, Texas supera los estándares de emisión establecidos por la EPA en cuanto al total de partículas suspendidas, monóxido de carbono y ozono.

En esta zona también se observa el fenómeno de inversión térmica que se acentúa durante los meses de invierno.

Los habitantes de las zonas marginales de las ciudades mexicanas y de las colonias americanas, padecen de enfermedades bronco-respiratorias, parasitosis y alergias. Esas enfermedades son ocasionadas especialmente por las condiciones desérticas, los fuertes vientos de la región y el polvo que se levanta y disemina residuos biológicos en esas comunidades que carecen de caminos pavimentados.

Actualmente, en las ciudades de Tijuana/San Diego, Ciudad Juárez/El Paso, y Matamoros/ Brownsville, se desarrollan programas de muestreo de aire para medir los niveles de carbono, ozono y metales.

DESECHOS SOLIDOS

La eliminación de los desechos sólidos es un problema grave en la región fronteriza, ya que los servicios municipales de limpieza no disponen de personal y equipo suficientes para su manejo, y con frecuencia depositan la basura en lugares abiertos.

De acuerdo con las estimaciones del Plan Integral Ambiental, en la frontera mexicana se genera 0.654 kilogramos diarios per cápita de desechos sólidos, es decir, 2,493.7 toneladas métricas diarias. Del lado americano se producen 2.2 kilogramos diarios per cápita, o sea 12,699 toneladas métricas diarias. En total se producen 15.193.5 toneladas métricas diarias de desechos. La diferencia en toneladas entre uno y otro lado de la frontera, se debe a las envolturas y cubiertas que por lo general tienen los productos americanos. No obstante, esos promedios difieren de acuerdo con la estación, aumentando considerablemente en el verano por el consumo mayor de frutas y líquidos envasados.

Las zonas marginales de las ciudades fronterizas no cuentan con servicios municipales de limpieza, por tanto, los desechos son colocados con frecuencia en los patios traseros de las viviendas o en los terrenos baldíos. Lo mismo ocurre en las colonias del lado fronterizo americano.

Aunque los desechos industriales deben ser eliminados de manera adecuada de acuerdo a su cantidad y características, gran parte de ellos son colocados en los basureros municipales por los mismos servicios de limpieza, o de manera ilegal por las empresas que los producen.

LA INDUSTRIA MAQUILADORA

La industria maquiladora a lo largo de la frontera México-Estados Unidos, ha venido a establecer una nueva época con un diferente estilo de desarrollo. El sector de salud ha expresado preocupación por los procesos industriales que emplean estas empresas. Esos procesos industriales presentan riesgos especiales de salud para los trabajadores expuestos al contacto con las substancias químicas peligrosas que se emplean en la manufacturación, a la emanación de gases tóxicos y asimismo por el nivel de concentración que requiere el proceso de ensamblaje para llenar las cuotas asignadas de producción.

El número de industrias maquiladoras en la zona fronteriza norte de México se ha incrementado considerablemente. Exclusivamente sobre la línea fronteriza, en la actualidad operan 1.560 industrias que emplean 356.261 trabajadores aproximadamente. Esas industrias están distribuidas en 15 poblaciones de la frontera.

SUBSTANCIAS PELIGROSAS

Productos Industriales

Como se mencionó líneas arriba, el problema causado por las substancias peligrosas que utiliza la industria maquiladora en la zona fronteriza es un problema ambiental relativamente nuevo. El problema se centra en el manejo inadecuado de substancias peligrosas que producen residuos tóxicos, que penetran en el ambiente y afectan al hombre y sus comunidades.

La eliminación de los desechos peligrosos representa un riesgo grave de salud pública. La SEDESOL y la EPA han reportado que la eliminación ilegal de los residuos tóxicos es un hecho frecuente en la zona fronteriza. En 1991, la EPA notificó que un 54 % de la industria maquiladora estaba trabajando con sustancias tóxicas, y que sólo el 35 % de esas industrias regresaba sus residuos tóxicos a los Estados Unidos. No se ha determinado cómo eliminan las restantes empresas sus desechos tóxicos.

En la región fronteriza se utilizan con frecuencia barriles metálicos como depósitos de agua destinada a la preparación de alimentos, aseo personal y lavado de ropa. El uso de esos barriles presenta un riesgo especial de salud, ya que esos barriles originalmente fueron depósito de substancias tóxicas; luego, son pintados con pinturas de alto contenido de plomo y colocados al aire libre sin ninguna clase de cobertura para proteger el agua.

Asimismo, es común que los padres de familia, trabajadores de la industria maquiladora, regresan a sus hogares con la ropa cargada de partículas peligrosas que dispersan sobre el piso, las mesas y camas de las viviendas.

Agroquímicos

La franja de tierra fronteriza tiene 1, 012,145 hectáreas de tierra cultivable que produce principalmente algodón, sorgo, avena y maíz, mientras 8, 299,595 hectáreas producen forraje para pastos nativos. Los fertilizantes y plaguicidas que se utilizan en ambos lados de la frontera son en parte los mismos. Pero algunos de estos no se usan en un lado, porque son muy caros, o en el otro, porque su uso está prohibido. En 1990, la Comisión Internacional de Límites y Agua detectó DDT, DDE y clordano en muestras de tejidos de peces provenientes de la Presa Internacional Falcón, en Laredo, Texas/Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Los plaguicidas son algunas de las substancias tóxicas que mayor uso han tenido en la franja fronteriza, sin embargo, significan un problema ambiental sobre el cual se dispone de escasa información.

Productos domésticos

La región fronteriza presenta una situación particular, de un lado se expenden los más sofisticados productos de limpieza o de control de plagas, y se refuerza rigurosamente el cumplimiento de la ley en cuanto a su uso, y en el otro lado se expenden insecticidas y jabones con DDT que se emplean para el control de plagas caseras o para combatir los piojos en los niños. En el microambiente casero se encuentran con frecuencia más de cinco productos químicos tales como petróleo, alcohol industrial, lejía, insecticidas líquidos o en polvo y otros productos de limpieza que presentan riesgos de salud para los niños.

FACTORES DE RIESGO AMBIENTAL

Es indiscutible que parte de la morbilidad y mortalidad que ocurre en la zona fronteriza entre México y los Estados Unidos está asociada con factores ambientales adversos. Sin embargo, es difícil determinar el porcentaje de morbi-mortalidad causado por los agentes ambientales adversos y el porcentaje causado por los factores no ambientales. Algunas enfermedades gastrointestinales como las diarreas, por ejemplo, están directamente asociadas al agua contaminada por materia fecal u otros residuos biológicos. No obstante, no se ha determinado si otras enfermedades, como el cáncer de la piel o bien los defectos del tubo neural que han ocurrido en la frontera durante los últimos meses, están relacionadas con los agentes contaminantes.

Si bien, como en un principio se mencionó, el ambiente de la región fronteriza representa para el desarrollo de los niños un riesgo mayor que el de otras regiones de uno u otro país, p.e. las ciudades hermanas de El Paso/Ciudad Juárez y San Diego/Tijuana exhiben los niveles más altos de contaminación en los dos países asociados con la falta de agua potable, manejo inadecuado de desechos y una deficiente calidad del aire, el esfuerzo que sus comunidades y autoridades están haciendo para reducirlo es patente.

Por un lado, los Gobiernos de México y Estados Unidos, a través de las autoridades de ecología y medio ambiente, han destinado cerca de 1,000 millones de dólares para la operación de la primera etapa 1992-94 del Plan Integral Ambiental Fronterizo, lo que significa para la región una mejor coordinación, incremento de infraestructura básica de servicios y un mayor control sobre la calidad de aire, agua y suelo. Por otro lado, las autoridades de salud de dichos países dieron inicio, en 1992, a un programa binacional de salud denominado Proyecto de Ciudades Hermanas cuyo propósito es el de “desarrollar a largo plazo una estrategia binacional de salud y actividades conjuntas con los oficiales locales de salud de los Estados Unidos, y los Jefes de Jurisdicción de México”.

Con el tema de salud ambiental, son 2 los pares de ciudades hermanas que están participando: Nogales, Son./Nogales, AZ con un proyecto de educación ambiental, y Cd. Acuña, Coah./Del Rio, TX con un proyecto para mejorar la infraestructura de agua potable y aguas residuales. Además, el Ayuntamiento Municipal de Cd. Juárez recientemente solicitó de la Organización Panamericana de la Salud, su cooperación técnica para la construcción del nuevo relleno sanitario, diseño de modelos para recolección eficiente de basura, y la creación de un programa de concientización ecológica.

Ante el esfuerzo y entendimiento que, entre otros, se está dando en los sectores de salud y ambiente de México y los Estados Unidos, la meta por alcanzar una mayor protección a la salud humana y a los ecosistemas naturales de la región, tiene sus raíces en la concientización de los niños que hoy habitan la región y que mañana tomaran el destino en sus manos.

VGA. Environmental Health Consultant. PAHO Field Office. El Paso, Texas. Frontera MEXUS.

Symposium. Foundation for the future: The health of the family in the United States – Mexico Border.

Pan American Health Organization/World Health Organization

Carnegie Corporation of New York

Pew Charitable Trust

El Paso, Texas. February, 1993.

John Snow y el Cólera: Ayer y Hoy

DEL COLERA

John Snow

En 1849, cuando Robert Koch, descubridor del bacilo comma o Vibrium cholerae apenas contaba 7 años, el médico inglés John Snow publicó un artículo llamado Sobre el modo de transmisión del cólera, en el que señalaba que la “sustancia mórbida” de este mal se reproducía en el cuerpo de la víctima, que salía de él mediante el vómito y las excretas, y que posteriormente ese veneno era llevado a otros individuos por el agua contaminada.  Con mucho tino, basándose en observaciones personales y en el análisis comparativo de los registros de otros médicos, Snow presuponía que: “la sustancia mórbida del cólera tiene su propia manera de producirse, debe tener una estructura semejante a la de una célula”, y pensaba que podía ser reconocido por el microscopio.  Él no hizo esta búsqueda porque su labor era más la de un médico clínico que la de un clínico investigador.

Sobre su contagio, afirmaba que “nada favorece más la propagación del cólera que la carencia de aseo personal” y el manejo de alimentos “preparados o manipulados por personas que atendieron al paciente o manejaron sus ropas personales o de cama”.  Pero además, Snow pensaba que si así fuera entonces el cólera no se difundiría alarmantemente entre las poblaciones.  Por tal motivo debería de existir un factor abierto que le diera posibilidades de dispersarse: el agua.

Su trabajo no despertó ningún interés entre la comunidad médica inglesa de ese tiempo.  Pero, en 1854, se le presentó la oportunidad de convalidar su hipótesis con la práctica: en ese año hizo su aparición en Inglaterra una nueva epidemia de cólera.  La población londinense de ese entonces se abastecía del agua del río Támesis por 2 acueductos: uno proveniente de su curso de arribada, y el otro del curso de salida de la ciudad.  Encontró que, en efecto, la zona más afectada fue la que obtenía el agua más impura.

El trabajo de Snow sobre el cólera fue un clásico estudio epidemiológico en el que construye una teoría basándose en información morbil, datos de incidencias y presunciones de que el mal tenía que ser causado por un agente biológico. Sus resultados y recomendaciones daban la pauta para montar un sistema preventivo o de control, y, de haberse empleado, pudieran haber evitado la muerte de numerosos individuos a causa del cólera.

El Enemigo Aislado

Hacia los años 80’s de ese mismo siglo XIX, después de que los laboratorios europeos habían sido invadidos por una denominada furia microbiana, esto es, por la obsesión de fundamentar la idea de que las enfermedades del hombre y demás organismos vivos eran producidas por diminutos seres microscópicos, y que para menguar los daños que sobre ellos infligían era pertinente encontrarlos, definir su relación con el huésped y formas de propagación, en el bajo Egipto se prendió la mecha de una nueva epidemia de cólera.

Dado que esta era una de las innumerables enfermedades que aun no se habían abordado para su estudio, los científicos consideraron que ese era el momento para iniciarlo y tratar de evitar que el mal se extendiera a Europa.  Pasteur propuso un plan de acción al Comité de Higiene de Francia y enviaron a Alejandría una misión sanitaria.  Por otro lado, Alemania, en abierta competencia en la carrera por el descubrimiento de microbios nocivos, envió a ese lugar al Dr. Koch.  A la misión francesa fue acompañada por la desgracia, uno de sus investigadores, Luis Thuillier de 26 años, enfermó de cólera y murió a los pocos días, el 19 de septiembre de 1883.  Koch fue uno de los que acompañaron al difunto y sostuvieron su mortaja.

Ni el grupo francés ni el alemán alcanzaron el éxito deseado, aunque Koch creyó haber detectado al agente causal.  No obstante, como la epidemia perdía fuerza, cada vez era más difícil encontrar casos de cólera que permitieran continuar el estudio.  Por ello Koch se trasladó a la India, donde el cólera era endémico y poder finalizar su labor.  Al retornar a Alemania ya traía consigo una respuesta: el cólera lo producía un microbio en forma de coma y se propagaba por el agua contaminada.

El cólera en la Historia

Aunque se supone que los registros sobre el cólera se remontan hasta antes de nuestra era, generalmente las descripciones que sobre epidemias diarreicas se mencionan en la historia no encajan con el cuadro clínico que hoy día se conoce de la enfermedad, o su dinámica epidemiológica no refleja el patrón de dispersión identificado.  Es al médico hindú Susrata, del siglo VII, a quien se le considera el autor de la primera reseña autorizada del cólera.

Después del siglo XV hasta el XVIII, son numerosos los registros que sobre epidemias de cólera levantan los historiadores asiáticos o los exploradores europeos.  Pero durante los siglos XIX y XX ocho pandemias azotaron duramente a las poblaciones de 4 continentes.  La primera de ellas comenzó en Bengala en 1817, y se extendió a Japón, a la frontera chino-rusa y a la península arábiga.  La amenaza que sobre Europa se cernía quedó conjurada por el invierno de 1823-1824.  La siguiente pandemia, que en 1826 se originó también en la India, se extendió sobre Rusia a través de China y Afganistán, alcanzando en 1832 a Inglaterra, Canadá y norte de Estados Unidos, en 1833 a México y Cuba, y en 1837 a Guatemala y Nicaragua.  México todavía se vio afectado por otras pandemias originadas en Asia o el norte de África, durante los años 1840’s y 1850’s.  Se estima que en las 3 ocasiones que México se vio afectado por el cólera, los contagios vinieron del norte, es decir, por los Estados Unidos.

La séptima pandemia surgió, de nueva cuenta, en la India, en 1902, asolando China, Filipinas y Europa.  Se retiró en 1925.  Cada ciclo de las 7 anteriores pandemias dejó millones de muertos.  La octava se presentó en 1961 y terminó en 1975, extendiéndose desde Bengala.  Por el noreste hasta Corea, y por el oeste hasta África.  Debido a la medicina moderna y al apoyo internacional para proveer un mejor saneamiento ambiental a las zonas afectadas, esta pandemia produjo menos víctimas que las anteriores.

Hoy día está ampliamente aceptado que la India es el reservorio natural de esta enfermedad; es un sitio donde el cólera endémico es parte del panorama morbil del país.

Epidemia en la América Contemporánea

El 31 de enero de 1991 se notificaron en el Perú los primeros casos de cólera para la América del siglo XX.  Se considera que en el puerto de El Callao, a unos cuantos kilómetros de Lima, dio comienzo este problema, el que de inmediato se extendió hacia el norte: Chancay, Chimbote, Trujillo, Chiclayo y Piura; y hacia el sur: Chincha, Arequipa e Illo.  Las primeras investigaciones arrojaron que el agente patógeno de esta epidemia era el Vibrio cholerae, biotipo El Tor, una de las dos variedades conocidas de cólera, y la más peligrosa.

La hipótesis sobre el origen de la epidemia es que quizá algún barco arrojó desechos contaminados cerca de la costa, mismos que contaminaron a peces, moluscos y crustáceos que la gente de la localidad acostumbra a comer crudos como “ceviche”; sin embargo, esta hipótesis no tiene mucho sustento, ya que la aparición de la epidemia fue casi simultánea a lo largo de la costa peruana; además, en pocas semanas se diseminó hacia Ecuador, Colombia y Brasil.  En abril se registraron casos en Chile, en mayo en Venezuela, y en junio ya había llegado al hemisferio norteamericano, a México.  En esos momentos ya se había iniciado también en Bangladesh y en Irak.

La fortaleza de la epidemia del cólera está en que los principales riesgos epidemiológicos para la población son casi los mismos en toda América Latina, a saber: tomar agua sin hervir, beber aguas frescas e ingerir antojos callejeros, comer peces y mariscos crudos, comer legumbres regadas con aguas negras, vivir hacinados en habitaciones que sirven de dormitorio y cocina a la vez, y, particularmente, la falta de higiene.  Pero en este caso, existía un factor más de riesgo para el pueblo peruano: el arroz, grano que después de preparado, si no se come de inmediato, al transcurrir algunas horas el sobrante puede servir de vehículo para el Vibrio cholerae.

La más importante vía de contaminación son las aguas residuales, que llegan a adulterar las fuentes de abastecimiento de agua de las poblaciones.  Por tal motivo, las medidas rápidas de acción que se tomaron fueron: movilizar su flujo; clorar las aguas antes de que entraran al sistema de distribución o, por si esto no fuese viable, en algunas entidades se les entregó a los pobladores una pequeña cantidad de solución para que ellos hicieran el trabajo con el agua destinada a consumo propio; monitoreo microbiológico y fisicoquímico de las aguas, y contrastación de los datos obtenidos con los reportes epidemiológicos.

La protección del agua ha llegó a ser para el objetivo de salubridad más importante de las naciones latinoamericanas.  No sólo se trataba de proteger la salud de los ciudadanos, sino evitar que el comercio de exportación y el turismo se desplomaran.  La forma de practicar esta protección era, por una parte, estableciendo medidas de control y mejora de la calidad del agua, y, por otra, implementando un plan de contingencia para en casos de desastres naturales o de sabotaje que echaran por los suelos el esfuerzo.

La actual epidemia de cólera en el Perú está considerada como el principio de la novena pandemia.  Como uno de los azotes de la humanidad de todas las épocas, el cólera vino a recordarnos cuanto falta aún para que la súper tecnología de los países desarrollados imponga su condición de orden y progreso sobre más de las 2 terceras partes de la población mundial que aún viven como el hombre paleolítico.  O, por decirlo de mejor manera, nos indica que donde debemos trabajar es en la tecnología social más que en la científica ya que este problema, como lo afirmó Jean-Michel Fournier del Instituto Pasteur de París, debe tener una respuesta política más que científica.  Esta última hace más de cien años que se encontró.

No es gratuito que el inicio de esta nueva pandemia de cólera se haya originado en el Perú.  Su sistema social, durante los anteriores 20 años, fue muy golpeado por los desastres naturales así como por los sociopolíticos.  Su infraestructura de servicios ha estado desorganizada, a veces inexistente en algunas regiones, y muchas de las costumbres alimenticias de los peruanos ligadas al producto de sus costas; de tal manera, el medio ambiente fue un sustrato favorable para un comienzo rápido e intenso de la pandemia de cólera.

El cólera ha venido a enseñorearse de la América de fin de siglo.  Su impacto ha sido catastrófico y campea entre Norte y Sudamérica.  Aún sigue cobrando su cuota de víctimas antes de ceder y retirarse.

Colofón

“Si el cólera no tuviera otras formas de transmisión que las que se han expuesto, forzosamente se limitaría casi exclusivamente a las viviendas atestadas de un lugar, por falta de oportunidad para encontrar nuevas víctimas; pero existe a menudo una vía abierta que le permite extenderse por sí mismo y atacar a las clases acomodadas de la comunidad…” John Snow, 1849.

VGA. 1992. Artículo originalmente publicado en el Epidemiological Bulletin/Boletín Epidemiológico (bilingüe) de la recientemente clausurada Asociación Fronteriza México-Estados Unidos de Salud (AFMES) / United States–Mexico Border Health Association (USMBHA). RIP 1942 – 2010.

Sesenta y ocho años de experiencia y servicio a la comunidad binacional mexicano-estadounidense echados en saco roto.

Email: vgarza@uacj.mx

El terrible lastre de la tesis

TESIS

Hace más de veinticinco años escribí mi tesis profesional. En aquel momento estaba viviendo en la ciudad de Tapachula, Chiapas, alejado de Monterrey, donde estudié. Como entonces trabajaba en un centro de investigación, rodeado por científicos internacionales que de continuo estaban generando resultados de sus proyectos y constantemente tenían que elaborar reportes técnicos, conferencias, artículos científicos y hasta libros, por la influencia de esta gente fue para mí de lo más natural cumplir con el requisito que mi universidad pedía para que me graduara.

Pero esta experiencia, que en lo personal fue más cuestión de trámite que problema, para miles de jóvenes mexicanos ha sido, por decenas de años, un factor insuperable para la obtención del título universitario. Y es que las universidades públicas de México, como norma y por largo tiempo, han exigido a los estudiantes que culminan sus estudios profesionales la realización de una investigación en su disciplina y la presentación, por escrito, de sus resultados. En el lenguaje universitario se le conoce a todo este proceso, simple y llanamente, hacer la tesis.

Quienes introdujeron el requisito de la tesis en todas las universidades públicas del país, sin duda lo hicieron con la mejor de las intenciones y no para crearles dificultades a los estudiantes. Han de haber pensado que si después de haber sometido a los alumnos a una fuerte carga académica de teoría y prácticas de laboratorio y campo, y si sus maestros les guiaban en la realización de una investigación, que como remate tendría que ser presentada verbalmente en un foro especializado para la defensa de dicho estudio, se producirían profesionistas altamente capacitados para el manejo de problemas en biología, ingeniería, agronomía, economía, filosofía o cualquier otro campo del conocimiento.

Pero la realidad no sucedió tal cual. La tesis se convirtió en una infranqueable barrera que, por lo menos durante los últimos 50 años, imposibilitó la titulación de un incalculable número de egresados. De tal manera, México comenzó a llenarse de profesionales universitarios sin título, mejor conocidos como: pasantes.

La pasantía no era un obstáculo para conseguir empleo. A principio de la década de los 80 del pasado siglo, yo mismo y muchos de mis compañeros comenzamos a trabajar como profesionales en instituciones públicas y privadas, sin el mayor problema, cuando aún éramos pasantes. No nos exigieron el título, ni la cédula para el ejercicio profesional, pero sí, por increíble que parezca, la cartilla de servicio militar, que era un documento imprescindible para firmar un contrato laboral. Tampoco la administración de las universidades de entonces nos impusieron plazo alguno para titularnos, que lo mismo podría suceder al concluir los estudios o veinte años después. Simplemente terminábamos el aprendizaje de nuestras carreras y ya éramos profesionales. Y si estaban así de fáciles las cosas, ¿para qué mortificarse entonces por la obtención del título? Algún día volveríamos por el título… o tal vez nunca.

Hasta donde sé, todavía existen ex-compañeros universitarios aún que conservan su calidad de pasantía, algunos de los cuales trabajan para instituciones gubernamentales, en algunas escuelas de nivel medio profesional o en empresas privadas. Sin duda su experiencia es vasta, pero lamentablemente no hubo forma de hacer que cumplieran con el requisito de la tesis para que les extendieran su título universitario.

Para quienes tuvieron la mejor intención de graduarse y no lo consiguieron, la cosa de la tesis se les convirtió en un tabú, en un verdadero trauma colectivo y generacional que aún hoy sigue afectando a miles de antiguos egresados.

A mi me queda claro que el problema no eran los estudiantes, sino el sistema de titulación con tesis que fue insertado con carácter de obligatorio en las universidades públicas; es decir, que fue puesto en marcha sin que antes se hubiera preparado el terreno, o sea, se elaboraran materiales y se preparara a los maestros universitarios para que supieran cómo hacer frente a esa nueva situación. Había algunos cuantos catedráticos que entendieron la intención de la iniciativa y supieron como responder a ella; unos más aprendieron a base de tropiezos y caídas; pero otros, la inmensa mayoría, no tuvo la menor idea de su significado ni de su importancia.

Así las cosas, ya no digo los estudiantes, sino que ni los propios catedráticos estaban entonces del todo capacitados para plantear un proyecto y hacer una investigación, por pequeña que esta fuera, ni mucho menos para registrar por escrito y publicar los resultados obtenidos, que es lo que por regla se debe de hacer. Luego, cuando tenían que dirigir las investigaciones de los estudiantes que se supone iban a asesorar, se les dificultaba encontrarle la cuadratura a lo que por redondo no alcanzaban a ver. Pero además, cosa que tampoco se tomó entonces en cuenta, es que si el gusto de algunos maestros era exclusivamente la enseñanza –pues a muy pocos les ha interesado o les llama la atención la investigación–, poca motivación tendrían para emprender estudios y estar en permanente búsqueda de información para actualizarse como investigadores.

En tal razón, el biólogo Efraím Hernández X., presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, afirmaba en 1960: “no tenemos profesionales preparados para surtir de maestros nuestras escuelas máximas de enseñanza (universidades), ni para ocupar los puestos disponibles en las instituciones de investigación.” Por esto, en las escuelas de educación superior se vieron obligados a dar nombramientos de catedráticos a gente carente de instrucción formal: “ante esta situación, agregó Hernández X, hemos improvisado –tenemos personas que dicen ser botánicos por el hecho de trabajar con plantas–…”

Este fenómeno de incumplimiento con el requisito de titulación se generalizó en todas y cada una de las carreras de las universidades autónomas del país que exigían la tesis, y, a medida que se abrieron nuevas instituciones públicas, el problema se repitió y agudizó. El dato exacto sobre la cantidad de egresados universitarios que no se titularon en los últimos 50 años se desconoce, pero en porcentajes se estima que oscila alrededor del 80% de los que terminaron sus planes de estudios.

El valor de la tesis es indiscutible. Su planteamiento y desarrollo permite al estudiante vislumbrar los principios de la investigación y hacer de él un profesional con perspectiva sobre la búsqueda y generación del conocimiento. Sin embargo, como en más de medio siglo de aplicación este sistema no enraizó en la cultura universitaria del país, en la actualidad ha desaparecido en la mayoría de los planes de estudio. Cada vez serán vez menos los jóvenes que, motivados por sus investigaciones de tesis a nivel licenciatura, desde temprana edad se interesen por la investigación científica, y mayor el problema de la gerontocrática comunidad científica mexicana, que en buena medida está constituida por personas mayores de 55 años, de renovarse con sangre nueva. Lamentablemente, el problema de la tesis se repite con la misma intensidad en los estudios posgraduados de maestría y doctorado.

Para salvar la no titulación por tesis de los egresados de las universidades públicas, el sistema cambió drásticamente en la última década facilitando la obtención del título mediante la elaboración de trabajos de investigación en equipo, reportes de estancias industriales, hasta el cursar media carrera de maestría, entre otras alternativas. Al fin y al cabo las universidades privadas, que no han adolecido del rezago que genera la titulación obligatoria con tesis, al igual que las universidades americanas les entregan el título al concluir el último curso de la carrera.

VGA.  Febrero 19, 2010.

Revisado y actualizado.

Juárez, Chihuahua. México.

Geopoesía

La Historia de las Cuencas Oceánicas de Hess, un Texto Científico Cargado de Poesía

Harry H. Hess (1906-1969), profesor de Princeton, escribió en 1960 un texto llamado The history of ocean basins, que sería publicado como reporte en 1962. En uno de los párrafos de la introducción se lee:

“El nacimiento de los océanos es asunto de conjetura, la historia subsecuente es obscura, y la presente estructura está apenas comenzando a ser entendida”.

Luego, porque explicaba la idea de la deriva continental a partir de la formación de un nuevo suelo en el fondo de las cordilleras oceánicas, advirtió a sus lectores lo que él estaba presentando:

“Yo debo considerar a este artículo como un ensayo de geopoesía… que bordea la fantasía”

Es decir, una conjetura sobre la formación, evolución y desplazamiento del suelo oceánico. Hess especulaba que los riscos del fondo marino, debido al levantamiento de la tierra y a la convección de las corrientes marinas, eran hendiduras que literalmente se abrían desplazando a las inmensas montañas submarinas, produciendo el fenómeno que denominó deriva continental.

Para tratar de entender el complejo y casi incomprensible fenómeno, Hess apeló a la cuantiosa información existente entonces, con la que sin duda se divirtió especulando sobre lo que pudo haber ocurrido en millones de años. Esto se aprecia así porque, en uno de los párrafos del reporte, escribió:

“la especulación se dispersa en ilimitadas variaciones, y la resultante geopoesía no tiene ritmo ni razón”

Reflexiona como un filósofo, planteando hipótesis, pero el hilo conductor de sus conjeturas se agarra con las uñas de los datos de otros, de algunos pocos hechos, y de las múltiples ideas sin piso que sólo valen en el contexto científico debido a que metodológicamente están justificadas. Pero igual piensa como marino, que por años navegó en aguas calmas y en mar picado, que probó el radar recién inventado viendo más las sombras del fondo del mar que las naves enemigas de los japoneses. Tuvo tiempo para ser navegante, científico, pensador, profesor universitario y, como lo muestra su escrito sobre las cuencas oceánicas, más poeta que geólogo.

Al final de esa magnífica pieza científica poética, Hess escribió:

“En este capítulo el escritor ha intentado inventar una evolución de las cuencas oceánicas. Es casi imposible que todas las presunciones hechas sean correctas. Sin embargo, parecen ser un marco útil para probar varios y diversos grupos de hipótesis relacionadas con los océanos. Se espera que el marco teórico, con los parches y reparaciones necesarias, puedan eventualmente formar la base de una nueva y más resonante estructura”.

Este trabajo, que podría caracterizarse como un artículo de revisión o paper review, fue publicado originalmente en el Petrologic studies: a volume in honor of A. F. Buddington. A. E. J. Engel, Harold L. James, and B. F. Leonard, editors. [New York?]: Geological Society of America, 1962. pp. 599-620.

Como puede advertirse, un paper review no es meramente una compilación documental, como muchos investigadores mexicanos creen, y que por lo tanto desdeñan y evalúan negativamente; consiste en un trabajo muy fino de lectura crítica de trabajos científicos de otros autores, que le permiten al investigador lector apelar a su experiencia y capacidad reflexiva para remontar esas ideas y proponer algo nuevo y diferente. Como alguna vez dijo el Premio Nóbel y químico teórico Roald Hoffman, palabras más palabras menos, “los científicos trabajan para mí, yo recojo la pedacería que generan en sus laboratorios y publican, la analizo y trasciendo, y los modelos que genero y publico ellos los prueban por mi en sus laboratorios”. Además, como también mencionó en otra ocasión Paul Feyerabend, “la ciencia es un cuento de hadas para adultos”. ¿O a poco creen que los documentales de las caricaturas digitales de dinosaurios reflejan la pura realidad? La misma historia tiene diferentes versiones según quien la cuente.

VGA. Febrero 11, 2010

Desde la trinchera en Ciudad Juárez, México.

¿Ghostwriter o negro literario?

El Escritor Fantasma

La escritura es quizá una de las cosas más apasionantes e intensas que cualquier persona pueda experimentar en su vida, tomado esto desde un punto de vista intelectual. Para Karl Popper, aprender a escribir, primero, y después saber comunicar por escrito sus ideas, junto aprender a leer y saber leer, fue el mayor logro de su desarrollo intelectual.

Pero no todos piensan lo mismo, casi nadie lo hace. Para la mayoría de las personas, la escritura no deja de ser un acto mecánico que sirve para poner palabras sobre papel o, como ahora se acostumbra, en la brillante pantalla de la computadora o el teléfono celular, ya sea para recordar un asunto o mandar una nota. La brevedad de lo que a la carrera se apunta, con palabras o frases compuestas para hacerlas cortas, difícilmente podría catalogarse como escritura; son garabatos con un significado encriptado descifrable sólo por pocos. Tan así es la cosa que hay profesionistas universitarios que, al pedírseles que escriban en ese momento su curriculum vitae, refieren sus vidas en menos palabras que las que contiene este párrafo.

Esto ha hecho que cuando se ven en apuros, ya sea porque tienen que escribir una tesis, una conferencia o un artículo de opinión, busquen apoyo para salir de ese paso. Es entonces cuando se acercan a alguien que los puede sacar de apuros, a uno que al menos puede escribir mejor que ellos. A esas personas que escriben por otras se les denomina en inglés ghostwriters, que literalmente quiere decir escritores fantasma, en español se les llama, un tanto despectivamente, negros literarios o simplemente negros. No lo hacen gratuitamente, el trabajo se vende; de hecho, hay muchos que viven a expensas de la agrafía de sus clientes.

Pero también se hace trabajo de ghostwriting cuando, por ejemplo, una empresa contrata a una agencia para que le elabore manuales de operación, hojas técnicas de productos, guías y otros artículos necesarios para su mejor funcionamiento, o un político se rodea de escritores de discursos. En estos casos, las ideas que hay que destacar en los textos técnicos o en los discursos se les dice a los ghostwriters, luego ellos ponen a trabajar lo mejor de su oficio para producir documentos para quienes los contrataron.

Los ricos y famosos también contratan ghostwriters para que escriban sus autobiografías. Es harto difícil, sino es que imposible, encontrar a un famoso o un súper ocupado político que se haya tomado el tiempo del mundo para sentarse a recordar y escribir, de una forma literaria y con estilo agradable, su vida, y dejar de lado el glamoroso ajetreo de estrella de la música, del cine, del deporte o de la política.

Pongamos por caso la autobiografía del grupo de rock Aerosmith. ¿Se imaginan a Tyler o Perry colgando las guitarras para entonar una balada silenciosa de al menos 200 mil palabras que cuenten sus avatares en un libro de más de 400 páginas? ¿O al ex boxeador Mohammed Alí, con su mal de Parkinson a cuestas, empuñando una pluma para dejar memoria de sus hazañas en 200 y pico de páginas? ¿O al beisbolista Sammy Sosa, bateando jonrones de millones de dólares a la par que displicentemente cuenta su vida? ¿O al político Tony Blair, personaje tomado como referencia para The Ghost, de Robert Harris, excelente novela llevada a la pantalla por Román Polanski, escribiendo New Britain: My Vision Of A Young Country?

Muchos autores, famosos ahora, fueron en un tiempo fantasmas de tiempo parcial o tiempo completo, dependiendo de sus necesidades. Entre ellos se encuentra Sinclair Lewis, que escribió cuentos para Jack London, o Paul de Kruif, que colaboró cercanamente con Sinclair Lewis en la escritura de Arrowsmith. En algún tiempo, Tito Monterroso, José Emilio Pacheco y Carlos Monsivais, entre otros, colaboraron en varias revistas médicas mexicanas, como El Médico o Médico Moderno, y en Comunidad CONACYT, del consejo de ciencia de México. No sé si fueron ghosts o no, pero JEP y Monsivais aparecían en el directorio editorial de las revistas médicas y estas contenían muy buenos artículos culturales anónimos.

En versión diminuta, creo que algunos de los que en cierta manera medio nos defendemos en materia de escritura, al menos una vez hicimos trabajo de ghostwriter… obligados por las circunstancias. Yo lo hice incontables veces en un organismo internacional de Naciones Unidas donde laboré por varios años en la década de los 90s. Se me encargaban reportes, análisis, discursos, y hasta artículos científicos, en ninguno de los cuales apareció mi nombre. Se me decía que el trabajo era institucional y no personal, pero el jefe sí que le ponía su nombre. Una vez, ya para retirarse, también obligado por las circunstancias y aprovechando las semanas que aún le quedaban con vida por ahí, uno de tantos jefes que actuaba de igual forma que lo otros, nos puso a todos los profesionales a redactar un libro. Como director de orquesta él dizque lo dirigió, y nosotros escribimos los capítulos que ideamos por propia cuenta. El libro se publicó en Estados Unidos, pero esa persona ni siquiera nos agradeció el trabajo. La última vez que supe de su existencia se encontraba trabajando como profesor en una universidad americana. Si alguna vez concursó por el tenure, la inercia del publish or perish lo ha de haber empujado a conseguirse un ghost.

Viendo el lado positivo de esta experiencia, hubo un momento en que me percaté que si los textos escritos por mi podían llegar sin problema al mismo escritorio del director general de esa oficina internacional para las Américas, o al director de la US Environmental Protection Agency, o al subsecretario de ecología de México, entre otros grandes cartuchones, me podía dar por bien servido, no importaba que no supieran quien hizo el documento que tenían ante sí. Pero probablemente nunca leyeron ninguno de mis textos, han de haber estado tan ocupados que todo el trabajo de lectura y análisis lo dejaron a cargo de sus ghostreaders.

VGA. Febrero 2, 2010.

Ciudad Juárez, Chihuahua. México.

Frontera México – Estados Unidos.

Una estrella en la arena pública

El Funcionario Hechizo y las Vacas Locas

Una de las costumbres más extendidas entre los mexicanos es la de creer que el puesto público hace al experto. Una persona que ayer era un ciudadano común, ni más ni menos que cualquier otro, y que por azares del destino es primo o amigo de alguien que recién ascendió en la escala política, hoy resultó premiado con una jefatura, una delegación o una dirección pública de cualquier cosa. Sin saber ni jota de lo que se trata eso que acaba de adquirir, la mera ostentación del cargo le convierte en el próximo sabelotodo del asunto. El problema es lo que hará o dejará de hacer mañana.

Del anonimato civil salta al estrellato popular. Los medios acosan al nuevo ungido, tocayos de apellido lo identifican en su árbol genealógico como pariente tercero, los del barrio lo nombran vecino del año, colegas y ex-compañeros se cooperan para sacar un desplegado de reconocimiento y apoyo. El nuevo servidor público, cuya voz vibraba y los gestos le temblaban durante las entrevistas, madura por la fuerza y con rapidez en las siguientes semanas.

Pronto aprende a lucir su mejor ángulo para la cámara mirando oblícuamente, estiliza el corte de pelo y le pone mousse para aplacarlo, su andar se hace más ligero ahora que se quitó las botas mineras y cambió la pesada mezclilla por lino francés. El portafolio de vinyl fue sustituído por un maletín tipo Oxford y la libreta estenográfica por un organizador electrónico.

Las poses y maneras se van imponiendo a los auditorios, a los entrevistadores, a los subalternos. Sus declaraciones, porque él lo dice y porque tiene la autoridad para hacerlo, son lo único que cuenta. No valen reclamos de la gente, argumentos de grupos colegiados o de investigadores.  Se equivocan. Él, el funcionario, tiene la verdad.

Pero si usted lee la realidad cotidiana, esta nos dice otra cosa. Como en esos años tormentosos en los que apenas se anunciaba que no iba a haber devaluación y la gente sabía que tenía que salir corriendo a las casas de cambio para tornar en dolares los escasos pesos que tenía, pues al cabo de unas horas esos pesos valdrían aún menos.

Recuerdo una reunión binacional de salud México – Estados Unidos, en junio de 1991 en la ciudad de El Paso, Texas, donde el entonces secretario mexicano de salud aseguraba, en medio de su conferencia, que a México no llegaría la epidemia de cólera. No había terminado de bajar del estrado, después de concluída su ponencia, cuando apresurado le salió al encuentro uno de los miembros de su gabinete. Pronto nos enteramos que le informó la última nueva, paradógicamente recibida en el vecino país y en el momento en que hacía su declaración: se acababa de detectar un foco infeccioso de cólera en el estado de México.

El cólera, cuyo brote había comenzado en Perú el pasado mes de enero de ese año y se dispersaba por Sudamérica, evadió las barreras sanitarias que planeó el servicio sanitario mexicano, por las cuales el secretario se sentía seguro de que la bacteria no cruzaría al norte aunque azotara Centroamérica. Lo cierto es que llegó primero a México que a algunos países centroamericanos. Arribó por la vía menos esperada: por aire y en un vuelo ilegal procedente de Colombia, que aterrizó en la sierra para repostar combustible. Según las indagaciones de los epidemiólogos, uno de los tripulantes aprovechó la escala para hacer sus necesidades, y con esto contaminó el arroyo de un pueblo encaramado en la sierra y la historia comenzó. A casi diez años de eso, el cólera sigue en el país.

Pues bien, hoy nos encontramos en una situación singularmente parecida a la del cólera pero con un factor de riesgo añadido: el novatismo de muchos servidores públicos. Cada vez se advierten más señales de que la enfermedad de las “vacas locas” esta lista para saltar desde Europa al resto del mundo. Sin embargo, algunos funcionarios de salud animal afirman, desenfadadamente y con esa autoridad recién estrenada, que no hay de que preocuparse, que no existe peligro alguno. Habrá que ver que medidas están tomando para evitar que esto suceda, y si están a la búsqueda de otras posibles rutas de acceso para salvaguardarlas. Sin alarmar y cuidando del sector pecuario, que sería el más afectado, debe de informarsele poco a poco a la gente de lo que es ese mal, en que lugares existe y como se le enfrenta.

En la improvisación del servicio público, muchos nuevos funcionarios suplen su falta de preparación con declaraciones autoritaristas que no admiten réplica. Desconocen las razones por las cuales existe el puesto que ocupan y no saben lo que deben de hacer porque, como afirmaba Giovanni Papini: no tienen bases para juzgar lo que no entienden.

VGA. Publicado en el año 2000 en El Diario de Juárez.

De la Intolerancia a la Censura

La intolerancia a lo que otros dicen, a lo que otros piensan, a lo que otros creen, a lo que otros son, a todo lo que no se parece a lo que uno dice, piensa, cree o es, constituye una constante de todos los tiempos. En el año 2001 un secretario de estado de México, o ministro como le llaman en otros países, desató una fuerte polémica por el hecho de que su hija estaba leyendo “Aura” de Carlos Fuentes, obra literaria contemporánea que formaba parte de las lecturas del curso de español, y que, desde su perspectiva personal, era pornográfica y no apta para la adolescente. Como padre de familia envió una queja a la dirección de la escuela, y esto ocasionó el despido de la maestra. En otro evento, en el año 2002, y a raíz de los incidentes terroristas del 9/11 del 2001 y ante el temor de un presunto manejo de información científica para crear armas biológicas, el presidente de los Estados Unidos George W. Bush impuso una censura a las fuentes de información que sobre el tema existían en la internet, luego hizo que se retiraran de las bibliotecas todos aquellos documentos (artículos científicos, manuales de laboratorio, reportes y libros técnicos, etc.) que pudieran servir a los teroristas para construir y utilizar armas biológicas, e impuso una censura a los textos de los científicos, que se estaban escribiendo o en vías de publicarse,  y que a juicio de los censores pudieran brindar información práctica a los terroristas. Pero también lo que se está viendo en México a últimas fechas, es que al parecer el crimen organizado también censura, pues algunos defensores de los derechos humanos y varios periodistas han sido asesinados por hacer señalamientos inconvenientes. Además, la reciente aprobación de matrimonios gay en México y la posibilidad de que puedan adoptar y criar niños, es otro asunto que en estos días ha causado grave conmoción en la sociedad del país, y, sin duda alguna, ha despertado la intolerancia en todos los sectores de la población. Continuar con este tema sería interminable, por lo que antes de acabar comparto al único lector que llegue a entrar en este blog un breve artículo mío, de principios de década, sobre esta cuestión.

LA CENSURA Y EL COMISARIO

Es sabido que aunque la censura no exista oficialmente su práctica es común, así sea disimuladamente, en gobiernos, instituciones y medios de todo el mundo. La intolerancia a otras razas, lenguas, religiones, ideas políticas o expresiones culturales, es la actitud que subyace a la censura. El daño que la censura produce en las sociedades puede llegar a ser irreversible y afectar su futuro.

No es gratuíto que buena parte de la sociedad mexicana se halla alborotado por el acto de intolerancia que el sr. Carlos Abascal, Secretario del Trabajo y Previsión Social, mostró en días pasados por el hecho de que su hija tuviera que leer en el colegio las obras: Aura de Carlos Fuentes y Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez, las cuales contienen, a su modo de ver, pensamientos inmorales.

Su preocupación surgió como padre de familia y en un entorno privado, por lo que envió una nota de queja a la directora de la escuela. Por ser quien es el sr. Abascal, la nota no fue desatendida por las autoridades del colegio por lo que su palabra, así fuera en voz baja, pesó lo suficiente como para que se vieran en la obligación de tomar medidas contra la maestra de español. La falta de la instructora fue encargar la lectura de las obras mencionadas.  De tal forma, la queja del sr. Abascal afectó los derechos de otras alumnas y de la maestra, quien finalmente se encargó de hacer trascender la noticia.

La historia del hombre es la intolerancia. En la desaparecida Unión Soviética, pavimentada con la ideología marxista leninista, se llegó a suponer que había una ciencia comunista y otra capitalista, una literatura proletaria y otra burguesa. La censura incentivó el crecimiento de unas disciplinas, las que favorecía la dictadura por su carácter ideológico, pero acabó con otras. Por ejemplo, el seudo-científico Trofim Denissovitch Lysenko generó una “ciencia agrícola proletaria” que dio al traste con la biología científica rusa, la cual era competente al comienzo de la era soviética. Más que ciencia, lo que Lysenko pregonaba era una serie de creencias que exhortaban al desarrollo de técnicas de propagación vegetal para producir más alimentos para el proletariado, técnicas como la transformación de productos del campo de invierno en productos de verano, a la vez que acusaba a los académicos de teóricos, gastadores, improductivos y enemigos del Estado.

Lysenko, cuya única preparación eran dos cursos -uno de horticultura y otro de técnicas de propagación de plantas-, causó persecusiones y desapariciones de científicos. Logró la negación oficial de la teoría genética y provocó, al convertirse en asesor de Stalin y luego de Krutschev, la erradicación de la investigación genética en la URSS. La influencia de  Lysenko sobre la biología soviética se extendió desde 1927 hasta 1965, con lo que su país perdió terreno en las investigaciones de la biología aplicada ante las naciones occidentales.

En 1974 el Ministro de Agricultura de la Unión Sovietica hizo pública la catástrofe cerealera de su país, originada en gran medida por las “técnicas dialécticas” de Lysenko, crisis que en lugar de atenuarse continuó haciéndose cada vez más profunda e incontrolable.  En los ochentas, la crisis del campo soviético jugó un papel preponderante en la caída de la Unión Soviética. Hoy día Rusia aún sufre las consecuencias del lysenkismo.

Pero en occidente también existen situaciones de censura importantes. Actualmente hay escuelas y universidades, en los Estados Unidos, donde se prohibe la enseñanza del origen de la vida según lo explica la ciencia. La posición asumida por quienes actuan de este modo, denominados “creacionistas”, se debe a que esa parte de la biología contradice el dogma de la creación enunciado por las Santas Escrituras.

La censura también es un reflejo del temor. Según Herbert Mitgang, antiguo periodista del Times que hace unos años publicó el libro Archivos peligrosos, una obra sobre “la guerra secreta contra grandes autores”, el gobierno estadunidense inició, desde los primeros años del siglo XX hasta la fecha, una histérica vigilancia sobre afamados escritores. La CIA, el FBI y otras agencias de inteligencia eran las encargadas de observar o espiar a esos escritores porque ellos y su obra, así lo estimaban, eran una amenaza potencial a la seguridad nacional.

Aldous Huxley era vigilado porque sus libros, principalmente Un mundo feliz, alertaban sobre los excesos de la ciencia y su impacto negativo. Thomas Mann, por ser de origen alemán. William Faulkner, porque su obra tocaba asuntos de política y de derechos civiles, particularmente de los negros. Pearl S. Buck, por haber sido criada en China y admirar al pueblo chino.  Sinclair Lewis, por promover la lectura y fomentar la creación del club del libro; en este caso, agentes se inscribían al club para averiguar que clase de libros rentaba Lewis. Ernest Hemigway, por su participación con los republicanos durante la guerra civil española.  John Steinback, porque su patriotismo estaba en entredicho.  Dorothy Parker, por ser miembro de la Algonquin Round Table, agrupación tenida por el FBI como la mayor amenaza a los Estados Unidos dentro del país.

La cantidad de autores en esa lista negra es interminable: Dashiell Hammett, Irwin Shaw, Truman Capote, Thorton Wilder, William Saroyan, Lillian Hellman, John Dos Passos, Tennessee Williams, Edmund Wilson, Graham Greene, y Hannah Arendt entre muchos otros. Mitgang declara que hay muchos más autores vivientes en esos archivos, pero que por respeto a su privacía dejó fuera de la obra; no obstante, algunos de ellos, como Norman Mailer y John Kenneth Galbraith, no tuvieron impedimento de ser nombrados

A veces el puritanismo, la censura que inflige un gobierno a los gobernados o un padre a sus hijos peca de exceso. Luis Spota escribió en 1963 La carcajada del gato, novela que se basa en un hecho de la vida real, en la vida de un vendedor de plaguicidas artesanales que por más de veinte años mantuvo cautiva a su familia dentro de su casa, en la ciudad de México, por miedo a que fueran contaminadas por la maldad del mundo exterior, que estaba al otro lado de la puerta de entrada. En 1972, la historia fue filmada con el nombre de El castillo de la pureza, dirigida por Arturo Ripstein.

El eje de la intolerancia suele ser un sujeto siniestro. En la extinta Unión Soviética y en la China Popular había un personaje, censor oficial, cuya presencia ponía a temblar a quienes le rodeaban o se sabían escrutados por él; era el Comisario, una especie de inquisidor moderno. El destino de sus víctimas fue el aislamiento, el exilio en el Gulag o la muerte.  Entre los afectados por los Comisarios se cuentan a Bábel, Meyerhold, Bulgákov, Pasternak, Gorki, Platónov, y cientos de autores más.  Por excelencia, los Comisarios eran apasionados de su propio irracionalismo. Arthur Koestler definió al Comisario como “aquel que trata de mejorar el mundo cambiando a sus semejantes en lugar de mejorarse a sí mismo”.

VGA. Publicado en El Diario de Juárez en el año 2001.

La Educación Universitaria y las Habilidades No Técnicas

Las Habilidades No Técnicas y el Desempeño Profesional

En lo personal creo que uno de los grandes vacíos que adoleció mi formación profesional en ciencias biológicas, allá en la década de los setentas del pasado siglo, no fue precisamente de carácter técnico (por el contrario, en eso estoy muy agradecido con mis profesores), sino de lo que en el vecino país del norte llaman habilidades no técnicas (non-technical skills), estas son: escritura científica y/o académica, elaboración de propuestas de investigación, búsqueda de fuentes de financiamiento científico, manejo de proyectos, ofrecimiento de charlas bien presentadas, creatividad profesional, organización y liderazgo de trabajo en equipo, desarrollo de bases de datos, toma de decisiones (que aunque usted no lo crea, ésta más que una habilidad es una virtud, y si no la posee tendrá que desarrollarla, pues un investigador en todo momento debe tomar decisiones, muchas pequeñas y una que otra importante de vez en cuando, pero decisiones al fin y al cabo), entre otras muchas habilidades, además de las nuevas habilidades no técnicas que surgieron en los últimos años con el desarrollo y popularización de la WWW, de las bases de datos digitales y de las redes sociales, como son el manejo y adaptación a los cambios constantes de hardware y software, los nuevos esquemas de comunicación en línea (blogs, wikis, facebook, twitter, youtube, etc.) que en inglés se le conoce como social media, la investigación en línea (que poco a poco se ha venido convirtiendo en una especialidad), la producción de materiales para plataformas digitales, etc.

Algunas personas afirman que esta clase de habilidades no son algo que se deba aprender formalmente, sino que se adquieren durante las actividades que el individuo realiza a lo largo de la vida. Yo no estaría tan seguro de tal afirmación, pues si no existe el interés por parte de uno en hacer algo o una presión externa que lo empuje a hacerlo, como un jefe de departamento exigente o un atractivo bono económico como incentivo, difícilmente un profesor universitario ensimismado en su cátedra y embelesado con su grupo de alumnos, y que además secretamente espera con ansias el mundial de fútbol o la tarde para jugar dominó con los cuates o las vacaciones o la jubilación, se atreverá a escribir un artículo científico o humanístico y sacarlo a la luz.

Pero en la vida diaria de los profesionistas universitarios también afecta positiva o negativamente la posesión de ciertas habilidades no técnicas. Por ejemplo, en un estudio realizado en el 2009 en Suiza, respecto a las habilidades técnicas (HT) y las habilidades no técnicas (HNT) de un grupo de paramédicos ante situaciones de emergencia simuladas (Wyl et al, 2009), se encontró que hay una estrecha relación entre las HT y las HNT con respecto al buen desempeño laboral, o sea, el éxito en el salvamento de emergencia. En este caso, las HNT se refieren a liderazgo, comunicación, conciencia clara de lo que ocurre, manejo de estrés, y relaciones interpersonales entre colegas, que son valiosas frente a situaciones críticas. Aún así, a pesar que en otros estudios se ha demostrado que la posesión o carencia de ciertas habilidades en este grupo de profesionistas es vital para esta clase de trabajo, la educación paramédica en Suiza no ha dado especial importancia a la educación para la adquisición de HNT de sus estudiantes. Por su parte, Engel (2008), en su artículo Non-technical skills, da cuenta de cómo las HNT son esenciales para la buena práctica médica y, en consecuencia, importante desarollarlas durante el aprendizaje, y nada más aconseja a los estudiantes a que las adquieran.

Es un hecho que, desde hace varios años, en prestigiosas instituciones del extranjero se enseñan las HNT como parte de sus programas de licenciatura o de posgrado. Cursos de escritura científica, pensamiento crítico, creatividad tecnológica, investigación en línea, son sólo algunas de las asignaturas que se imparten en toda clase de carreras, ya sean médicas, tecnológicas, sociales o humanísticas. El arrojo de esas universidades para tratar estos temas de una manera profesional y no sólo verlas como una habilidad fruto de la experiencia que el egresado adquirirá en el futuro, en esta primera década de milenio hace la diferencia entre instituciones vanguardistas y subdesarrolladas, entre las que forman graduados completos o a medias.

Referencias:

Engel N. 2008. Non-technical skills.
http://archive.student.bmj.com/issues/08/12/education/454.php
Consulta realizada el 18/I/2010.

Wyl T Von, M Zuercher, F Amsler, B.Walter, W. Ummenhofer. 2009. Technical and non-technical skills can be reliably assessed during paramedic simulation training. Acta Anaesthesiologica Scandinavica; Jan2009, Vol. 53 Issue 1.

VGA. Cd. Juárez. Frontera MEXUS. Enero 18, 2010.

Publica y Florece

PUBLICAR PARA VIVIR EN LA ACADEMIA Y LA CIENCIA

Publicar representa un gran logro, tomando en cuenta que a esto antecede un enorme trabajo de investigación y escritura, pero a veces este triunfo llega a ser insuficiente cuando de sobrevivir en el ámbito académico y científico se trata. Esto se debe a que todo lo que el profesor investigador saque a la luz pública será evaluado y tasado por los colegas, práctica a la que se le denomina “revisión de pares” (peer review). El valor del trabajo ante los demás dependerá de su originalidad y profundidad, su relevancia para el sistema de conocimiento, su potencial utilidad científica o práctica, de si el medio impreso empleado está registrado en un index internacional y del carácter de la revista donde fue publicado.
Pero en este escenario, como en cualquier otra actividad del hombre, hay niveles de aprendizaje, investigación y éxito. No se puede esperar o pedir lo mismo a un profesor de Oxford que a otro de la Universidad de Huejoquilla. Y no porque no exista masa crítica para hacer investigación de calidad –pues en México la hay; en menos cantidad pero sí con la visión y la capacidad necesarias para hacer cosas trascendentes–, sino por que se carece de infraestructura moderna, de apoyo financiero para construir y renovar el equipo y, principalmente, de la confianza por parte de los sectores productivo y de servicios.
Según Bunge (2000), los investigadores que en los países desarrollados no publican en revistas de circulación internacional no son vistos como científicos por sus pares. Su presencia en revistas y foros especializados es objeto de una continua vigilancia, escrutinio y calificación. “Su actividad no es evaluada por directores de departamento, ni menos aún por funcionarios estatales, sino por las revistas que sopesan sus artículos y por los organizadores de congresos encargados de seleccionar a los expositores invitados. Estos jueces son, en última instancia, los que determinan el rango y el salario de los investigadores.”
Y agrega, “en esos países, la consigna es: “publica o perece.” Esta consigna impone una lucha muy dura por la supervivencia académica. Allí no hay tal cosa como estabilidad del investigador. Si se le seca a uno el cerebro, mala suerte. Tendrá que ganarse la vida enseñando cursos elementales, con lo cual será mucho más útil y feliz que simulando seguir siendo lo que acaso fue alguna vez (o nunca) lo fue, cuando aún tenía curiosidad y empuje.”
Las publicaciones científicas y académicas, que son la medida universal de reconocimiento y recompensa dentro de la comunidad universitaria (en la cual está inserta la mayoría de los miembros de la comunidad científica mexicana), han pasado a formar parte de los sistemas de evaluación del personal docente de las universidades públicas de México. Cada año, los profesores universitarios reúnen pruebas documentales del producto del trabajo del año inmediatamente anterior para someterlo a una revisión arbitrada que, de acuerdo a un sistema de puntuación, le permitirá recibir una “beca académica” que complementará mensualmente su salario.
Como en cualquier tipo de sistemas de evaluación, las críticas no han faltado. No obstante, este programa ha hecho que los profesores participantes se esfuercen por llevar registros de sus actividades –que no todos lo hacían antes, y menos aún formalmente– y por producir nuevos materiales. Aunque no todo el trabajo evaluado dentro de este esquema tenga que ver con la investigación (o “generación de conocimiento”, como se le denomina oficialmente), se ha sembrado la preocupación por crear archivos del trabajo personal e institucional.
Pero investigar y tener resultados que publicar tampoco es suficiente para un científico. ¿Cuántas veces no hemos visto en México investigadores universitarios que después de realizar sus estudios almacenan lo que encontraron? ¿O estudiantes de licenciatura o postgrado que después de haber terminado sus proyectos de investigación para titularse, son incapaces de traducirlos en una tesis? Y esos materiales se quedan entre legajos y cuadernillos, y todo por que no saben escribir; porque ignoran la manera de escribir un artículo o una disertación.
La escritura de documentos científicos, empezando por lo básico que son las tesis hasta el desarrollo de propuestas científicas para la generación de recursos destinados a la realización de investigación propia, es un factor poco estimado y menos reconocido que incide positivamente no sólo en la generación de publicaciones científicas, sino en la creación de ciencia per se.
Los artículos científicos publicados son los que, en buena medida, hablarán por el autor, y algo que no deberá de hacer mientras continúe su vida en la academia. Pero esto no debe confundir a los jóvenes, un investigador no está todo el tiempo escribiéndolos y sacándolos a la luz, pues, aunque a muchos les pueda resultar difícil de entender, el académico investigador gasta más tiempo redactando reportes a instituciones que subsidiaron sus estudios, buscando financiamiento y elaborando nuevos proyectos y, si está comprometido con la educación superior, preparando materiales de enseñanza (Yore, 2002).

Referencias:
Bunge, Mario. 2000. El futuro de la ciencia en la Argentina: La cenicienta de siempre. Buenos Aires. La Nación.
Yore, L.D. 2002. Written discourse in scientific communities: a conversation with two scientists about their views of science, use of language, role of writing in doing science, and compatibility between their epistemic views and language. Australia: University of Victoria.

Artículo publicado originalmente en la columna Publica o Perece. CULCyT (Cultura Científica y Tecnológica), Marzo–Abril, 2006. Año 3, No 13.

Vocación y Trabajo

Cambio de oficio

El obligado cambio de oficio para seguir ganándose la vida no es nada raro en la actualidad, hoy lo extraño es que una persona que por generaciones ha realizado una misma actividad, como el artesano de pueblo, continúe haciendo su mismo trabajo.

Los artesanos de las áreas rurales, que tejían maravillas o moldeaban el barro de su suelo en formas originales, se están llevando sus conocimientos y habilidades a las zonas urbanas de México o a los campos agrícolas de los Estados Unidos y Canadá; pero no para ponerlos en práctica, sino porque tiene que hacer cualquier otra cosa que les permita continuar viviendo.

Pero esto mismo también ocurre en las propias ciudades de cualquier país latinoamericano, ya que tampoco es de sorprender que un individuo que se educa formalmente, en una escuela técnica o universidad, termine trabajando en algo diferente a lo que es su carrera. En Estados Unidos he visto médicos latinos cocinando y vendiendo hamburguesas, en Argentina a abogados conduciendo taxis o sirviendo mesas en los restaurantes, y en México a contadores haciéndola de botones en hoteles de atractivos lugares turísticos.

No es que esta situación sea nueva, sino que por la crisis que lo artesanal está sufriendo debido al embate de la globalización de los productos de fabricación masiva y bajo costo, y por la crisis de empleo en el ámbito profesional, la búsqueda de alternativas laborales se ha convertido en un terreno común y harto transitado. Hace años estos cambios drásticos, como el abandonar una línea de trabajo por otra totalmente diferente, se hacían más por conveniencia propia que por necesidad, que es como sucede ahora.

Cambiar de un oficio a otro, de una actividad profesional a otra, comparativamente es un problema mayor que aquellos otros problemas que usualmente enfrenta el individuo en el trabajo que ya conoce. Es claro que una persona analfabeta o con poca educación, que vivía tejiendo o moldeando cosas en su pueblo, se verá en mayores dificultades para encontrar un trabajo en la ciudad que otra persona que tenga una preparación media o superior. Además, para complicarle el panorama, el cambio de ambiente les parecerá, al llegar a la ciudad, como si aterrizaran en otro planeta.

Para el caso del profesional, se supone, no debe de ser tan dramático el cambio. Karl Popper, especializado en plantear, estudiar y resolver problemas de todo tipo, desde las plataformas de la ciencia y la filosofía, decía que un universitario se prepara para resolver problemas. Mencionaba que es erróneo pensar que quien asiste a la universidad a aprender alguna profesión, p.e. el de matemático, debe de ir a un departamento que sea de matemáticas, asistir a clases con un maestro que enseñe matemáticas en una aula exclusiva para matemáticas.

Si uno sigue esa ruta de enseñanza, decía Popper, uno deberá, indefectiblemente, aprender matemáticas. Pero ese no es el único camino para aleccionarse en esa u otras ciencias, aseguraba, hay muchas otras maneras. Lo que pasa es que el conocimiento del hombre sobre la naturaleza de las cosas no era tanto en la antigüedad y cabía en una sola visión: la filosofía. Pero a medida que el conocimiento fue aumentando, hubo necesidad de dividirlo y subdividirlo y seguirlo partiendo, como en la actualidad, en múltiples disciplinas, cada vez más pequeñas y especializadas. Y debido a las incesantes actividades científicas e intelectuales del hombre, las dimensiones del conocimiento no son las mismas hoy que ayer, a cada segundo que pasa se agrega algo nuevo y diferente.

De tal manera, al aumentar el conocimiento hubo que partirlo para administrarlo, y así fue como surgieron las ciencias y las universidades. Quien va a la universidad a estudiar una pequeña parte del conocimiento, decía Popper, debe hacer de lado la idea de que únicamente va a estudiar una especialidad; es decir, también debe pensar que asiste para adquirir algo más que una profesión, que va a aprender a conocer y administrar problemas, sistemas de ellos y formas de entenderlos y manejarlos.

Por eso, afirmaba, que para aprender matemáticas u otra ciencia, quien poseyera los métodos ofrecidos en la universidad podría abrirse camino, con menor esfuerzo que quien carecía de ellos, hacia cualquier otra rama del conocimiento; es decir, la formación universitaria le permitiría al profesionista brincar, con menor riesgo, a otras ramas del saber y de la práctica profesional.

Este enfoque es quizá inadvertido, poco conocido o mal entendido por la mayoría de los universitarios; pero en la realidad hay individuos que, impensadamente, tal vez movidos por la necesidad o por el surgimiento de nuevos intereses y oportunidades, lo aplican a su vida profesional. En lo personal he observado la trasmutación exitosa de físicos teóricos en ecólogos, epidemiólogos en biotecnólogos, médicos en botánicos, y hasta ingenieros en historiadores o analistas políticos.

En el cambio de disciplina que a veces hace el profesionista, la sociedad no pierde; por el contrario, en ocasiones le es más favorable ese profesionista en su nueva especialidad que antes en su vieja profesión. En cambio, si un artesano deja de hacer lo que por siglos constituyó la base de la cultura de su región o país, su pérdida será para siempre, algo parecido a la extinción de una especie en la naturaleza.

VGA. Publicado originalmente en El Diario de Juárez alrededor del año 2002.

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