Cambio de oficio

El obligado cambio de oficio para seguir ganándose la vida no es nada raro en la actualidad, hoy lo extraño es que una persona que por generaciones ha realizado una misma actividad, como el artesano de pueblo, continúe haciendo su mismo trabajo toda su vida.

El obligado cambio de oficio para seguir ganándose la vida no es nada raro en la actualidad, hoy lo extraño es que una persona que por generaciones ha realizado una misma actividad, como el artesano de pueblo, continúe haciendo su mismo trabajo toda su vida.

Los artesanos de las áreas rurales, que tejían maravillas o moldeaban el barro de su suelo en formas y colores originales, desde hace décadas se han estado llevando sus conocimientos y habilidades a las zonas urbanas de México o a los campos agrícolas de los Estados Unidos y Canadá; pero no para ponerlos en práctica, sino porque tiene que hacer cualquier otra cosa que les permita continuar viviendo.

Pero esto mismo también ocurre en las propias ciudades de cualquier país, ya que tampoco es de sorprender que un individuo que se educa formalmente, en una escuela técnica o universidad, termine trabajando en algo diferente a lo que es su profesión. En Estados Unidos he visto médicos latinos cocinando y vendiendo hamburguesas, en Argentina a abogados conduciendo taxis, en España a licenciados sirviendo mesas en los restaurantes, y en México a contadores haciéndola de botones en hoteles de atractivos lugares turísticos.

No es que esta situación sea nueva, sino que por la crisis que lo artesanal está sufriendo debido al embate de la globalización de los productos de fabricación masiva y bajo costo, y por la crisis de empleo en el ámbito profesional, la búsqueda de alternativas laborales se ha convertido en un terreno común y harto transitado. Hace años estos cambios drásticos, como el abandonar una línea de trabajo por otra totalmente diferente o dejar de lado la profesión por los negocios de cualquier clase, se hacían más por conveniencia propia que por necesidad, que es como sucede ahora.

Cambiar de un oficio a otro, de una actividad profesional a otra, comparativamente representa un mayor problema que los obstáculos que usualmente enfrenta el individuo en el trabajo que ya conoce. Es claro que una persona analfabeta o con poca educación, que vivía tejiendo o moldeando cestos en su pueblo, se verá en mayores dificultades para encontrar un trabajo en la ciudad que otra persona que tenga una preparación media o superior. Además, para complicarle el panorama, el cambio de ambiente les parecerá, al arribar a la ciudad o a otro país, como si aterrizaran en otro planeta.

Para el caso del profesional educado, pudiera suponerse que el cambio de oficio no le será tan dramático. Karl Popper, especializado en plantear, estudiar y resolver problemas de todo tipo, desde las plataformas de la filosofía y la ciencia, decía que un universitario se prepara para resolver problemas. Mencionaba que es erróneo pensar que quien asiste a la universidad para educarse en alguna profesión, por ejemplo la de matemático, debe de ir a un departamento que sea de matemáticas, asistir a clases con un maestro experto que enseñe matemáticas, dentro de una aula exclusiva para matemáticas.

Si uno sigue esa ruta de aprendizaje, decía Popper, uno deberá, indefectiblemente, aprender matemáticas. Pero ese no es el único camino para aleccionarse en esa u otras ciencias, aseguraba, hay muchas otras maneras.

¿Cómo está esto? Lo que pasa, según Popper, es que el conocimiento del hombre sobre la naturaleza de las cosas no era tan voluminoso en la antigüedad como en la actualidad, y cabía en una sola visión: la filosofía. Pero a medida que el conocimiento fue aumentando, hubo necesidad de dividirlo y subdividirlo y seguirlo partiendo, como en pasa hoy día, en múltiples disciplinas, cada vez más pequeñas y especializadas. Y debido a las incesantes actividades científicas e intelectuales del hombre, las dimensiones del conocimiento, en cantidad, calidad, diversidad y progreso, no son las mismas hoy que ayer; a cada segundo que pasa se agrega algo nuevo y diferente.

De tal manera, al aumentar el conocimiento hubo que seccionarlo para administrarlo, y así fue como surgieron las ciencias y las universidades. Quien va a la universidad a estudiar una pequeña parte del conocimiento, decía Popper, debe hacer de lado la idea de que únicamente va a estudiar una especialidad; es decir, debe tener presente que asiste para adquirir algo más que una profesión, que va a aprender a conocer y administrar problemas, sistemas de ellos y formas de entenderlos y manejarlos.

Por eso, afirmaba, al aprender matemáticas o cualquier otra ciencia, quien adquiriera los métodos ofrecidos por la universidad podría abrirse camino por la vida con menor esfuerzo, respecto a quien carecía de ellos, hacia cualquier otra rama del conocimiento; es decir, la formación universitaria le facultaría al profesionista brincar, con menor riesgo, a otras ramas del saber y de la práctica profesional.

Este enfoque quizá pasa inadvertido, o es poco conocido o mal entendido por la mayoría de los universitarios; pero en la realidad hay individuos que, impensadamente, tal vez movidos por la necesidad o por el surgimiento de nuevos intereses y oportunidades, lo aplican a su vida profesional. En lo personal he observado la trasmutación exitosa de físicos teóricos en ecólogos, epidemiólogos en biotecnólogos, médicos en botánicos, y hasta ingenieros en historiadores o analistas políticos. Sin embargo, donde más resbalan los profesionistas –y la gente en general–, y es aquí donde los sistemas educativos de habla española deben reconocer sus fallas y ponerse a trabajar, es en convertirse en escritores de sus saberes, pues, la pura verdad es que carecen de referencias formativas en que apoyarse para tomar el camino de la escrituralidad como una alternativa de vida.

En el cambio de disciplina que a veces hace el profesionista, la sociedad no pierde; por el contrario, a veces le es más favorable ese profesionista en su nueva especialidad que antes en su vieja profesión. Por el contrario, si un artesano deja de hacer lo que por siglos constituyó la base de la cultura de su región o país, la pérdida de sus conocimientos y habilidades será para siempre, algo parecido a la extinción de una especie en la naturaleza.

¡Feliz año 2014!

Victoriano Garza Almanza. Enero 5, 2014. Frontera México-Estados Unidos.

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