Globos para flotar o como apoyarse en un socio para escribir la tesis

“Necesita globos para flotar”, es un dicho muy mexicano, y además despectivo, que se refiere a cuando alguien solicita la ayuda de otra persona para realizar cualquier tarea, aunque la pueda hacer por sí mismo;


Apoyarse en un socio para escribir la tesis  






  
  
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“Necesita
globos para flotar”, es un dicho muy mexicano, y además despectivo, que se
refiere a cuando alguien solicita la ayuda de otra persona para realizar cualquier
tarea, aunque la pueda hacer por sí mismo; es decir, cuando uno piensa que no la
puede llevar a cabo y, por comodidad o por inseguridad, busca a otro que le
pueda echar una mano.

Hay
momentos en la vida en que todos necesitamos “globos para flotar”. No hay nadie
tan auto suficiente como para que prescinda del auxilio de alguien en
situaciones difíciles o desventajosas.

En un
asunto tan solitario como la escritura, ¿quién pudiera imaginarse que alguien
necesitaría globos para flotar?, ¿qué precisaría de una persona, que tal vez no
sepa redactar ni una carta y que probablemente se la conozca muy poco o nada,
para ayudarse a sí mismo a escribir? No estoy hablando de musas ni de figuras inspiradoras.
¿Cómo está esto?

Antes de
responder, podemos ver que en la vida diaria quien no tiene necesidad de
escribir pues no escribe, ni más ni menos. Y sabemos que la mayoría de la gente
sólo escribe cuando su trabajo se lo demanda y únicamente para asuntos
laborales. Pero en el mundo académico, donde cada vez se hace más común el
tener que preparar ensayos, reportes de investigación, reseñas de libros, presentaciones,
artículos y demás, se escribe o se reprueba. Así de simple.

Pero cuando
se trata de empezar la redacción de la tesis de investigación de la maestría o del
doctorado, que suelen ser escritos ampliamente documentados y de gran
extensión, para lo cual no nos han preparado en la universidad, ¿cómo hacerle? La
preocupación no es para menos, pues, de acuerdo a reportes sobre el tema, una
gran cantidad de estudiantes de posgrado no obtiene sus títulos debido a que son
incapaces de escribir sus tesis.

Existen
muchas estrategias para vencer este obstáculo, y salir del paso sin mayores
problemas. Una de estas es la estrategia de usar “globos para flotar”; es
decir, la utilización de un voluntario de todas nuestras confianzas para que
nos apoye, que sepa lo que estamos haciendo, y que nos exija el cumplimiento de
un compromiso adquirido con él o ella.

Se trata de
pedir la ayuda a una persona seleccionada para que nos haga un seguimiento
semanal, por así decir, a todo lo que vayamos escribiendo. La razón es que si
confiamos en nosotros mismos, los plazos de entrega de manuscritos se nos
vencerán, nunca progresaremos, siempre tendremos justificaciones para evadir el
trabajo escritural, y, en consecuencia, fracasaremos.

En cambio,
si contamos con alguien que esté pendiente de nuestro trabajo, alguien que se
sienta en libertad de reclamarnos resultados –porque así lo acordamos-, que nos
haga sentir mal si no le cumplimos, nos hará sentir obligados a escribir.

Esta manera
de volver productivo a un aprendiz de escritor improductivo o a alguien que
esté bloqueado no es nueva, pero tampoco es muy conocida.  ¿En qué consiste? En unos cuantos pasos
fáciles de seguir por cualquiera que tenga que cumplir con una tarea
monumental, como la escritura de la tesis doctoral, y esté preocupado por
aumentar su rendimiento, a saber:

Paso 1.
Identifique entre sus amigos o familiares o conocidos a una persona que le
merezca tal confianza y respeto como para pedirle (a) que sea su socio de
escritura, y (b) que sea discreto. Es un asunto entre dos y, ¡ojo!, no tiene
que ser un experto en el tema que se vaya a escribir. Tampoco tiene que ser
alguien de demasiada confianza al cual, por lo mismo, al cabo de unas semanas,
le quedemos mal, y que en lugar de reaccionar regañándonos pase por alto
nuestro incumplimiento con una palmada en el hombro. Debe ser alguien que, por
un lado nos exija, y que por otro nos preocupe fallarle.

Paso 2.
Explicarle que “socio de escritura” es una persona que vigilará, según el
tiempo convenido, que cumplamos con un plan de escritura previamente entregado
a él o ella.

Paso 3. Elaborar
un plan de escritura, no muy ambicioso para comenzar, y una estrategia de
entrega de los avances.

Paso 4.
Cumplir con el socio de escritura y atender sus comentarios.

Lo más
recomendable es trabajar con entregas semanales. Para sellar el pacto, se proporciona
al socio de escritura un plan bimestral o semestral sobre reportes semanales a
entregar, para que tenga una guía del trabajo comprometido. A su vez el socio
acusará de recibido, le echará porras al autor o le jalará las orejas, y le
retroalimentará.

Otra manera
práctica y simple, es la de trabajar en base a mini planes semanales,
contactando al socio de escritura tres veces. Es como sigue: (a) entregar los
lunes el mini plan de la semana, (b) reportar avances los miércoles, y (c)
compartir lo que se elaboró de acuerdo al plan.

Otra manera
consiste en convenir con el socio de escritura que uno escribirá 1,000 o 3,000
o determinado número de palabras, o que se tratarán X temas cada semana,
durante un semestre o un año, por así decir, y al cabo de cada semana entregar
los avances obtenidos.

Todo esto
se puede hacer por correo electrónico.

A muchas personas
les parecerá extraña esta forma de escribir, bajo la mirada de alguien, para
alcanzar un objetivo, como la escritura de la tesis, un artículo o una
ponencia. Pero el asunto, para que no se piense que se trata de algo aberrante,
ya ha sido estudiado y probado por investigadores de la escritura académica.

Tal es el
caso de Robert Boice, quien experimentó con grupos de estudiantes que
participaron en sus talleres de escritura, a los cuales organizó en 3 bloques.
El primer bloque decidió seguir escribiendo como siempre lo hizo, según le
pegara la gana y el antojo; el segundo bloque aceptó escribir al menos 15
minutos por día y llevar un registro del número de palabras que escribía
semanalmente; y el tercer bloque, que también escribió 15 minutos diarios,
llevó un registro personal de sus escritos, y, por añadidura, se comprometió a
entregar semanalmente sus avances a personas de confianza, que no eran otra
cosa que socios de escritura.

Como
resultado, Boice encontró que el primer bloque de estudiantes redactó, de
manera profesional, 17 páginas en un año; el segundo bloque logró escribir 64 buenas
páginas, también en el mismo período de tiempo; y el tercer bloque escribió 157
páginas de provecho en igual tiempo que los demás. Es decir, mientras que el
primer bloque escribió apenas un capítulo, el tercero redactó un libro.

¿Qué
obtiene, además de aumentar su productividad, el estudiante o el investigador
que decide apoyarse en un socio de escritura, sobre todo en un socio que le
exige cumplimiento?

Primero que
nada, disciplina, pues cumpliendo evita ofender a la persona que se prestó a
apoyarle, y se acostumbra a escribir con método. Luego, debido a que tiene que
organizar un mini plan semanal que responda a un plan de trabajo de mayor
alcance, como la tesis, aprende a enfocar sus energías en objetivos concretos y
alcanzables en el corto plazo. También, el autor asimila que la escritura de un
documento extenso, como la tesis, no se construye en una sentada, sino que se
elabora poco a poco y a lo largo de semanas o meses. Esto último le enseña a
ser paciente. Por todo lo anterior, pierde el miedo a escribir y, en especial,
a emprender ambiciosos proyectos de escritura.

Tara Grey,
quien también imparte talleres de escritura científica y académica, y que ha analizado
a sus grupos de estudiantes, dice que “escribir diariamente y llevar un record
de ello, incrementa la productividad por un factor de cuatro; pero escribir a
diario y llevar un registro de lo anotado, pero además compartirlo con un socio
de escritura, multiplica la productividad por un factor de nueve o diez”.

Es así como
el trabajo solitario del escritor de tesis, que bien atine a acompañarse durante
el trayecto con un socio de escritura, en vez de sufrir penosamente y a solas la
redacción de la tesis como un viacrucis, aprende a disfrutarla, y, sobre todo, a
concluir una obra.

Victoriano
Garza Almanza

Frontera
MEXUS

Octubre 8, 2013

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