Quiero escribir la tesis, pero no puedo


No tengas miedo de escribir basura porque la basura es un excelente fertilizante . Jessica Brody

No tengas miedo de escribir basura porque la basura es un excelente fertilizante. Jessica Brody

La agrafía o incapacidad de escribir suele ser el mayor obstáculo que encuentra el estudiante universitario para escribir su tesis y concluir con éxito su carrera profesional, la maestría o el doctorado.

Agrafía

El término ‘agrafía’ no es muy conocido en el ambiente universitario (al menos no en el mexicano), pues ni siquiera se considera a la elaboración de la tesis (ni de todos los trabajos escritos que por años preparan los estudiantes durante su formación) como ‘trabajo escritural’, sino ejercicio académico.

Es decir, a esa práctica de la escritura que por años realizan los estudiantes, no se la relaciona con el oficio del escritor. Y la razón radica en que al escritor se le considera una especie aparte, un experto con propósitos muy claros y definidos para hacer uso profesional de la palabra escrita; es decir, se piensa que sólo son escritores quienes se dedican a componer novelas, cuentos o poesía.

A la sombra de esta creencia, donde el estudiante no se ve a sí mismo como autor, la escritura le significa un medio para un fin: demostrar conocimiento y obtener notas aprobatorias mediante la redacción de tareas, ensayos escolares y reportes de proyectos de fin de curso. Y como no es de su interés el proceso de la escritura, nunca aprenden a escribir.

Escritura orientada a objetivos

Pero ocurre que los estudiantes no se percatan de esta situación porque, por lo regular, sus propios profesores tienen esa misma actitud, la de no darle importancia a la escritura como una herramienta fundamental para la educación del aprendiz, y, sobre todo, ¡para pensar! Y así, los años de universidad se desperdician sin que esos jóvenes se hayan entrenado (con la preparación de todas sus tareas y demás) para hacer uso bien dirigido (goal oriented) y bienintencionado de la palabra escrita.

Profesores como escritores

Desde la década de los 70’s del pasado siglo XX, el profesor de psicología Robert Boice se dio cuenta de esta realidad, la investigó por más de 20 años, y publicó sus hallazgos en numerosos artículos y libros. Uno de sus libros más conocidos, que es un clásico, se titula “Los profesores como escritores” (Professors as writers), publicado en 1990.

Lo publicó como un libro de autoayuda para esos profesores universitarios que no saben escribir pero que quieren aprender a hacerlo, o que de plano la sufren semanas o meses cuando necesitan preparar un artículo académico o una ponencia.

Y si quienes enseñan en la universidad sudan sangre con la escrituralidad académica o científica, no hay que ser muy imaginativos para darnos cuenta de lo que padecen sus estudiantes cuando tienen la obligación de escribir sus tesis, entregar el borrador en una fecha fija, y que, sin embargo, carecen de un guía confiable (su propio director de tesis) para ese punto en específico, que es el ¿cómo escribo mí tesis? ¿Cómo empiezo?

El director de tesis

A nivel doctoral y maestría, el director de tesis revisa y comenta sus contenidos temáticos al tesista, los avances y resultados de la investigación (cuando de milagro el tesista logra verlo y conversar sobre su tesis), pero nada agrega al modo o estilo en que el estudiante ‘expresa’ ese avance o borrador de tesis que le mostró. Como consecuencia, el estudiante tardará años (algunos entre 5 y10 años) en redactar el reporte de una investigación que le tomó producir uno o dos años.

Lo que preocupa al profesor, que por eso no presta atención a asuntos de poca monta (el borrador de tesis de su estudiante), como señalan Boice y Jones (1984), es su próxima publicación o presentación en conferencia. “Él cree que su artículo debe ser de cierta extensión o no parecerá importante. Piensa en cuán augusto se verá impreso. Piensa en todas las personas que lo leerán. Cree que su trabajo debe tener el peso sólido de una autoridad en la materia. Cree que su estilo debe deslumbrar al lector”. Y contra esa imaginación y ambición, no hay borrador de tesis que saque al director de tesis de su ensimismamiento.

Atención consciente

El asunto con el estudiante es que la agrafía o incapacidad de escribir suele ser un referente de su incapacidad de leer con atención plena, leer crítica y reflexivamente, y así desentrañar el código del mensaje escrito. Esta es una deficiencia que miles de estudiantes arrastran toda la vida, que lamentablemente las autoridades de educación no perciben, y menos aún atienden.

Con sus estudios experimentales, Boice demostró que “la atención plena o consciente conduce a buenos resultados en el ámbito de la productividad académica”.

Esto lo he visto a nivel pregrado y posgrado. Por ejemplo, con algo nada complicado, como leer instrucciones simples para hacer un ejercicio mental o realizar una actividad práctica, las instrucciones cortas constituidas por 50 o 100 palabras no son entendidas por al menos el 50% de un grupo (cualquier grupo al azar). Y la respuesta escrita que entregan es todavía inferior a sus capacidades de lectura.

Saturación de información autogenerada

Hay otro fenómeno que se presenta en no pocos estudiantes de doctorado o maestría, por el cual no pueden culminar sus tesis, y es el de que escriben mucho y disperso acerca de sus investigaciones; literalmente, elaboran kilos de fichas, rimeros de notas, recordatorios de recordatorios, frases sin contexto, textos cortos como aforismo, datos y más datos, fotos, etc., por lo que acumulan incalculables montones de páginas cargadas de ideas sin orden ni concierto. El tema de la tesis sí está ahí, pero no su objetivo; son escritos sin un Norte. Es bisutería de mucho que no dice nada. Se tienen las piezas del rompecabezas, pero el puzzle no está armado porque carecen del blueprint que les indique dónde va cada pieza.

Lo que ocurre en estos casos, después de que el tesista se saturó de decenas o cientos de páginas sin sentido de su tesis, páginas que escribió impulsivamente sin un plan de navegación, sobreviene otro fenómeno igual o peor de incapacitante que la agrafía, y se trata del “bloqueo del escritor”.

Bloqueo del escritor

El bloqueo del escritor es más un problema psicológico que la agrafía misma. A la agrafía se la combate con educación y entrenamiento escritural hasta que el individuo logra pergeñar sus primeros textos y ganar confianza. El bloqueo del escritor es una pérdida de confianza en sí mismo, es como una caída libre en un pozo sin fondo, donde volver a ver la luz de salida se torna imposible porque cada vez se está más abajo. Como Alicia cuando cae en el agujero del conejo.

De escritores bloqueados está lleno el panteón de la literatura; escritores que fueron eso durante unos años de su vida, y luego dejaron de escribir en las últimas décadas de su existencia. Casos como Juan Rulfo, JD Salinger, Truman Capote, Harper Lee, son sólo algunos de los muchos escritores bloqueados famosos.

¿Qué se necesita para escribir la tesis?

Boice señala que se necesitan “cambios tanto en los hábitos de escritura como en las actitudes”. El estudiante, cuando no le queda otra cosa más que redactar su tesis, tiene que “escribir regularmente, en cantidades moderadas”. Pero también debe retroalimentarse, técnica y emocionalmente. Debe alimentar su “necesidad de tener éxito para que sus manuscritos sean apreciados y aceptados”, tal y como lo hace su asesor que piensa en la fama y el dinero que le prodigarán sus publicaciones y presentaciones en foros internacionales, pero debe evitar la perfección de sus escritos, pues entrar en esto es caer en una trampa que consumirá su tiempo.

El aspecto emocional, advirtió Boice, es vital para el escritor o tesista principiante. Una mala crítica puede meterlo en un estado de autodestrucción, como el de comenzar a somatizar calambres o dolores imaginarios, o, peor aún, la situación lo puede derrumbar y llevarlo a un estado de ánimo depresivo del que sin ayuda difícilmente podrá recobrarse.

Colofón

Si esperas por la perfección, nunca escribirás una palabra. Margaret Atwood

Referencias

Boice R & F Jones. 1984. Why Academicians Don’t Write. The Journal of Higher Education, Vol. 55, No 5

Boice R. 1990. Professors as writers. USA: New Forum Press, Inc.

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Victoriano Garza-Almanza

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