Observaciones

Augusto (Tito) Monterroso escribió:
“El único problema del escritor es escribir bien,

Con dinero o sin él,

Con puestos públicos o sin ellos,

Casado o soltero,

Virgen o mártir,

Guerrillero o policía,

Incendiario o bombero”.

Y yo agregaría:

Estudiante o científico.

A esto, me viene una pregunta,

¿Escribe bien el científico que escribe y publica sus papers?

¿Hay algún parámetro de la buena escritura en la ciencia?

Y no me refiero a que estén correctamente escritos los artículos, que lo están cuando se publican en revistas de calidad, sino a la falta de estética en casi la totalidad de esos reportes.

VGA/Cd. Juárez, Chih. 23/I/2013

Escribir a mano

Con el advenimiento de las procesadoras de palabras, primero, y de las computadoras personales, después, las personas que escribían –a mano o a máquina– y comenzaron a utilizar estos aparatos cambiaron sus viejos hábitos, arrumbando la pluma y el papel en el cajón del escritorio. Las nuevas generaciones, dadas a escribir sobre cualquier soporte tecnológico, desde un teléfono celular hasta una tableta o la laptop, prácticamente ya no saben escribir a mano. Sin duda, si la situación lo obliga, podrán tomar notas breves, pero no les pidan que redacten una carta o un ensayo porque los estarán condenando a sufrir dolorosos calambres en la mano. Esto observo normalmente en mis cursos de escritura científica, al menos el 25% de los participantes padecen de contracciones musculares en la mano a los pocos minutos de haber comenzado a garabatear sobre el papel. Pero lo trágico es que, a causa de la dificultad que les significa manipular la pluma para redactar, algunos suelen preguntar que si es válido dejar de escribir a mano para hacerlo en la computadora.

VGA/Cd. Juárez, Chih. 1º/I/2013

Escribir de jalón

Una vez sentado y preparado para comenzar, un autor no escribe sus textos de un jalón. En el caso del académico–autor, son varias las actividades que realiza a lo largo de su escrituralidad. Lee, toma notas, reflexiona, bebe café, escribe una idea, elabora un párrafo, musita, se levanta, regresa y apunta nuevas cosas para la siguiente sesión.

Los estudiantes de posgrado o los académicos que empiezan a caminar el sendero del publica o perece, usualmente creen que al ponerse a escribir un artículo o un capítulo o un libro, deben trabajar hasta la extenuación y no parar hasta terminar la obra, desde el primero hasta el último golpe sobre el teclado de la computadora.

La escritura no es una carrera olímpica, con un banderazo de salida, una ruta de recorrido, y un tiempo estimado de llegada a la meta, aunque así lo creen ellos. No, la escritura es como cruzar un territorio desconocido para el cual se debe estar preparado. Es importante tener un esbozo de por donde se quiere ir y una idea de a donde llegar, pero también hay que estar consciente de que en el camino aguardan tantas sorpresas que difícilmente se seguirá el plan de viaje y menos se cumplirá el tiempo programado.

VGA/Cd. Juárez, Chih. 28/XII/2012

Sobre el conocimiento de la lengua

En ocasiones he hablado en mis cursos de escritura científica sobre la incesante creación de nuevos conceptos en la ciencia y la tecnología, particularmente en lengua inglesa, y la necesidad de traducirlos apropiadamente al castellano; sin embargo, por mucho que parezca absurdo, y por creer infundadamente que todos conocen el idioma, no he puesto énfasis en la obligación que tenemos los catedráticos de conocer nuestra lengua. Más bien ese es un punto de partida, el conocimiento del idioma propio, el cual tiene enormes extensiones vírgenes para cada uno de nosotros, pendientes de ser exploradas.

VGA/Cd. Juárez, Chih. 23/XII/2012

Escritor, la vocación perdida

Los países hispanoparlantes producen pocos escritores.  Hay naciones como Paraguay, Ecuador o El Salvador en donde son raros o escasos.  En otras naciones, como México, Chile o Argentina, son más comúnes.

Pero decir comúnes no significa abundantes, pues si comparamos su abundancia con la de los países desarrollados, encontraremos que Hispanoamérica no genera tantos escritores como Angloamérica.

Una de las principales razones por las cuales en México no hay tantos escritores como se supone que debería de haber, dada su riqueza cultural, diversidad de regiones geográficas, numerosas razas y lenguas distintas, decenas de miles de instituciones de educación media y superior gratuitas, y millones de individuos alfabetizados o educados hasta el nivel universitario, es que los mexicanos no leen.  Y si las personas no leen, mucho menos escriben.

VGA/Cd. Juárez, Chih. 27/XI/2012

Analfabeta funcional

Poder leer y escribir no es lo mismo que saber leer y escribir.  Quien haya sido educado en alguno de los países hispanoamericanos, recibió en sus años de estudio la instrumentación para leer y escribir.  Durante el tiempo que duró su instrucción, el individuo leyó lo que hubo que leer (material de clase) y escribió lo que tuvo que escribir (apuntes, tareas, y exámenes); no más, no menos.

Por regla general, el tiempo que pasó fuera de las aulas lo pasó alejado de libros y cuadernos. Cuando terminó sus estudios ––primarios, secundarios, preuniversitarios o universitarios––, cerró las tapas de los libros para no abrirlas jamás. Su lectura se concreta ahora, cuando este individuo lee, a revistas de entretenimiento, páginas deportivas de los periódicos y, ocasionalmente, cuando el estruendo de la moda lo demanda, a la semi lectura de un “bestseller”. En resumidas cuentas, esto es lo que uno, como profesor universitario, detecta con la mayoría de los jóvenes que ingresan al posgrado.

La escritura que practica este individuo, si es que lo hace desde que dejó la escuela, es la que el trabajo le demanda. Si en el trabajo no necesita escribir, puede que mantenga viva la enseñanza de la escritura mediante la anotación de asuntos que debe recordar y que ejercite su firma para no olvidarla. Pero aún así, cuando tiene que escribir algo lo hace en la computadora, si por necesidad tiene que escribir usando pluma y papel, lo normal es que la mano se le canse y le den calambres. Es verdad.

Es común que la gente crea que el haber sido habilitada para escribir durante su educación, fuese de nivel básico o medio o superior, es igual a saber escribir. ¡Pero claro que no es así! En las escuelas se enseña a escribir y no a comunicarse por escrito. Una cosa es recibir el instrumento y otra hacer uso de ese instrumento.

VGA/Cd. Juárez, Chih. 25/XI/2012