La cultura de la publicación científica



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El papel de un líder creativo no es tener todas las ideas, sino crear una cultura donde todos puedan tener ideas y sentir que son valorados.

Ken Robinson

La publicación de artículos científicos y académicos ha aumentado de forma acelerada en México en lo que va del presente siglo XXI. Esto se debe a la existencia del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), donde, para ingresar y mantenerse vigentes, los investigadores deben escribir y publicar los resultados de sus estudios en medios de comunicación científica especializados.

En 1984 –año en que inicio el SNI– se registraron 1,396 investigadores; en el año 2000 se inventariaron 7,466; y, al año 2018 –34 años después–, el número superó a los 28,000 investigadores en nómina. Es decir, el grueso del crecimiento de la población de investigadores ocurrió durante los pasados 18 años.

Este aumento de investigadores coincide con el cambio en las políticas federales de educación superior (PROMEP en 1996, hoy PRODEP –Programa para el Desarrollo Profesional Docente–), a través de las cuales comenzó a impulsarse la formación posgraduada de los profesores universitarios –dándole preferencia al doctorado–, lo que trajo consigo el incremento en el número de investigaciones y una alta presión para escribir y publicar los hallazgos.

La mayoría de estos investigadores están insertos en universidades y centros de investigación, y unos pocos en empresas privadas. Esta ‘amplificación’ de la población de investigadores registrados, que no incluye a muchos otros que investigan pero que no están en el SNI, demuestra que ya existe una propensión hacia la publicación científica y académica en el país. Pero, ¿esto significa que ya existe una ‘cultura de la publicación científica’ en México?

Para empezar, ¿qué se entiende por cultura de la publicación científica? No he encontrado una definición –al menos no en español– que explique en qué consiste ese concepto. Los investigadores holandeses Tijdink, Schipper, Bouter, Maclaine Pont, de Jonge, y Smulders (2016), realizaron un amplio estudio sobre “cómo perciben los científicos la cultura de la publicación” en el ámbito científico, donde, después de previos chequeos exploratorios, llegaron al punto de priorizar unos aspectos sobre otros de lo que consideraron que era la “cultura de la publicación”.

Así, el equipo investigador se enfocó en ocho temas relacionados con su visión de la cultura de la publicación, que fueron:

1.      Financiamiento de la investigación

2.      Autoría y secuencia de autores

3.      Calidad vs cantidad

4.      Presión para publicar

5.      Integridad científica

6.      Sesgo de la publicación

7.      Factor de impacto

8.      Competencia, prestigio, auto-satisfacción y vanidad

También habrá que ver que Tijdink y colaboradores están hablando de la cultura de la publicación prevalente en la sociedad científica biomédica holandesa, cuyo contexto científico social es muy maduro y totalmente diferente al nuestro.

Para ellos, el cada vez mayor número de artículos publicados, la competitividad por los fondos disponibles para investigación, la priorización de áreas o tópicos de investigación, la productividad, la citación y la cantidad creciente de tesis doctorales, “son fenómenos que se pueden describir como la cultura de publicación”. Pero esta no es una definición per se; ellos hablan de esa idea pero no la clarifican, lo que hubiera sido un interesante punto de partida para su elaborado estudio.

Entre los miles de profesores e investigadores que tienen la costumbre de escribir y publicar en México y quizá también en buena parte de Latinoamérica, según he notado, permeó en ellos la cultura de la publicación como un reflejo del medio donde se desenvolvían; aprendieron viendo a otros y acertaron en la escritura y publicación de sus trabajos por ensayo-error; a veces, por ejemplo, ni siquiera vinculando el asunto del financiamiento de sus investigaciones con el hecho de publicar, como afirman Tijdink et al.

Esto del financiamiento de la investigación, pienso yo, pertenece más bien a los procesos iniciales de la proyección del estudio y a compromisos o promesas (con quien financia el proyecto) de difundir los datos resultantes. Es decir, entre los profesores e investigadores mexicanos y latinoamericanos, cultura de la publicación es una cultura forjada en base a la evolución del entendimiento de lo que es escribir para publicar en una revista especializada, y sobre cómo proceder a hacerlo. Cada cual aprende y entiende a su modo “los misterios de la publicación científica”. Esto se debe a que no existe una cultura formal sobre el asunto en las universidades.

Cuando algunos de esos profesores que ya han publicado y que llegan a algún taller de escritura científica para incorporar nuevas habilidades o mejorar las que se poseen, como a mí me ha tocado recibir en talleres, tienen ya una impronta, es decir una forma muy propia de hacer las cosas y son de difícil –si no es que imposible– reeducación. La realidad es que muchos profesores de hoy día investigan mucho, sabiendo poco o apenas lo necesario –para sobrevivir en el ambiente científico– sobre algunos de los 8 puntos arriba mencionados.

Por la experiencia de más de 25 años que tengo en este asunto, desde haber fundado y dirigido un boletín impreso, un newsletter, y creado y editado dos revistas electrónicas académicas (una que lleva ya 15 años), así como haber sido miembro del comité editorial y/o revisor de al menos cuatro journals (en español y en inglés), y lidiado con cientos de autores, quienes por su conducta de aproximación al editor, la calidad de sus trabajos enviados a revisión, y su pertinaz insistencia sobre si se publicaría y cuando se publicaría eso que enviaron –todo lo cual deja ver falta de experiencia acerca del arte de escribir para publicar en la academia y en la ciencia–, defino el concepto cultura de la publicación académica y científica  como:

El conjunto de conocimientos e ideas, veteranía, habilidades y oficio de un científico y/o académico, para:

 

1.      manejar, organizar y analizar los datos generados por su investigación

2.      escribir el reporte de investigación con calidad

3.      buscar, encontrar, examinar y seleccionar los journals de su interés

4.      comprender las políticas y contextos de los journals

5.      conceder la autoría que legítimamente corresponde a cada uno de los colaboradores

6.      conocer y asimilar las guías del autor

7.      saber aplicar esas guías a sus artículos y/o futuros trabajos

8.      conocer y entender el proceso de evaluación de pares

9.      tener paciencia con los tiempos de revisión de los trabajos

10.  buscar el factor de impacto

11.  asumir la responsabilidad intelectual del escrito

12.  reconocer trabajos previos conectados al propio

13.  acreditar a las instituciones que cobijaron  y/o auspiciaron el estudio

14.  prever y utilizar la catalogación bibliográfica de sus trabajos

15.  tener en cuenta a los lectores ideales y/o potenciales de los trabajos

16.  no ser deshonesto en el uso y manejo de los resultados

17.  no plagiar las ideas y/o trabajos de otros

18.  asimilar el rechazo y retroalimentarse con las indicaciones de los pares revisores

19.  divulgar y compartir por medios sociales el trabajo una vez publicado

20.  auto reconocerse como investigador-autor

21.  transmitir a sus estudiantes y colaboradores aprendices este saber;  y, entre otras cosas,

22.  saber aproximarse protocolaria, educadamente y con propiedad al editor, y, al final,

23.  conseguir que sus escritos sean publicados.

Uno de los aspectos clave que Yore encontró en su estudio sobre “científicos como escritores” (2002), y que explica en parte por qué los investigadores de ciencias e ingenierías no desarrollan ni arraigan trans-generacionalmente una cultura de la publicación, que vaya más allá de la práctica de redactar un reporte de vez en cuando y buscar publicarlo en un journal especializado, es que los científicos básicamente escriben para informar, a diferencia de los escritores de literatura o de filosofía, para quienes el acto de escribir es un proceso de construcción de conocimiento.

¿Hay seminarios, cursos o talleres sobre cultura de la publicación académica y/o científica en alguna universidad o colegio? Al parecer no; de hecho, Tijdink y colaboradores afirman que este tema es un campo inexplorado (y así parece), y que, a excepción de la investigación realizada por ellos, no ha sido abordado sistemáticamente.

En el curso-taller Publica o Perece sobre escritura y publicación del artículo científico, hemos incorporado desde hace más de 10 años varios de los aspectos arriba mencionados.

 

Referencias:

Tijdink JK, Schipper K, Bouter LM, et al. 2016.  How do scientists perceive the current publication culture? A qualitative focus group interview study among Dutch biomedical researchers. BMJ Open 2016;6:e008681. doi:10.1136/bmjopen-2015- 008681. https://bmjopen.bmj.com/content/6/2/e008681

 Yore LD, Hand BM, V Prain. 2002. Scientists as writers. Science Education. https://doi.org/10.1002/sce.10042

 

Victoriano Garza Almanza

Frontera MEXUS

Sábado 23 de febrero de 2019

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