QUÉ ES SER TESISTA: DE LA FANTASÍA A LA REALIDAD



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Sabía que tenía que escribir este libro.

You must be very intelligent.

Karin Bodewits

TESISTA. Concepto que desde hace al menos 75* años es utilizado en las universidades de México para designar al estudiante universitario que, bajo la asesoría de un profesor investigador, se encuentra desarrollando su tesis o proyecto de titulación. Al terminar la investigación, siguiendo una serie de reglas, el tesista redacta un reporte o tesis y lo entrega a las autoridades académicas correspondientes. Posteriormente, como último paso para obtener el grado de licenciatura, maestría o doctorado, se prepara para exponer y defender su estudio ante un sínodo o jurado. Es entonces, cuando deja de ser tesista.

El diccionario y la palabra tesista

La Real Academia Española de la lengua no contiene el término tesista en su diccionario impreso; sin embargo, hasta hace apenas unos pocos meses lo agregó a su diccionario online. Digo ‘hace apenas pocos meses’ porque todavía a principios del presente año 2020, al buscar la expresión, señalaba que la palabra tesista no estaba incluida. Tampoco la edición impresa que tengo del Diccionario de uso del español de María Moliner (Gredos, 2ª reimpresión 2010), ni la versión electrónica de esa obra, contienen el vocablo.

Qué es ser tesista

Ser tesista en la universidad mexicana da estatus al estudiante, como si se tratara de un ascenso, pues representa un signo de mayoría de edad académica y de crecimiento. Quien es tesista se transforma en alguien que ostenta relaciones profesionales serias con quien se convirtió en su director de tesis; es alguien que estudia un corpus de literatura científica o técnica de reciente publicación, para avalar su tema de investigación de tesis con lo más novedoso; que tiene llave del laboratorio para trasnochar haciendo o cuidando experimentos; que se hace cargo de los cursos de su asesor mientras él viaja por el mundo; que asiste a sesudas conferencias impartidas por profesores visitantes; que es invitado los fines de semana a las fiestas del profesor;) que abre la posibilidad de encontrar acomodo como ayudante o asistente cuando se titule; que alucina con llevarse de maravilla con los demás compañeros del laboratorio; que obtiene financiamiento de fundaciones para su proyecto de tesis; que… Bueno, no siempre es así –¡casi nunca es así!–, como en las películas. A menudo, ser tesista es como vivir en la dimensión desconocida, donde lo real y lo utópico se confunden y derivan en una vida hiperreal, al estilo de La dimensión desconocida,  que se puede extender por años.



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No hay nada en la oscuridad que no esté allí cuando las luces están encendidas.

Rod Serling

El tesista en su cocoon

La vida del tesista, en particular la del tesista de doctorado, es una fase a la que se arriba jubiloso y esperanzado, pues ya quedaron atrás los cursos; es una etapa del doctorado que se espera que sea la menos teórica y sí la más pragmática; la época más feliz durante la estancia en la universidad, porque es cuando el tesista se forja como científico haciendo investigación por cuenta propia.

Viéndolo así, el lapso de tiempo de vida como tesista se parece al período de pupa en los insectos, cuando el bicho deja de ser larva (estudiante) y pasa un tiempo dentro de un cocoon (tesista) mutando hasta que al final sale del capullo convertido en un insecto adulto bien o más o menos bien formado (investigador).

Los sueños de una tesista doctoral

Karin Bodewits, PhD y cronista de las miserias, glorias y penurias que vivió durante su doctorado, escribió una novela semi autobiográfica: You must be very intelligent: the PhD delusion (Debes ser muy inteligente: el espejismo del doctorado) (2017), publicada por Springer Publishing, una editorial internacional especializada en libros y revistas científicas, donde da cuenta de la vida de una doctorante –de nombre Karin, como ella misma– en la universidad de Edimburgo. Ahí, Bodewits cuenta lo bueno, lo malo y lo insoportable de la vida de Karin como tesista doctoral.

En el prólogo del libro la autora refiere lo que eufórica soñaba antes de ingresar al programa doctoral de la Escuela de Química, sueños sobre lo que haría durante y después de sus estudios:



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Fantaseo con descubrir una droga maravillosa para controlar la fibrosis quística y escribir una tesis intelectualmente deslumbrante…

K Bodewits

“Fantaseo con descubrir una droga maravillosa para controlar la fibrosis quística y escribir una tesis intelectualmente deslumbrante sobre ella, que se discutirá con gran reverencia en medio de prestigiosos claustros y abrirá puertas a las torres de marfil más sagradas del mundo científico. Me imagino a mí misma caminando por una alfombra roja para recoger el Premio Nobel. A veces incluso reflexiono sobre cómo manejaré la inevitable fama… pero sé que mi humildad natural me ayudará. Días antes de mudarme a Edimburgo, comencé a leer literatura sobre el tema y se me ocurrieron algunas ideas para mi investigación innovadora.”

Con los pies en la tierra

Karin pasó cuatro años en la Universidad de Edimburgo. Los últimos dos años comenzando desde cero para reiniciar una segunda propuesta de investigación de tesis y, en consecuencia, nuevas investigaciones. Resulta que cuando ingresó a la universidad, lo hizo aceptando un proyecto predefinido que se le propuso y con el cual llevó a cabo su investigación los dos primeros años del doctorado, por lo que planeaba escribir la tesis y titularse en el tercer año. Sin embargo, como su tema y avances fueron ‘utilizados’ (¿plagiados?) por su director de tesis Mark (nombre que en la vida real es el mismo que el personaje de la novela), para escribir y publicar un paper, esto echó abajo los  planes de Karin de titularse en el año tres del doctorado. Ese trance –inesperado y muy sorpresivo–  obligó a Karin a buscar un nuevo tema de tesis y trabajar a marchas forzadas durante el tercer y cuarto año del doctorado.

Por esta situación, la fundación que le había financiado el proyecto le comunicó que tendría que regresar el dinero, ¡después de dos años de investigación y muchos gastos!, pues el tema por el que se pagó el estudio ya estaba publicado y sería redundante investigar lo mismo. En parecido apuro se vio otra de sus compañeras, pues ‘perdió datos de su tesis’ porque ese mismo asesor los canjeó a otro grupo investigador para que lo incluyeran como coautor en dos de sus  papers.



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“Mi supervisor de doctorado siempre estaba diciéndonos: En la academia no hay un segundo lugar. O ganas o pierdes”. Y así nos lo demostró.

K Bodewits

El ambiente del tesista de doctorado

Como reseña Philippa Matthews en Chemistry World, publicación de la Royal Society of Chemistry, “el libro captura el sucio negocio de la vida en la academia, las tensas relaciones entre compañeros de laboratorio y las intensas amistades que pueden florecer cuando se está bajo presión… Creo que muchos estudiantes de doctorado se verán en este libro. Me sentí físicamente aliviada cuando Karin finalmente pasó su doctorado y se libró de la academia”.

“El libro también plantea algunas preguntas serias sobre la cultura, prosigue Philippa, la corrupción y la irrealidad de la vida en la academia. Tal vez es hora de que empecemos a abordar algunos de los problemas que enfrenta el mundo de la investigación académica, para que los futuros estudiantes de doctorado no tengan que vivir una experiencia como la de Karin”.

Las historias del libro, la mayoría basadas en la vida real, parecen cuentos tenebrosos escritos por Mr. Hyde. Los abusos por los que como tesistas han pasado cientos de estudiantes de doctorado y maestría, harían preguntarse a los de derechos humanos dónde diablos estaban cuando todo eso sucedía.

A saber qué es ficción y qué realidad en You must be very intelligent, pero aunque se trate de una foto movida –ahora las fotos ya no salen así– se alcanzan a distinguir con claridad historias que reflejan facetas de la academia de muchas universidades del mundo. Muy movido, apenas distinguible, hay un cuadro en la novela sobre la discriminación racial, donde se habla de la escasa inteligencia de la gente de color.

Muy de cerca, un caso de racismo académico: Un viejo profesor fue aceptado en el programa doctoral de una universidad americana a mediados de los 1970’s. Me contó que cuando le llegó la hora de iniciar su trabajo de tesis, después de haber digerido más de dos años de cursos teóricos y laboratorios, el departamento le asignó un asesor. Cuando se presentó en el cubículo del asesor para hablar sobre su proyecto de tesis, éste lo miró y sin mediar palabra le gritó: “¡Mientras yo esté en este departamento, tú nunca te titularás!” “Era un WASP, me dijo el profesor, pero no se salió con la suya, pero sí hizo renunciar a otro paisano”.

Después de la defensa de la tesis

– “¿Puedo hacerte una pregunta personal más?”, interrogó el Prof. Green, miembro del sínodo, a Karin.

–  “Por supuesto”, respondió Karin.

–  “¿Qué es lo que más te gustó de tu doctorado?”

–  “Escribir mi tesis”, le digo. Había dedicado mucho tiempo a la escritura, especialmente a la introducción de sesenta páginas; a una revisión de la literatura que terminaba donde yo esperaba contribuir al mundo científico. Me encantó excavar en la literatura, encontrar hechos interesantes que podría agregar para hacer que mi texto fuera más atractivo. Había pasado muchas horas largas y felices en mi escritorio en la sala de estar, leyendo y escribiendo cosas bastante extrañas.

– “Sospeché que te gustaba eso (escribir) –dijo el Prof. Green–. Está muy bien escrito. Déjame ser honesto contigo: los resultados de tu investigación están bien, pero no son asombrosos”.

La academia, según Bodewits

En el prefacio y en el prólogo del libro –tiene ambas cosas–, Bodewits confiesa su experiencia en el ambiente académico doctoral que vivió:

“Vi a los monstruos debajo del menisco de la naturaleza humana emerger en un mundo supuestamente tranquilo; de egos del tamaño de África completamente frustrados, donde la competencia es patológica, la furia volcánica se violenta y los dictadores de la olla de estaño están borrachos de, ¡oh!, tan insignificante poder. Es un mundo donde la gloria es el objetivo y la desesperación es el orden del día; un mundo donde los adultos jóvenes se ven obligados a asumir roles que hacen que El señor de las moscas se parezca a Enid Blyton” (escritora de cuentos infantiles)”.

“Creía en la bondad de las personas, creía en la bondad de la torre de marfil y veía a los profesores como modelos intelectuales…”

“Qué curso correrá ahora mi vida, no sé. Solo sé que será una vida fuera del laboratorio, lejos de la universidad, lejos del camino académico y, crucialmente, muy lejos de mi supervisor de doctorado”.

“Fue una educación (el doctorado). Y me enseñó a desconfiar de la educación”.

Colofón

Los avances científicos y los sueños de fama parecen estar muy lejos, en el Planeta Ridiculous. Karin Bodewit

* Mi padre, que se graduó en 1945 en la Universidad de Nuevo León (hoy Universidad Autónoma de Nuevo León UANL) en Monterrey, en varias ocasiones hizo referencia a los “tesistas” de su época.

Mayor información sobre la vida del tesista en:

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Para la elaboración del “Método de 100 horas” analicé más de 4500 tesis doctorales y de maestría, la gran mayoría proveniente de las universidades de mayor reputación en los Estados Unidos. Destaco en la obra las tesis que proporcionan los ejemplos de mayor utilidad al estudiante que va a escribir o está escribiendo su tesis de posgrado (maestría o doctorado). La preparación del libro se respalda con más de 25 años de enseñanza de escritura de tesis y escritura científica en distintas universidades. Lo puedes adquirir a través de Amazon.com en cualquier país en que te encuentres.

Victoriano Garza-Almanza

64º día de cuarentena COVID-19

Cd. Juárez, Chihuahua | México

Frontera MEX-US

Jueves 21 de mayo del 2020

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