La otra tesis doctoral de Isaac Asimov o qué [NO] hacer para no aburrirte cuando escribas tu propia tesis



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Cualquiera que escriba sobre ciencia debe saber sobre ciencia, lo que reduce considerablemente la competencia.

Isaac Asimov

Interrumpir los estudios doctorales significa, en la mayoría de los casos, renunciar al doctorado. Eso fue lo que le sucedió a Isaac Asimov a los 24 años de edad. No de forma voluntaria, sino porque el ejército americano lo enroló y se vio obligado a participar en la última fase de la II Guerra Mundial y luego permanecer en las filas hasta su baja oficial.

 Al volver a la vida civil, Asimov analizó la posibilidad de retomar sus estudios o de plano olvidarlos. Se sentía fuera de lugar y atrasado con respecto a los nuevos avances de la química. Lo conveniente para él es que ya había terminado sus cursos y no tendría que atender a ninguno, pues si así fuera renunciaría a la ocasión y quedaría como un ABD (All But Dissertation). Y así, como quien no quiere la cosa, se acercó a la universidad de Columbia, donde había hecho sus estudios, y el profesor Dawson, quien fuera su tutor, le dio la bienvenida.

 La situación favorable le animó a plantearse su trabajo de investigación de tesis, que era lo único que le faltaba para terminar el doctorado, y con el apoyo del profesor Dawson como su asesor, se metió de lleno al laboratorio. A pesar del deseo de culminar sus estudios, se dio cuenta de que la labor investigativa le resultaba muy aburrida y nada estimulante, quizá por el lento paso de las cosas, pues él decía que no estaba hecho para la investigación científica. De este modo, para levantarse el ánimo durante el tiempo que le dedicó a la tesis, se puso a ensoñar, ideó un tema ficticio para una tesis falsa, y pronto se puso a escribirla, todo lo cual sucedió de esta manera:

 “Estaba sentado en mi mesa, preparando el material para los experimentos del día y pensando que se acercaba el momento de tener que escribir mi tesis doctoral. Una tesis es un documento de estilo muy definido y las reglas estrictas exigían que fuera redactada de un modo rígido y anormal (incluso estúpido). Yo no quería escribirla así. Por tanto, se me ocurrió, en un arranque malicioso, escribir una parodia de una tesis doctoral que aliviara mi alma y me permitiera enfrentarme a la tesis real con más ánimo” (Asimov, I. 1994. Asimov: Memorias. Esp. Ediciones B).

 Como Asimov experimentaba con una sustancia llamada catecol, que al mero contacto con el agua se solubiliza, se le vino una imagen a la mente y se dijo: “¿Y si (los cristales) se disolviesen justo una fracción de segundo antes de tocar la superficie? ¿Qué sucedería entonces?”

 “El resultado, cuenta Asimov, fue que escribí una seudodisertación tan indigesta como pude sobre un compuesto que se disolvía 1.12 segundos antes de añadirle el agua. Le puse el título siguiente: The endochronic properties of resublimated Thiotimoline

 Asimov estaba reñido con el estilo de escritura científica y sus acartonadas reglas, pues a su modo de ver esto inhibía el surgimiento de una expresión más rica, más entendible y más contagiosa que cualquier comunicado científico tradicional pudiera ofrecer. Decía que los comunicados de la ciencia (léase ‘artículos científicos’) eran solo para expertos y entendidos, que en esencia son muy pocos individuos para cada una de las miles de disciplinas y subdisciplinas que existen.

 Así, el falso trabajo de tesis que escribió Asimov, en un intento por evadir el insufrible hastío y descontento por el que estaba pasando, fue un relato donde da detalles de un experimento hecho con una sustancia de su invención. La explicación la hizo utilizando todas las herramientas de la redacción científica: tono severo y autoritario; breve y preciso; lógico; exposición en tercera persona; estructura IMRYD; gráficas y dibujos; citas y referencias a granel; todo un ejemplo, para los escritores y lectores de ciencia ficción, sobre el estilo en como escriben los científicos, y cómo no deben –ni siquiera de juego– adoptarlo en sus cuentos y novelas.

 Su pseudotesis apareció en la revista Astounding Science Fiction, dirigida por John Campbell, en marzo de 1948, dos meses antes de su examen doctoral. Asimov había solicitado al director de la revista que la autoría apareciera con un nombre ficticio, pero por olvido o descuido de Campbell el texto se publicó bajo el nombre del verdadero autor: Isaac Asimov. Esta omisión le acarreó a Asimov varias semanas de estrés y enfermedad estomacal, pues, como su trabajo se difundió en la escuela de graduados entre estudiantes y profesores, se le fue el sueño por semanas e imaginó que no lo iban a dejar presentar o que lo iban a expulsar o que en el examen de grado lo humillarían. Había cometido el peor de los pecados en la universidad: “el viejo crimen de irreverencia hacia mis superiores”.

 Sus temores no se hicieron realidad y el 20 de mayo de 1948, Isaac Asimov, quien posteriormente se convertiría en el más prolífico escritor de ciencia ficción de la historia e importante divulgador de la ciencia, obtuvo su grado doctoral defendiendo la disertación: The kinetics of the reaction inactivation of tyrosinase during its catalysis of the aerobic oxidation of catechol, una tesis de 67 páginas.

 La otra tesis de Isaac Asimov es una forma de procrastinación, un ejemplo de cómo perder el tiempo haciendo otras cosas en vez de confrontar la realidad y llevar a cabo las funciones verdaderamente importantes del momento. La procrastinación es una conducta de evasión común en la gran mayoría de los estudiantes universitarios y de posgrado, y que influye en la estadística de los que no se titulan porque no consiguen escribir sus tesis.

 Sobre la procrastinación, cómo entenderla y manejarla durante la preparación de la tesis, puedes encontrar mayor información en:

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 Victoriano Garza Almanza

Frontera MEXUS

Marzo 17 de 2019

#tesis #PhD

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